sábado, 27 de diciembre de 2014

El tiburón


Me preocupa mucho que el blogg sufra las consecuencias de mi artículo diario en el Diario. ¡Os debo tanto a  los lectores de Rayos y truenos! Pero todo lo que voy a contar aquí, en cuanto me pongo, veo que con algo de cocina valdría para otro artículo y me lo guardo por si acaso me quedo seco allá, donde mi compromiso es profesional. 

Quizá la solución me la haya dado mi hijo Enrique esta mañana mientras desayunábamos. Me contaba su visita de ayer al zoo de Madrid y lo que le había impresionado el tiburón del acuario. Con su mano izquierda, muy fuerte y varonil, pero de un niño de tres años, hacía el gesto majestuoso del tiburón nadando mientras sus palabras eran muy aproximativas y dudosas. Se podía ver la potencia de los aletazos y esa lentitud felina con la que nada el tiburón, silente y amenazadora. En la mano de Quique se veía y el aire de la cocina se convirtió en el agua azul y fría del acuario. 

Y esas imágenes, que lo exigen todo de vosotros, porque a ellas ya no alcanza la literatura, quizá sean el terreno sagrado de este blogg, donde el único compromiso es la amistad.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustaría plantearle una pregunta, Don Enrique. ¿Qué opina de la disolución del matrimonio con la muerte de uno de los cónyuges?

Gracias y ¡Felices Pascuas!

Enrique García-Máiquez dijo...

Me alegra mucho que me haga esa pregunta

Anónimo dijo...

Le agradezco la pronta respuesta y el enlace de su artículo, he disfrutado mucho leyéndolo.

Pero la cuestión es...¿Por qué la Iglesia admite la muerte como razón de disolución del Sacramentro del Matrimonio? ¿No le parece una chanza que en la Religión de la Vida Futura sea la muerte algo así como un impedimento mayor e insalvable?

La cuestión no es baladí, hoy he escuchado a una jovencita decir que si la Iglesia admite como circunstancial la indisolubilidad( y sí, aunque de las gordas, la muerte es eso, una circunstancia) del Matrimonio ya no quiere ser católica.

Un afectuoso saludo, Don Enrique.

Y gracias de nuevo.

Enrique García-Máiquez dijo...

Si está usted en la edad, tírele los tejos a esa chica. Hará una estupenda católica, además de esposa.

En realidad, la Iglesia reconoce la importancia de los cuerpos y tiene sus argumentos a favor, pero es precioso que nosotros pidamos más matrimonio, y no menos, como se hace siempre.

Gracias a usted.

Anónimo dijo...

Pues sintiéndolo mucho por ahora no he dado con una razón de peso que pueda convencer a esa joven testaruda y, lo que es peor aún, que me convenza a mí mismo.

Poner ese énfasis en los cuerpos es algo que me parece hermoso y verdadero, más que acorde a la razón natural, pero por otro lado el Magisterio de la Iglesia insiste muy mucho en la condición sobrenatural del Sacramente y en la unión espiritual de las almas y me cuesta entender que ese vínculo se disuelva con la muerte, y más aún con la muerte de sólo una de las partes.
Por otro lado, también se insiste en la idea de institución que se funda con el Matrimonio frente a la mera naturaleza contractual del acto en sí de casarse...¿Si una de las partes sigue viva no debería cargar sobre sí la responsabilidad de mantener en pie dicha institución?

En fin, siento ser tan insistente, Don Enrique, pero estoy seguro que me disculpará de mil amores si le digo que esa jovencita es la novia de un servidor.

(dejo el mensaje a medias por razones de fuerza mayor pero amenazo con voler)

Un afectuoso saludo.

Anónimo dijo...

Esta claro que el matrimonio es para la Iglesia una institución transitoria, para este mundo, para este siglo, como se decía antes. No para la eternidad. Por supuesto, indisoluble mientras los dos cónyuges vivan su existencia terrena. La muerte, que no es una mera circunstancia, no es un impedimento para nada. Simplemente es nacer a la Vida, donde no hay matrimonio porque Dios lo será todo en todos, llenando los corazones humano como ningún amor puede hacerlo.
De hecho eso ya es una realidad a la que estamos llamados en este mundo, por eso los curas no se casan (y no por la tontería esa de que así se pueden dedicar mejor a las cosas de Dios), como un signo escatológico que anticipa el estado al que todos estamos llamados. Y aun casados, la misma Escritura invita al casado a vivir como si no lo estuviera... O sea, que si: el matrimonio es una realidad relativa... Relativa a este mundo. No un absoluto. Y me parece muy bien y muy sabio que la Iglesia lo recuerde. Porque también las cosas santas, y el matrimonio lo es, pueden convertirse en absolutos e idolatrarse. La lo decía Lewis en los cuatro amores...

Anónimo dijo...

Mis dudas no son tanto con respecto a la disolución del Matrimonio de cara a la Vida futura, cosa que puedo asumir, como con respecto al hecho de que el matrimonio sea disuelto cuando todavía una de las partes está viva.

¿No es esa fidelidad inquebrantable e intemporal precisamente una hermosísima intuición del Amor de Dios?

El Magisterio de la Iglesia añade una condición sobrenatural al matrimonio mediante la cual los esposos quedan unidos espiritualmente en cuerpo y alma, además de nombrar al amor entre varón y mujer como la más perfecta de las amistades posibles aquí en la tierra ¿No es por tanto de recibo que se vea con buenos ojos la defensa de la indisolubilidad hasta la muerte de ambos cónyuges? o ¿El muerto al hoyo y el vivo al bollo?

Dar las gracias a mi homónimo Anónimo por su respuesta, la cual suscribo sin ningún problema.

Un saludo.