miércoles, 20 de agosto de 2014

Aristocracia de intemperie


He metido "aristocracia de intemperie" en el buscador de imágenes de Google y me ha salido este cuadro de Gaya: 


6 comentarios:

Javier Vicens dijo...

"El Duque de Norfolk y sus criados son de la misma naturaleza y eso justifica la democracia. Pero no son consubstanciales -si lo fueran no haría falta democracia- razón por la cual uno y otros pueden ser muy malcriados -o viceversa-. Brindo por la buena crianza y por la democracia. Primero por la buena crianza". (GKC, Duque de Cloudfolk)

Anónimo dijo...

Yo me temo que aquí, intencionadamente o no, se confundan dos cosas que son muy distintas, y no raramente opuestas. El Diccionario de la Academia trae, en las dos primeras acepciones de "nobleza", lo que copio: "Cualidad de noble.// Conjunto o cuerpo de los nobles de un Estado o de una región". La segunda remite también a "brazo de la nobleza", definido como "Estado o cuerpo de la nobleza, que representaban sus diputados en las Cortes".

Como se ve, la primera es una cualidad PERSONAL; la segunda, una condición puramente social. Y, por serlo, puede perfectamente ser poseída por alguien personalmente indigno (de hecho, no es nada infrecuente que así suceda). Y no conviene nada confundir los términos.

Yo, cuando me encuentro con alguien, no tengo ningún interés en saber los títulos que tiene, que son cosas accidentales y en absoluto anejas a la persona; el respeto que pueda concederle, aparte del mínimo que todos nos debemos, será únicamente aquél que sepa ganarse personalmente.

Y por eso es fácil que valore más a su criado, que bien puede, en la primera acepción, ser mucho más noble que él, y que además tendrá el mérito añadido de haber conquistado la "buena crianza" a que alude JV en circunstancias mucho más difíciles, puesto que indudablemente alguien nacido en una chabola se habrá criado en circunstancias infinitamente más duras y de más privación que alguien nacido en un palacio.

Repito, y termino: no confundamos las cosas.

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho. También el texto de GKC que aporta Javier Vicens.

Me encanta la reacción infantil. Me recuerda que hablando con una sobrina me dijo que tenía el pelo más liso que otras veces y le pregunté cuál le gustaba más y me contestó "me da igual, eres tú". Los niños no miran la superficie.

Me quedo con: "el hidalgo español puede permitirse el lujo de ser pobre: lo suyo es el carácter y el sacrificio".

Yo no encuentro confusión ninguna en el artículo. Pero probablemente no encuentro confusión de manera intencionada.

Anónimo dijo...

Bien que te tengan por un caballero. Pero no deja de ser extraño que cuando lo llaman a uno con este título, cosa hoy tan frecuente, sienta cierta desazón. Me pasa.
Jilguero

Anónimo dijo...

Inconfundible Anónimo,

No ha debido leer el artículo (no al menos los aforismos de NGG y MF) si viene tan preocupado de que confundamos a un noble con una persona noble.

Bien está que al conocer a alguien se interese no tanto en sus títulos nobiliarios (accidentales, nos advierte) como en el grado de penuria de sus orígenes (sustanciales, nos hace ver) pero reconózcame en esa "facilidad" con la que se predispone a admirar a los criados (nacidos en chabolas, nos ilustra) la otra cara de la misma moneda contra la que nos advierte.

BV

Anónimo dijo...

No admiro menos al noble Garcilaso que al plebeyo San Juan de la Cruz, en contra de lo que mi tocayo pide que le "reconozca"; pero, si eso le hace feliz, piense que sí se lo he "reconocido", y disfrute con ello. Mire, hasta la década de los 70 el centro mundial de lo que llamaban "vida social" estaba en París. Y era frecuente en la prensa de entonces, cuando se daba noticia de alguna de las celebraciones de alto copete, decir que "todo París" ("le Tout-Paris") había estado allí. Un "todo París" que el periodista Pierre Daninos calculó en unas 300 personas. Como verá por la expresión, la idea es que quien no pertenecía a dicha (supuesta) élite no existía. Cíteme usted una expresión parecida, excluyendo de la mera existencia a quien no fuese de los suyos, por parte de los "criados". No, mire: esos delirios de vanidad (y sus consecuencias, generalmente sólo cómicas, pero a veces incluso trágicas) no es entre los "criados" entre quienes los encontrará más fácilmente.