miércoles, 16 de noviembre de 2016

Leerse


Estoy, en mis ratos no-libres, levantando actas de las declaraciones sobre un posible caso de acoso. Lo bueno es que su gravedad se disipa poco a poco. Lo mejor es comprobar el efecto favorecedor de la literatura. Los alumnos, padres e incluso profesores declaran como pueden y yo voy tomando notas con cierto afán, lo confieso, de perfeccionamiento. Cuando leen sus declaraciones, se sorprenden, sonríen y aprueban. Se quedan muy satisfechos de lo bien que se han explicado. Firman con un plus de satisfacción. 

Tiene una dimensión metaliteraria y feliz.


2 comentarios:

Pablo75 dijo...

"... tomando notAs..."

Y perdona... pero ¡qué feo es ese "no-libres" (sobre todo no ya en un esritor, sino en un aforista y un poeta)!

Desde hace unos años, por todas partes, se encuentra uno ese "no" que yo (desde el extranjero) siento como un fracaso de la lengua española que no parece escandalizar a nadie: "la no ficción", el "no-sueño, el "no-presupuesto", un "no lugar", las "no vacaciones", "la no pandilla", los "no muertos" (expresiones todas ellas encontradas en la prensa).

En lugar de buscar sinónimos o crear palabras nuevas, la comodidad de volver a un lenguaje primitivo.

Decían los antiguos chinos que la degradación de la lengua es un signo inequívoco de la degradación de una sociedad. ¡ Qué razón tenían !

Enrique García-Máiquez dijo...

Gracias. Tienes razón en todo, aunque quizá no se te haya ocurrido que la fealdad de ese "no-libres" es un reflejo de la propia fealdad de esas horas de negocio (o no-ocio). En la paleta del escritor también caben los tonos oscuros.

Cambio el notAs.