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martes, 23 de febrero de 2016

Silencio



Estos días en que, por prescripción médica, estoy en un silencio absoluto están siendo, contra lo que pensé en su momento, de muy poca escritura, incluso en el blogg. En mis correos y whatsapp caigo en el emoticono continuamente, como si mi lenguaje gestual se impusiese también en el escrito. He pensado que ha habido grandes escritores ciegos, de Homero a Borges, y sordos, de Ronsard a Fernando Ortiz, pero, ¿mudos? Y lo curioso es que, puestos a ser escritores, ¿quién con más motivo que un mudo, no?

Voy descubriendo —palpando— los secretos vasos comunicadores que van del lenguaje cotidiano a la escritura, y me quedo pasmado, boquiabierto.

(Es verdad que del lenguaje coloquial a la escritura auténtica hay que pasar por un trecho de silencio, pero si falta el primero, se pierde un polo de la tensión.)



lunes, 25 de enero de 2016

En el momento exacto


La publicidad de este concierto, aunque sea en Logroño, no podía haberme llegado en un momento más oportuno:


domingo, 24 de enero de 2016

Hija


—¡Jopé, papá, ¿por qué todas las canciones son de amor?!

—Porque el amor mueve el Sol y las demás estrellas —contesto sin poder resistirme, a pesar de la prohibición absoluta de hablar.

Y no sé si lo entiende ni si la convence, pero calla. Y escucha la canción.



miércoles, 20 de enero de 2016

Boto de silencio


Me pregunta una amiga: “¿Cómo va tu voto de silencio?” “Boto de alegría”, le respondo. Hacía meses que no leía así.
*
A ver si me va a costar más dejar el café que dejar de hablar.
*
Para estar callado, mirar el fuego. Enciendo las dos chimeneas de casa y voy de una a otra por puro gusto de viajar. Son muy diferentes. La del salón tiene un fuego alegre, altivo, vivo. La del cuarto de estar es más torpe, a ras de suelo, sin alegría, con muchos humos. Es torpe. Se le desmoronan los troncos a cada rato.
Sin embargo, al final me instalo en ésa. El enternecedor encanto de la torpeza.
*
En la comida, Leonor no deja de hablarme y hacerme preguntas. Rompo mi voto y mi boto y me reboto. “Oye, que me han prescrito ‘reposo vocal absoluto’” Se le hace duro estar con “un bulto mudo” [sic] y a mí me asombra que tras 16 años hablándole sin parar hasta el destrozo de mis cuerdas vocales, todavía quiera oír qué le cuento.
*
Los niños se portan mejor. Me hablan ellos sin parar. Carmen trae del colegio un interés muy grande por los escorpiones. Están debajo de las piedras, me informa. Pero eso en el campo. En El Puerto debajo de las piedras lo que hay son cangrejos. Ea, más marinera ni Alberti. Y me río en silencio recordando el asombro de las primas de Leonor por el acentazo andaluz de la niña. ¡Si llegan a oírla hablar de cangrehos ebajo lah pieras!
*

Ahora que no hablo, me duele más la garganta. Será porque me la miro más.