Carmen sólo quiere que la acueste Ana, la
chica rusa que la cuida. Nos han dicho en el colegio que no hay manera de que
duerma la siesta y que vigilemos el procedimiento (sic) de dormirse, que algo
pasa. Decidí que la volvería a acostar yo, pero todos estos días, en cuanto se ha
echado a llorar, ha aparecido Ana en el cuarto diciendo que no puede soportarlo,
que le rompe el corazón (sic) y me ha echado. Hoy he decidido no dar mi brazo a
torcer. Ha empezado el llanto. Enseguida ha aparecido Ana. “No, gracias, Ana, vete
a descansar, que hoy la acuesto yo, cueste lo que cueste”, he dicho con la
mayor firmeza. Ni caso. “Cinco minutos”, ha pedido. Yo me he hecho fuerte en la butaquita del cuarto: de aquí no me muevo. Carmen ha intervenido: “Papá, a la cama”, la
puñetera, echándome. Pero yo, tozudo, me he quedado, por más ganas que tenía de
irme a la cama, por supuesto. Y entonces he asistido a la delicia. A oscuras,
Ana ha empezado a cantarle canciones en ruso, con una voz preciosa, y parecía
que nevaba fuera, y que dentro estábamos en una novela de Tolstoi. Luego le
recitaba poemas rusos o cuentecitos, aunque creo que rimaban. Quizá fueran
adivinanzas. Le hacía juegos. La sacaba de la cuna para mecerla en brazos. Le
acariciaba el pelo. Carmen no se dormía, pero estaba encantada, calladita, dejándose
mimar. Era todo muy poco pedagógico y el doctor Eduard Estivil, el del famoso
método, habría puesto el grito en el cielo. Esto ha de parecerle un disparate, y lo
es, porque cuando se vaya Ana, qué va a ser de nosotros. Pero bonito y
misterioso y exótico, resultaba, y yo desde la butaca lo he disfrutado mucho.
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martes, 14 de febrero de 2012
lunes, 5 de diciembre de 2011
Abstracciones
Carmen ha descubierto las artes plásticas, incluso
en versión mural. Esperando no interferir en el desarrollo de su creatividad, tratamos de orientarla hacia la pintura en papel, siempre más
higiénica. El otro día, mi mujer, mientras vigilaba de lejos sus evoluciones artísticas,
comentó: “Lo suyo es el arte abstracto, claramente. Podríamos vender las obras
por Internet”. No es porque sea mi santa, pero reconoceréis que es un
comentario genial. Véase: el arte abstracto se relaciona automáticamente con su
venta, no con su disfrute ni con su conservación (palabra reaccionaria donde
las haya). Y además por Internet, para que el cliente no nos vea la cara de
risa que da la cosa.
***
Lo del arte abstracto debe de pensarlo igual Ana, la chica rusa. Yo había guardado con mucha ilusión una ilustración a tres colores de Carmen que me iba a servir de felicitación navideña. Me las prometía muy felices. Ana, sin embargo, la ha tirado al primer bote. Ojalá la hubiese cogido para ponerlo a la venta en Internet, pero es demasiado honrada para eso. La carrera de artista de Carmen empieza con un pie inmejorable: el de la incomprensión.
***
Intelectualmente, también va preparándose. Después de distinguir lo que es de lo que no es, nada más importante para el juicio crítico que distinguir —entre lo que es— lo grande y lo pequeño.
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