martes, 17 de diciembre de 2013

Adonáis


He dudado mucho (durante cinco minutos) si contestar a Javier Sánchez Menéndez. No me lo tomo por lo personal (ni en lo ético ni en lo estético ni en lo emético ni en lo hermético ni en lo dietético ni en lo hipotético ni en lo frenético) como sé que tampoco hará él, hombre de un agudísimo sentido del humor. De JSM yo tengo cosas buenas que decir en lo personal y en lo profesional. Sacó De ida y vuelta y, sobre todo, ha sacado libros muy buenos en Siltolá, y eso cualquier lector insaciable tiene que reconocérselo y yo se lo he ido reconociendo todo lo que he podido y seguiré haciéndolo (tengo pendientes reseñar La misma monotonía de Juan Peña y pronto hablaré de Mitos y flautas de SFS). 


Su escrito, a mi entender, hay que entendérselo como una cosa paralepipoética propia de una personalidad aproximadamente pongamos pessoaesca. Pero como la calunnia è un venticello...



Como è un venticello, aclararé lo que pueda. 

Es raro que JSM, tan mesurado en otros campos, supongo, califique un libro mediocre cuando no lo ha leído.

¿Considera mediocres los títulos que hay en el catálogo de los últimos años? Hay de todo, como es lógico, pero destaca lo contrario: la presencia de poemarios estimables y de nombres incuestionables: aquí. Javier Vela, Gómez-Coronado, Raquel Lanseros, Antonio Praena, Alfredo Félix-Díaz... No parece un premio, ni un catálogo ni una nómina para despreciar de un plumazo. 

Es más raro, aunque se le entiende más, lo del latín y las mortificaciones. Dejando aparte que de los cinco miembros del jurado, a tres de ellos todo esto de el-latín-y-la-mortificación le sonará a chino y ciñéndome a los tres años en que he sido jurado del Adonáis, no diría que los premiados en 2011, Jesús Bernal, tan estoico, ni Vanesa Pérez-Sauquillo, tan epicúrea, ni Ruth Miguel Franco, tan elegíaca, sean de mucho latín (en el ladino sentido sanchezmenendesco, se entiende) ni de mucha mortificación (en sentido estricto); tampoco me lo parecen en absoluto la ganadora del 2012, Martha Asunción Alonso, ni el gran Ángel Talián. De Rocío Arana, la otra accésit en el 2012 hablaremos después. "Ah, pero el premiado de este año, Joaquín Moreno…", dirá JSM. La relación de Joaquín Moreno con ese latín y esa mortificación es exactamente la misma, qué casualidad, que la de JSM, ambas pretéritas. Me parece muy desafortunado ponerse hablar de cosas tan íntimas y que no tienen nada que ver con la poesía de cada uno de ellos, así que yo lo dejo. El que entendiese las sotiles ("sotiles" no por arcaizar, sino por no llamarlas sutiles) indirectas de JSM, lo entenderá todo, y quien no, no se pierde nada.

El asunto de fondo es que, entre los nueve publicados de estos tres años, hay dos que pertenecen al llamado grupo Númenor, que nació en un colegio del Opus Dei: una accésit, Rocío Arana, y el último premiado, Joaquín Moreno Pedrosa. De los años anteriores, hubo otros tres accésits, Pablo Moreno, Jesús Beades y María Eugenia Reyes, que también pertenecen o pertenecieron al grupo Númenor, aunque la proporción con respecto a los otros premiados es todavía menor porque el lapso es mayor y ninguno se alzó con el premio. Eso no debería escandalizar a nadie con sentido común por dos razones: primero, Númenor es uno de los grupos poéticos más activos y numerosos de la poesía joven —como lo es la nueva hornada de poetas asturianos, que ha de llevarse muchos premios próximamente, espero y deseo—; y, segundo, los de Númenor frisan los 35 años, que es el tope para presentarse al premio, haciéndolo, por tanto, en condiciones de máxima madurez.

Son amigos míos, eso es bien cierto. También lo son otros de los presentados. Lo cual sólo contribuye a mi sufrimiento porque yo, que les deseo a todos lo mejor, no voto por amistades (ni voto solo). Por fortuna, al publicar cada año tres libros, el curioso lector puede contrastar nuestro fallo y ver si resultó fallido o acertado. En ese sentido, animo al hidalgo JSM, el bueno, al caballero de los leones, a que, siendo un editor arrojado, intrépido, aventurero y agitado, no se nos quede a medias y publique en su Isla de Siltolá los libros de ésos que piensa que hemos discriminado, para que la comparación pueda ser exhaustiva y el bochorno caiga sobre nuestras cabezas, si tuviera o tuviese que caer. Me encantaría. Con algunos libros hemos sufrido en el jurado al ver que no los podríamos sacar. Yo desde aquí prometo reseñas elogiosas y merecidísimas para dos de los finalistas de este año que no serán publicados por Adonáis porque no cupieron, ay, ay. Leerlos ha sido un privilegio. Y también aplaudiré la publicación de un libro que no pasó el corte, y que yo, que no hago la preselección, tuve la oportunidad de leer de rebote, y que me pareció excelente, y estoy deseando releer ya édito.

Si tuviese que desanimar a alguien a presentarse al Adonáis, lo haría por el palo contrario a JSM: la competencia es altísima.


20 comentarios:

Angel Ruiz dijo...

Ya se ve que cuando hablas bien de obras que publica él eres objetivo, pero no cuando juzgas otras. Con eso que escribe te insulta, afirmando que lo que te mueve son intereses grupales, pero también se insulta a sí mismo, porque hace suponer que tus críticas a sus libros son también interesadas y en esos casos no dijo ni pío.

Por lo demás, no sé por qué lo enlazas: vas a conseguir que alguien lea por primera vez una entrada de su blog hasta el final.

Enrique García-Máiquez dijo...

Lo enlazo porque mejor se descalifica solo.

Jesús Beades dijo...

Me quedo patidifuso.

José Luis García Martín dijo...

Por cierto, amigo Enrique, habría que mejorar un poco esa preselección del Adonais. Parece que practican los malos modos del Planeta. Dejar fuera libros que podrian hacer sombra a los que gustan a los preseleccionadores. ¿Y por qué lo digo? Pues porque no preseleccionaron un libro excelente, como tú mismo podrás comprobar en el último "Clarín", en el que colaboras, donde se seleccionan algunos poemas de ese libro de Rodrigo Olay.

Enrique García-Máiquez dijo...

Gracias, José Luis. Un motivo de sobra para comprar el último Clarín: esos poemas de Rodrigo Olay, sí que sí.

Anónimo dijo...

El libro de Olay puede parecerne a mí y a García Martím un libro muy bueno (yo no conozco este libro de Olay, pero sí el anterior, un buen libro de poemas), pero eso no descalifica a los preseleccionadores, que tendrán sus gustos, no los míos ni los de García Martín. Deducir de esa disparidad de gustos intenciones perversas, es, en el peor de los casos, una discutible deducción.

R. Olay dijo...

Lamento que mi nombre haya aparecido aquí de esta manera. Teniendo amigos como García Martín puede uno preguntarse a veces que para qué quiere enemigos. Únicamente me gustaría decir que en lo referido a la preselección del premio no puedo estar más de acuerdo con este último y sensato anónimo.
Saludos,
Rodrigo Olay

Anónimo dijo...

Viva la libertad de expresión.

Anónimo dijo...

Me parece bien lo que dice Rodrigo Olay, cuya condición de excelente poeta soy el primero en reconocer. Pero le creo injusto con García Martín. Ojalá todos mis "enemigos" fueran como él.

Anónimo dijo...

García Martín es muy consciente de su valía cómo crítico de poesía, y en lo que dice aquí transparenta a las claras la desfachatez con que expone esa valía: "¿Cómo siendo yo el dios de los críticos de poesía, alguien puede desestimar lo que yo estimo?"

Y en cuanto a Javier Sánchez, no creo, como bien hace por otro lado Enrique, que haya que tomarse muy en serio su filípica. Su amor a la poesía, peor o mejor reconducido (ahí no entro) le lleva, cómo es lógico, a despotricar de los certámenes poéticos, regidos inevitable y comprensiblemente, por afinidades de todo tipo, entre ellas, no lo olvidemos, por la afinidad del amor a la poesía.

Ay, el bueno y atrabiliario de Javier, la que ha liado (la que ha liado en este microcosmos habitado por cuatro gatos).

José Luis García Martín dijo...

Vayamos por parte. Y dejemos de lado al bueno de Rodrigo Olay que, por querer quedar bien con todos acaba quedando mal con todo el mundo. Será discutible que el libro de Rodrigo Olay mereciera o no ganar el Adonais. No me parece dudoso que mereciera estar entre los que pasaron al jurado. Tengo demasiada experiencia en concursos como para ignorar lo difícil que resulta encontrar diez libros inéditos dignos que merezcan pasar a la final (y no solo cuando se trata de poetas jóvenes). Me gustaría saber el nombre de los preseleccionadores. Y sugerir a la organización del premio que afine un poco más. Y no he cometido ninguna indiscreción al manifestar mi extrañeza porque no se preseleccionara un libro que he leído y que el propio autor me dijo que esperara a publicar sus poemas en Clarín porque estaba presentado al premio. Creo que hay alguna confusión en lo que es ser un buen o un mal amigo, un buen o un mal profesional. Se confunde a menudo la bondad con la cortesía y la falta de rigor profesional.

JLGM

Enrique García-Máiquez dijo...

Tampoco considero que hayas cometido ninguna indiscreción, amigo José Luis.

el rebelde dijo...

Vamos a ver José Luis, usted no conoce los finalistas del Adonáis, así que por mucho que tenga la certeza de que el libro de Olay es bueno, no sabe si es mejor o peor que los otros finalistas. Eso primero. Segundo, no puede ser que siempre los libros buenos los escriban sólo los amigos. Los amigos escriben libros buenos pero a veces no pasan un corte, qué le vamos a hacer, será por premios, será que alguna vez un premio ha tenido algo que ver con la justicia. Usted presupone que su juicio es mejor que el de los demás, o por lo menos mejor que el del preseleccionador del premio, pero por un lado, anda que no habrá leído poemarios el, los, preseleccionadores (usted que actúa de jurado en los premios sólo lee los filtrados con la mitad, por ponerme ecuánime, del trabajo hecho) y por otro lado, es un juicio, un mísero juicio con todo el fracaso que es elegir, usted también fracasa cuando premia un poemario que para usted es el mejor pero que para muchos otros probablemente no lo sea, y fracasa doblemente si se empeña en dárselo a alguien por encima del juicio de otros, sólo porque entre lo bueno me quedo con lo conocido.
Que sea usted experto en literatura por supuesto le da la capacidad de juzgar qué merece la pena mejor que otros, pero no es el único juez, acepte que otros pueden considerar otros poetas, otros poemas, otra poesía, mejores, que aquí (y ya que estamos en un blog que trata la fe con bastante asiduidad lo sacaremos a pasear) Rey de reyes, sólo hay uno (aunque mi falta de fe diría que ninguno).

José Luis García Martín dijo...

Amigo rebelde, yo no defiendo los libros de mis amigos. Solo los buenos libros. Rodrigo Olay ni siquiera me considera un buen amigo. Los participantes del Adonais se presentan a cara descubierta. Sabemos quiénes son. Y qué maravilla si esos diez libros fueran todos superiores al de Rodrigo Olay. La generación joven sería entonces una nueva generación del 27. Por otra parte, en pocos premios se ha premiado al libro que yo votaba. Estoy acostumbrado a quedar en minoría. El jurado no se pone casi nunca de acuerdo en cuál es el mejor libro, pero sí en la calidad de dos o tres libros. En fin que hay cosas que no son cuestión de fe, sino de meras posibilidades. Por supuesto que puedó estar equivocado. Y me gustaría. Qué maravilla si en este momento hubiera diez libros de poetas jóvenes rodando por concursos mejores que el de Rodrigo Olay.
En cualquier caso, no estaría mal saber quiénes efectuaron la selección. Si entre ellos, están Enrique García-Máiquez, Julio Martinez Mesanza, Eloy Sánchez-Rosillo, por supuesto que reconsideraría mi presunción de que algo huele a podrido en Dinamarca.

JLGM

rojo dijo...

No sé, a mí siempre me ha parecido que el Adonáis (por cierto, ¿con tilde o sin ella?) aseguraba cierta calidad literaria ya en las finales, no sólo en los ganadores, incluso en estos tiempos que corren que anda algo denostado. No en vano se ven libros finalistas que no ganaron ganando luego otros premios.
Por supuesto se les ha podido pasar el libro de Olay (pobrecito, le vamos a desgastar el apellido) pero de ahí a que se ponga en duda la calidad del resto.
Precisamente porque la calidad de los finalistas es alta se premian grandes poemarios como el de Martha Asunción Alonso o el de Teresa Soto.
Protestar porque un poemario que uno conocía no ha pasado a la final me suena a lo de Montero en Burgos (por favor, no entienda que le comparo, entiendo que usted no ha afirmado nada parecido, sólo es un sonar).
Si el libro de Olay es tan bueno, que seguro que lo es si usted lo dice, lo premiarán en algún momento.
Que se queden poemarios en el camino a la final (injustamente) es normal y casi hasta bueno que pase, porque los preseleccionadores tienen gustos, como usted, y a veces, por muy ecuánimes que quieran ser, fallan, como usted. A mí me da cosa esa aspiración siempre a Un Mundo Feliz, sobre todo si es sólo uno el que sabe tan bien cómo debe ser ese Mundo.

rojo dijo...

rojo es el rebelde. Perdón por el lío.

Enrique García-Máiquez dijo...

Yo no fui prejurado, así que no puedo hacerme, como me gusta, responsable.

Anónimo dijo...

No creo que, por otro lado, haya que rasgarse las vestiduras por algo evidente: si yo soy preseleccionador y veo que hay quince buenos libros pero solo puedo preseleccionar diez, preseleccionaré a los que me despierten más...simpatías. Ante la imposibilidad de objetivar la valoración de un libro de poemas, es evidente que, en casi todos los certámenes, se barajen todo tipo de subjetivismos.
Por otro lado no veo mal que el Adonáis busque promocionar un tipo de poesía que, aun siendo de alta calidad, pudiera ver dificultada su publicación por no atenerse a cierta ortodoxia.
Hablo sin pleno conocimiento, pero me da que esa ortodoxia...laicista, ya copa demasiados certámenes, dejemos que el Adonais dé alas a una poesía que, siendo de alta calidad, no se atiene al...pensamiento dominante y podría encontarse con muchas puertas cerradas.

Yo creo, por otro lado, que las palabras de Olay aquí fueron muy elegantes, y de un finísimo humor eso de de amigo-enemigo, que, siendo JLGM un tipo inteligente, le habrá despertado una sonrisa.

Conclusión: creo que el Adonáis juega limpio (todo lo limpio que puede jugar un certamen), y que no debe buscar robotizar a sus preseleccionadores, o joseluisgarciamartinizarlos.

El sufrido Olay ya tiene bastante premio con ser apadrinado por el gran JLGM. Seguro que con todo esto ya le saldrán un montón de novias. Así que todos contentos y a casita.

José Luis García Martín dijo...

Cerrada la polémica, vamos a tratar de elevar la anécdota a categoria.
1.- Tan importante como el jurado de un premio es el prejurado. Conviene por eso escogerlo adecuadamente, abonar convenientemente, dentro de lo posible, su trabajo y publicitar sus nombres.
2.- Cuando se habla de las "corrupciones" o de las "manipulaciones" de los premios, tener en cuenta que estas pueden darse al margen de los jurados. Que un jurado puede premiar honestamente al mejor de los libros que le presentan y no al mejor de los presentados al concurso (y que no siempre se le ocultan por error).
Estas afirmaciones son generales, valen para cualquier premio, y no se refieren explicitamente al premio que ha ocasionado la polémica.
Que, por cierto, no tenía por motivo defender a un libro concreto (que se defiende solo: basta leerlo), sino el prestigio de un premio. Y seguro que mi admirado Enrique García-Máiquez ha tomado buena nota de la importancia de la preselección y de que a veces conviene que los jurados "apechuguen" con todos los libros presentados y les echen al menos un vistazo.Para que no les hagan hacer, involuntariamente, el ridículo (no digo que sea este el caso).

JLGM

Enrique García-Máiquez dijo...

Ay, perdonadme por no aprobar más comentarios, pero me da lástima volver a la anécdota ahora que nos hemos elevado a la categoría. Muchas gracias a todos, de verdad.