domingo, 19 de abril de 2009

Ser hombre y ser poeta

A Franco Loi me lo recomendó d'Ors hace dos años. Compré por internet un libro suyo, pero estaba en dialecto milanés, con versiones del autor al italiano, y no entendí ni papa. Ahora Pre-Textos publica una traducción realizada por Esther Morillas, que es una poeta en prosa a la que tengo en mucha consideración. Se titula perfectamente Ser hombre y ser poeta.

Como me he encontrado a varios visitantes que hacen caso de mis comentarios críticos y hasta se compran los libros que menciono, seré extremadamente sincero, a pesar de lo incómodo que resulta. El libro tiene muchos versos memorables y cinco poemas extraordinarios, cinco, pero qué poemas. Además del que copio de la pág. 212, pueden encontrarse los otros en las páginas 127, 151, 173 y 187. A mí cinco poemas me compensan un libro, pero ya eso depende de cada uno.

Y ahora, mi poema preferido:
¡Cómo me gusta el mundo! ¡el aire, su respiro!
¡árboles, hierba, sol, casas, hermosas calles,
la luna que se aparta, la hiedra entre las casas,
me gusta lo salado del mar, los disparates,
las copas entre amigos, los abetos con viento,
y todo lo de Dios, también las pequeñeces,
los tranvías que pasan, los cristales que brillan,
los hombros que de prisa van con los ojos bajos,
la mujer que te altera lo que sientes:
está allí, el mundo, es como si esperase
que tú lo mires, que le prestes atención,
que está siempre pero olvidarlo es fácil,
distraerse pensando, adormecerse…
Pero cuando aparece la sombra de la noche,
¡cómo te llama el mundo! cómo ampliado
ese cielo te cubre con su auténtica
belleza sin fingir al pensar en sí mismo,
y pleno entonces cambias de semblante.

8 comentarios:

Alejandro Martín Navarro dijo...

Buenísimo, Enrique. Gracias

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Bello poema Enrique, muy descriptivo, me ha recordado tanto a...

Te haré caso.

Por cierto, para mí, un solo poema justifica un libro y en ocasiones un solo verso.

¡Es tan difícil encontrar un buen verso!

Jesús Beades dijo...

¡Joder, cómo suena a Carmelo Guillén Acosta!

Gracias.

E. G-Máiquez dijo...

¡Qué bien visto, Beades! ¿Y a ti, Javier, a quién te recuerda? Ah, Alejandro, muchísimas gracias por tu gusto, que reafirmó el mío ayer.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Lo de Carmelo, está bien, creo que este poema es mejor que los de Carmelo.

A mí me recordó, tras su lectura, a Pedro Salinas.

Pero bueno, sobre gustos querido Enrique no hay nada escrito.

Lo cierto es me ha gustado, y mucho.

Gracias por tu "enseñanza".

Un abrazo.

A Día De Hoy dijo...

No conocía al poeta, el poema me ha parecido magnífico. En cuanto al precio, estoy seguro de que basta una oración simple, no una palabra - aunque suene mejor - pero basta la mínima unidad de sentido pleno. Entiendo que para el poeta esto es ya la palabra, pero no soy poeta. Me asombra la cantidad de resonancias que encuentran Uds. y envidio semejante erudición. Por mi parte - y es mucho - me recuerda al mundo y, muy especialmente, algunos chiscones, recovecos, esquinas y rincones del mundo.
Gracias.

Jesús Aparicio González dijo...

¡Qué excelente poema! Gracias Enrique por compartirlo.
Ahora un asunto personal en el que perdona que emplee este blog, pero desconozco tu dirección. Hace tiempo que quería enviarte mi último libro publicado en Ediciones Vitruvio LAS CUARTILLAS DE UN NÁUFRAGO. Pero no sé donde enviártelo.
Puedes conocer más información del libro y mi poesía en mi blog. Y si te interesa me escribes a jesapagon@telefonica.net y te lo mando. Me habla muy bien de ti Antonio Praena.
Un abrazo

E. G-Máiquez dijo...

Hombre, Javier, Carmelo es un poeta como la copa de un pino. Como casi todos, da su mejor perfil antologado, no tanto porque tenga bajones sino porque se repite a menudo. Pero, ojo, le sale una buena antología, en todos los sentidos: extensa y extraordinaria.