martes, 3 de febrero de 2009

Ultramar [o Y dale con los alumnos]

Este año, entre mis alumnos, hay una chica brasileña y una colombiana. Viajar no me disloca; pero para compensar, me apasiona este toque cosmopolita en mi destartalado instituto de Puerto Real. Escucho acentos deliciosos, que es lo mejor que me traería de ultramar, sin el jet-lag y sin los alarmantes controles de seguridad. Tiene su exotismo que una alumna te diga con dejos amazónicos que lleva toda la mañana “procurándote” [por buscarte], aunque sea para protestar por una nota. Aclararé enseguida, para evitar malentendidos, que estuve prácticamente igual de contento hace dos cursos, cuando en clase tenía a un israelí y a otro brasileño.

Pero no vine a hablar de mí, sino de nuestro idioma. Hace unos días, una alumna que nació y vive a quince kilómetros de mi casa me hizo una pregunta en un andaluz tan cerrado que yo no lograba entenderla. Fue su compañera colombiana la que me la tradujo a un castellano cristalino. Con perdón de todo nuestro muestrario de nacionalistas, tuve un acceso de orgullo, y para colmo, me acabé recitando los versos de Dámaso Alonso: “Hermanos, los que estáis en lejanía/ tras las aguas inmensas, los cercanos/ de mi España natal, todos hermanos/ porque habláis esta lengua que es la mía:// yo digo “amor”, yo digo “madre mía”/ y atravesando mares, sierras, llanos/ —oh gozo—, con sonidos castellanos/ os llega un dulce efluvio de poesía”.

3 comentarios:

Suso Ares Fondevila dijo...

En Salamanca, yo tuve un compañero gaditano al que, salvo orden imperiosa mía de que me hablara des-pa-cio, no le entendía absolutamente nada: como si me hablara en chino.

María dijo...

Hola Enrique! Estoy totalmente de acuerdo contigo, da gusto oir ese castellano tan puro ; a mi me ha pasado alguna vez, oyendo un buen castellano a un chico mexicano, que me avergonzé de utilizar de manera rápida y mal este idioma que chapurreamos aquí en la península. Así que desde entonces me marqué dos propósitos: 1) pronunciar mejor ; 2) Utilizar palabras lo más exactas posibles a lo que quiero expresar.Cuesta un poco...y me hice adicta al diccionario del español, pero creo que voy mejorando! Espero no avergonzarme más...¡Un saludo! Y que disfrutes los libros!

Alejandro Martín Navarro dijo...

¡¡Pues yo rompo una lanza por el español ibérico, que es recio y viril como un Tercio Viejo!! Ahora en serio: a mí la verdad es que ciertos acentos sudamericanos me ha acabado por resultar empalagosos (supongo que la culpa la tiene mi madre, que veía telenovelas a la hora de la siesta...). Además, no todo son las chicas brasileiras y colombianas de Enrique. Basta ver alguna peli tipo "Amores perros" o escuchar al fontanero ecuatoriano para relativizar un poco la dulzura del castellano de ultramar...