lunes, 9 de marzo de 2009

Un tema generacional

Nos recordaba Jesús Beades que Miguel d'Ors detectó un tema generacional en nuestra afición a los cafés, y añadía con lucidez Beades que la fuente (o cafetera) podría ser la humeante poesía de Carmelo Guillén. Lo he recordado al leer los nuevos poemas de Jon Juaristi en el último número de la revista Renacimiento, donde brilla con luz propia uno asombrosamente parecido a éste del mismo d'Ors. Como al astuto Juaristi no se le escapa una, el parentesco evidente entre ambos poemas será buscado, como subrayando un tema generacional (inquietante):
...........RESTAURANTE CHINO

Por favor, no te vayas.
Espera a que acabemos la Familia Feliz.
Come un poco de Pato Lacado y de Chop Suey.
No me pongas, amor, en evidencia
ante la concurrencia.

Pero, si quieres, huye,
Déjame.
Daré cuenta yo solo de esta cena agridulce.

Cuando tú te hayas ido,
Me envolverán las sobras.

domingo, 8 de marzo de 2009

Si me equivoco, el error no es mío

Uno de mis lemas es de Borges: "Piensa que los otros son justos, y si no es así, el error no es tuyo"; pero nunca pensé que lo aplicaría a los políticos, donde en principio prefiero el refranero: "Piensa mal y acertarás". Sin embargo, en el artículo de hoy estoy borgiano, o, si prefiere, ingenuo. El que está mosca es Juaristi, que conoce mejor el paño (y me deja, por tanto, en mosquito).

[Ah, a propósito: yo lo escribí con puntos y aparte y cursivas, como puede leerse en el trampolínk]

viernes, 6 de marzo de 2009

Un clavo ardiendo

Ya a las 11 y cuarto de ayer di por perdido el día. La mañana se me estaba complicando y la tarde la traía complicada con premeditación. Mientras me dirigía atropelladamente hacia mi coche, pensé: “la única solución para hoy es que un fulgor poético instantáneo se me cuele por algún intersticio, y agarrarme a él como a un clavo ardiendo”. La idea me salió de 17 sílabas:
Se me complica el día:
tan solo un haiku
podrá salvarlo.
Pero no era un haiku salvífico, ni mucho menos. El día seguía inútil. Inútil, sí, pero muy formal, porque iba cumpliendo lo que se esperaba de él, gestión tras gestión, sin solución de continuidad. En un atasco tuve, por suerte, un susto repentino. Con el viento largo y frío una palmera se agitaba talmente como la cabeza de Medusa: me quedé de piedra. Sólo los pitidos de los coches de atrás rompieron el maleficio o me lanzaron de nuevo al mío, que era el de un Sísafo burocrático con su carpetita de papeles de abajo a arriba.

Al final de la tarde, cuando salía a hacer otra tanda de gestiones, me deslumbró un reflejo naranja, miré y:
Deja el sol último
un rayo en la farola.
Juega a encenderla.
No me salvará para la posteridad, como decía Borges de quien una tarde oyó cantar al ruiseñor, pero, bueno, era muy bonito ese interés del sol por no dejarnos a oscuras, y me iluminó lo que quedaba de día, que eran aún unas horitas.

jueves, 5 de marzo de 2009

Obsesión y Vuelo

Cuando supe que Suso Ares Fondevila, nuestro contertulio, tenía libro de poesía (Obsesión y Duelo, Septem Ediciones, Oviedo, 2005), pensé: “A ver”. Conoce uno a un prosista y se le hace el oído a un ritmo, y ya no se lo imagina en verso. Yo no abrigaba dudas sobre el interés de lo que Suso Ares nos contara, pero sí sobre su cómo. Encima, cuando recibí el libro y lo hojeé, ojeé un verso libre y corto, que hacía presagiar una prosa cortada a trocitos y a correr.

Puedo declarar ahora con enorme satisfacción, que me equivoqué. El verso libre y corto, gracias sobre todo a un sentido muy fino del ritmo interno y a unos encabalgamientos altamente significativos, levanta el vuelo. De hecho es capaz de volar a pesar de un léxico poco ligero, lleno de palabrones poéticos, que pesarían como el plomo en cualquier otra poesía. Aquí hasta funcionan.

Sobre lo que nos cuenta, el título no podía ser más explícito: la obsesión por la muerte y el duelo por la del padre. Qué interesante la cantidad de poetas españoles, de Jorge Manrique a José Mateos, pasando por Juan Luis Panero, que han escrito obsesivamente sobre la muerte del padre. Un tema muy nuestro, parece.

Pero no nos vayamos por las ramas, o por las raíces. Ahí va un fruto:

SI ME ROBAS EL CIELO ME ROBAS
la vida, si me robas la tierra
la vida también robas.
En mi tierra déjame, déjame
en mi cielo. Los dos
son patria, un día
ya sólo tierra, ya sólo
cielo.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Descubriendo Mediterráneos

Veinte años [justos] releyendo Retorno a Brideshead, y sólo ahora descubro la inmensa deuda que Waugh tiene [y reconoce] con el John Henry Newman de Loss and Gain. De muestra, un botón: los nombres de los protagonistas, Charles Reding y Charles Ryder, nada menos.

Qué bien me hubiera venido leer la novela (que como novela no es gran cosa, pero como libro, ¡ah amigo!) en aquellos años míos de Universidad. Y qué pena no haber manejado el dato cuando hablamos de los nombres propios de Brideshead. Hace poco Manupé apuntó que tal vez Cordelia podría venir de Kierkeegard. Jo, en cada retorno una novedad.

Y así seguimos, descubriendo Mediterráneos. Otro: la deuda del Chesterton de Ortodoxia también con Newman. ¿Recuerdáis aquel épico fragmento en el que GKC explica que a los cristianos se les acusa simultáneamente de cobardes y de sanguinarios, de puritanos y de carnales, de pobres y de ricos, etc., según el punto de vista del que los mira, como a un hombre normal lo ve gordo un anoréxico y anoréxico un gordo? Bien, pues lean a Newman. Lean:

He becomes the paradox witch Scripture enjoins. This is variously fulfilled in the case of men of advanced holiness. They are accused of the most opposite faults; of being proud, and of being mean; of being over-simple, and being crafty; of having too strict, and, at the same time, too lax a conscience; of being unsocial, and yet being worldly; of being too literal in explaining Scripture, and yet of adding to Scripture, and superseding Scripture.

[Parrochial and Plain Sermons, Vol. V, Longmans, Green and Co., London 1891, p. 67. Para la traducción esperaremos a que el sabio Víctor García Ruiz llegue al V. V.]
Newman me perdonará esta mediterranitis profunda. A fin de cuentas, él, tan británico, ergo tan atlántico, también descubrió en su momento el Mediterráneo, el mare nostrum, la madre de todos los mares.

Y qué alegría descubrir anoche que el mismísimo Papa de Roma está (o estuvo) leyendo a Newman con una pasión parecida [mucho mejor, pero parecida] a la mía. De rebote, Ratzinger me descubre otro Mediterráneo nuevo. San Agustín, con San Gregorio de Nysa, pensó al principio que, una vez convertido, todo sería una caída hacia la luz, como la de la gravedad, pero hacia la gracia. Enseguida se dieron cuenta, ay, que más que ascensus alado la cosa era un iter áspero, lleno de las curvas y los recodos de las reconversiones. Encuentro aquí otro motivo para seguir admirando a Dante, pues en la Divina Commedia, si uno cae, él no deja que nada se pierda: conjuga a la perfección la idea del iter [a través del inferno y en la primera parte del Purgatorio] con la del feliz ascensus [el segundo Purgatorio y, sobre todo, el Paraíso].

martes, 3 de marzo de 2009

Lo llevo en la sangre

La humeante entrada de Beades, umm, me ha recordado el único poema que un tío bisabuelo mío escribió en su larga y torrefacta vida. Se titula "Oda al café":
Hazme promesa formal
de no faltarme en la vida,
pues eres una bebida
para mí fundamental.

¡Huy!

Cuando despertó, el despertador todavía estaba allí, sin pilas.

lunes, 2 de marzo de 2009

mallo.zip

Mientras yo maquinaba esta reseña a Carne de píxel de Agustín Fernández Mallo, el Barbero comprimía este archivo:

Ahora yo ya sólo aspiro a las enumeraciones.
*
La verdad es a veces tan verdad que se vuelve 100% cristalina y así innombrable.
*
Quién deja a quién si todos andamos diferidos de nosotros mismos.
*
Los recuerdos se construyen para el último día aunque nos engañe su gen de pasado.
*
Pero diga lo que diga Oriente, el mal existe, […]
*
Podría llamarlos pixelado nº 2, pero aquella noche devino puramente analógica
*
en otra cosa más compleja [que no complicada]
*
las flores con el tiempo (...) despuntarían al calor del PC
*
estética y ética son lo mismo, una pose ante el mundo.
*
Las fotos son recién nacidos que no crecen
*
siendo sincero no sé qué significa la palabra lluvia, ni la palabra ojos, ni perder ni ver, (…). Sólo sé que entre tus brazos fui una estrella mundial [bendita seas]
*
ingenua tarareas con la radio,
to die by your side, such a heavenly way to die.

sábado, 28 de febrero de 2009

Alergia, alegoría, alegría

La astenia no era solitaria. Estaba secundada por los efectos secundarios de un antihistamínico. Y no deja de tener su gracia —incluso ahora— que el medicamento para combatir la alergia haga un juego de palabras (o tropiece en la dislexia) y combata la alegría.
*
La realidad, de paso, también alegoriza. Cruzo por un parque y oigo como una madre le grita a su hijo: “¡Gaizka, no empujes a tus compañeros!”. Tierno cachorrito del nacionalismo, qué pronto empieza.
*
La verdad es una medicina.- Desde que hemos detectado la causa de mi astenia antihistamínica estoy muchísimo más alegre.

jueves, 26 de febrero de 2009

Los navegantes y el náufrago

Una entrada de blog es un mensaje en una botella. (Sólo que la botella tiene la envergadura del mundo.)

miércoles, 25 de febrero de 2009

Al revés

Antes de que hubiese colgado la entrada que pensaba para dentro de unos días, ya me ha llegado un comentario. No es talmente un caso de telepatía sino del servicio de Correos, pues a mi comentarista le ha llegado la revista Misión antes que a mí. El comentario es tan atinado que me he precipitado a colgar mi artículo (infra) como excusa para meterlo inmediatamente.

(También puede leerse mi artículo haciendo click en la portada del último número, y yendo a la página 11 del pdf, justo al lado de José Jiménez Lozano, nada menos.)

Una historia ejemplar

Nos informa el narrador argentino Marco Denevi, citando como fuente la obra Alandalusi, Murcia, 1238, de Omar-ben-Budur, que Abderrahmán decidió fundar la ciudad más hermosa del mundo. Para ello mandó llamar a Kamuru-l-Akmar, el primero y más notable de los ingenieros árabes.

Kamuru prometió que en un año la ciudad estaría edificada y sería, sin duda, la más bella del mundo, pero exigió del califa que le permitiera construirla con entera libertad, sin reparar en gastos, y que no se dignase a verla sino cuando estuviese totalmente construida. El poderoso califa, satisfecho del temperamento artísitico de su ingeniero, accedió.

Al expirar el plazo, Kamuru-l-Akmar pidió un año de prórroga, que el califa le concedió con gusto. Esto se repitió varios años. A los diez años el califa se encolerizó por fin, y todos los que nos hemos visto en tratos con la construcción hemos de reconocerle paciencia suficiente.

Sin embargo, al asomarse a las obras una sonrisa le borró el ceño adusto. “—Es la más hermosa ciudad que han contemplado ojos mortales! ¿Por qué no me avisaste, oh gran ingeniero, de que estaba concluida?”

Kamuru-l-Kamar inclinó la frente y no se atrevió a confesarle al monarca que lo que estaba viendo eran las casas que los artistas habían levantado para sí mismos mientras estudiaban los planos de la futura ciudad.

Hasta aquí la historia. Lo curioso es que caben varias interpretaciones del final: 1) El proyecto era tan sublime que, aunque no se llegó a construir, contagió a todos los trabajadores y éstos hicieron casas bellísimas. 2) Esos mismos hombres eran unos egoístas y sólo se preocuparon de su disfrute, embelleciendo sus viviendas y pasando de Abderrahmán. 3) Los artistas eran tan excelsos que hasta sus efímeras casetas les salían extraordinarias. 4) Abderrahmán, nada más asomarse a las obras, vio que aquello había sido un timo pero prefirió hacerse el tonto a asumir que lo era. 5) El califa, cohibido por el prestigio y la trayectoria internacional de Kamuru-l-Kamar no se atrevió a dudar de la hermosura de aquel lodazal y, en una versión inversa del cuento del traje del Emperador, decidió proclamar que todo era extraordinario.

Que la historia narrada por Marco Denevi (o por Omar-ben-Budur), tenga tantos finales posibles no es un fallo, sino todo lo contrario. Viene a decirnos, quizá, que ante cualquier prestigio artístico tenemos que interrogarnos a nosotros mismos y a nuestra sensibilidad. No es oro todo lo que reluce y hay palacios que en el fondo no pasan de casitas, pero a veces lo que reluce sí es oro o hay casitas más valiosas que palacios. Debemos juzgar con tiento.

domingo, 22 de febrero de 2009

viernes, 20 de febrero de 2009

El recurso del método

Anoche, rendido a la evidencia, suspiré:
—Mi inspiración ha muerto...
Pero me sorprendí a mí mismo con un ignoto reflejo monárquico, vitoreando ipso facto:
—¡Viva mi inspiración!
Como aquí hay confianza, confesaré que me hice gracia, que falta me hacía. Es un buen método, además, contra todo desánimo. Primero se pone uno no sólo en lo peor, sino en lo irremediable. Pongamos un ejemplo [absolutamente hipotético]:
—Mi amor ha muerto...
Y de rebote, el remedio instantáneo:
—¡Viva mi amor!
Y así sin parar:
—El periodismo ha muerto...
—¡Viva el periodismo!
O:
—España ha muerto…
—¡Viva España!
Etc.

jueves, 19 de febrero de 2009

El barbero en el Tangaraño

Qué lento soy, y peor para mí. Desde los felices tiempos en que Inma Rodríguez-Moranta era una tertuliana habitual, antes de que, llevada en volandas por su asombrosa juventud, nos abandonara, ay celos, y encima por Facebook, yo, estimulado por su ejemplo, me propuse leer Retahílas. Fíjense en las fechas, porque terminé ayer. Pero aquí van unos hilos cortados, más vale tarde, como botón de muestra.
... es un morbo muy malo el de las fotos
*
... y no hay derecho a cargar a nadie con emociones ajenas.
*
Esto de los recuerdos que saltan así de pronto es un regalo, es como volverse a encontrar un objeto perdido que en el reencuentro parece que brilla más que cuando lo tenías y no te dabas cuenta.
*
De las palabras que no suenan no me fío ni un pelo.
*
Yo no lo entiendo porque ya no me intriga.
*
... conseguí olvidar, sí , a veces se dice, se apunta uno ese tanto hasta incluso con cierta convicción, ¡qué jactancia adornarse con plumas de un dios tan arbitrario!
*
.... sólo lo que es directo se te mete en el alma a la primera.
*
... poder hablar era quererse
*
“¿Te has dormido, di? ¡Di! ¿Cuánto tiempo llevas dormida?”, es desesperante hablar al aire, el mayor desprecio que te pueden hacer.
*
Digo te miraba porque a veces se mira hablar y otras se oye.
*
... a ver si te crees que las cosas que te cuento esta noche con su dejillo de filosofía las sé porque las he leído en un libro, no hijo, ni hablar, antes de ser palabra han sido confusión y daño.
*
... si vas a a un psiquiatra a contarle los males de tu alma y eres capaz de contárselos medio correctamente, de qué te sirve ya el psiquiatra.
*
... de cualquier amistad o de cualquier amor lo verdaderamente inherente y particular es el lenguaje que crea según va discurriendo, mejor dicho el lenguaje es la relación misma porque al inventarse se configura el amor sobre él, igual que no se puede separar el caudal de un río de su cauce. [...] puro texto ha sido mi historia con él.
*
... desde pequeña me ha asaltado la tentación de despertar a la gente que quiero, […], no lo puedo remediar: esa expresión ausente y extraviada de los ojos que aún no han entendido los límites entre aquello que ven y lo que en el sueño veían es algo que adoro de una forma maligna.
*
… con lo que consuela decírtelo, consuela tanto que deja de ser verdad.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Autocitas

Autoenlazarse no deja de ser autocitarse. Y la autocita tiene una curiosa mala fama. ¿Por qué, me pregunto, si a fin de cuenta todo el que opina se cita, o no? Pues porque la autocita implica que uno, mientras hablaba, se estaba escuchando y encima se estaba memorizando, que ya es vanidad. Aunque si uno no se repite, de una manera más disimulada, también se estaba memorizando. Lo más sencillo, pues, es ser como el abuelete (como Borges, por ejemplo) que repite siempre las mismas cosas, sus ideas o las anécdotas que más gracia le hacen. Un poco pesado tal vez para el auditorio, pero signo indudable de que a sí mismo se toma a la ligera o no se escucha.

martes, 17 de febrero de 2009

Sic transit

Hace unos días encontré en mi agenda esta misteriosa anotación: “A partir de ahora, por fin puedo hablar de L.” A bote pronto, L. es Leonor, mi mujer, pero el aviso no tenía sentido porque no hago otra cosa que hablar de ella. Teniendo en cuenta que a uno le encanta hablar incluso de otros temas, saber que disponía de uno y con su aura de intriga y no recordar cuál era, me inquietaba.

La alegría de recordarlo —tras un considerable esfuerzo— fue una decepción. El tal L. —caí— había tenido un minúsculo desencuentro literario conmigo. Hasta ahí, normal. Pero luego me informaron de que en la revista que dirige tachó mi nombre de un artículo. Como para variar yo era inocente y el otro se había portado raro, rencoroso y, de remate, ridículo, me entraron unas ganas enormes de contarlo todo con pelos y señales.

Sucedía, sin embargo, que mi fuente de información me pidió que esperara dos meses: el tiempo suficiente, supuse, para cobrar el salario por el artículo censurado. Me pareció justo y apunté el plazo en la agenda.

Eso fue en su momento. Nada más que sesenta días después se me había olvidado hasta el nombre del protagonista, y de mi rabia no quedaba ni sombra. Sic transit ira mundi. Sin los dos meses de reposo yo habría entrado como un hipopótamo en una cacharrería. Sin embargo, fíjense ahora qué serenidad, que parezco Epicteto, hasta con enseñanza moral y todo.

domingo, 15 de febrero de 2009

¿Elogio del lujo?

La aliteración da alas a la literatura así que lo estratégico hubiera sido titular este artículo "Elogio del lujo", pero es un vituperio.

En legítima defensa.

viernes, 13 de febrero de 2009

Mote

En la soñolienta cena, mientras repasábamos la jornada, supiré:
—Uff, qué día más duro…
L. asintió y sumó:
—En realidad, toda la semana.
—Vaya mes.
—¡Y el año, qué!
—La vida es dura...
Aquí ya empezamos a sonreír. Bienaventurados los que tienen humor negro porque siempre acabarán riéndose.
Lo cual me hizo recordar una anécdota mía de la infancia en la que puede que brillara el talento que ahora me busco con tanto afán. Llegó mi abuelo muy agobiado de sus negocios y se quejó:
—Qué lucha…
A lo que yo, que tendría a la sazón seis o siete años, repuse:
—Pero qué lucha tan buena, ¿verdad, abuelo?
Anoche, al recordarlo, sin dejar de reírme, me puse serio Sería un lema de la casa, un mote del escudo precioso; y un gran título para una autobiografía: Qué lucha tan buena. Lo difícil es ganárselo, merecérselo.

jueves, 12 de febrero de 2009

1000

Me informa blogger que ésta es la entrada nº 1000 de Rayos y truenos. Supongo que no será exagerar mucho las virtudes del sistema métrico decimal ni pecar de milenarista si me paro a darle una vuelta al número redondo.

Bien; en 1000 entradas ha habido, ay, de todo, como he comprobado en mis propias carnes al preparar la antología Lo que ha llovido, que saldrá en Númenor próximamente (¿o tendría que decir aproximadamente? Las cosas de la imprenta/ van muy lentas). Pero sobre todo, lo que ha habido es el mucho bien que me ha hecho el blogg. Mucho. No sé si voy contra mi interés al confesarlo, ni me importa. Gracias al blogg he podido sentirme, ¿qué sentirme?, dejemos las humildades para cuando no estemos de miliversario, he podido ser escritor las 24 horas y no de higos a brevas o a salto de mata. Y luego está la confianza que me habéis ido dando en mis opiniones y en mi prosa, que eso es impagable (o irremediable). Joseph Joubert confesó: “Tengo el espíritu y el carácter frioleros; necesito la temperatura de la indulgencia más dulce”, y yo soy de su estirpe.

Por eso, hoy os celebro a vosotros, lectores de mi blogg. La poesía es lo fatal, pero esto, que ya digo que me ha hecho tanto bien, no lo habría escrito sin vuestro empuje. Y cuando digo “vuestro” cuento a todos. Tanto a los que rebotan (pum) de Google una vez (y punto) como a los más asiduos. Y entre los asiduos, aquellos que entran una temporada con un entusiasmo digno de mejor causa y luego desaparecen con la misma contundencia con la que llegaron. A ésos los entiendo mejor que a nadie. Si fuésemos la Hidra, podríamos tener más autores de cabecera, pero teniendo una sola cabeza (y bastante ocupada) lo más sensato es leer a un autor hasta que nos dé lo que tiene o lo que queramos cogerle, y luego ir por la música a otra parte.

Y qué decir de los insensatos, dulce compañía. O sea, de los que estáis aquí como yo, desde el principio, con una constancia que cada mañana me maravilla. El marido de nuestra madrina Frances Blogg os habría escrito la brava balada o el brindis vibrante que merecéis; yo, a estas horas de la mañana, levanto por vosotros mi taza de café. Que dure otros mil años, quiero decir, mil entradas, qué diantres, quiero decir, mil años.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Prefiero perder

Desde Aljubarrota y la Caída de Constatinopla (que son tragedias que me sucedieron la semana pasada) estoy muy acostumbrado, además. Ayer, en la silenciosa sala de profesores, último remanso de paz, me preguntaron con amabilísimo interés sobre el tema de mi artículo de hoy. Cuando nombré a Eluana Englaro, se lió la grande. Qué pasión en rematarla. Salí vivo por los pelos, y replegándome en escalera. Hoy también me escalda mi compañero y, sin embargo, jefe de opinión y, sin embargo, amigo, José Aguilar. Sumando ambas experiencias, asumo que la mayoría de los lectores no van a estar de acuerdo conmigo, pero bueno: yo con Eluana.

martes, 10 de febrero de 2009

Golpe de pecho

No escribo para salir favorecido; y esta vez toca ponerme regular. A fin de cuentas, se trata de contar la verdad, quede uno como Agamenón o como su porquero.

He descubierto que me estremece más el arte que la vida. Y que eso lleva a veces a una brutal falta de tacto. Camino hacia mi casa, por ejemplo, regodeándome en que me resta media tarde para dedicarme a la novela que me traigo entre manos, y en eso que de una inesperada esquina surge un conocido.

El conocido demuestra un interés muy notable en contarme detenidamente de su hija, que tenía un novio que a él no le gustaba y que, efectivamente, salió rana y que dentro de pocos días hace una exhibición de baile por bulerías (la niña) en el Teatro Municipal. Con cierta dificultad, tras comprarle dos entradas, logro desembarazarme, no sin haber dado antes unas muestras bastante evidentes de impaciencia.

Ahora, en casa, por fin, leyendo en silencio, me arrepiento. Por qué no habré sido capaz de interesarme con la narración del hombre y su hija y su novio al menos como lo hago con la novela o con cualquier película. Después de todo, no son historias muy distintas.

Cuestiones estilísticas aparte, es, me temo, porque un hombre de carne y hueso exige atención, sí, pero también cariño, caridad, entrega, y eso es justo lo que cuesta. (Ya avisé que yo no iba a quedar muy bien hoy, pero es lo que hay.)

lunes, 9 de febrero de 2009

Inquietante

Después de escribir una columna tengo que cuadrarla en los caracteres exactos que me exige el periódico. Hasta ahí todo normal. Lo extraño es que mis textos, que ya tenía por definitivos, mejoran siempre, tanto cuando toca acortarlos como cuando los tengo que alargar. Qué raro, ¿no? El estado de imperfección perfecto, parece.

domingo, 8 de febrero de 2009

Adivina, adivinanza

¡Qué poeta!,
sí, pero
¿qué poeta?
Los sauces con ser sauces/ no dan tal sensación de desconsuelo.
*
Quererte es incurable / (o quiero que lo sea).
*
Creo que estoy tocando la verdad,/ se me han puesto las puntas de los dedos/ llenas de espinas.
*
Los muertos no padecen amnesia.
*
Cuando termino un poema a mi gusto/ me doy las gracias.
*
—Ni describo ni escribo a las flores,/ ya están hechas poema—.
*
La soledad de dos, cuando uno sólo ama.
*
Me temo estar imitando a escritores/ que aún no han nacido.
*
He muerto ayer y resucito ahora.
*
Aquí ahora sentada/ arrodillada al aire/ —dando gracias—.
*
Perdonar es como hacer un milagro.
*
El amor es un sitio para estar;/ alrededor/ se borran los caminos.
*
Voy a olvidarte y enseguida vuelvo.
*
Poetas tristes, dejaros de bobadas.
*
El amor me ha vendado antes de herirme.
*
¡Jolín con Strauss! (perdón, es que sonaba de fondo.)
*
Se lleva bien la soledad conmigo.
*
¿Acaso la belleza no tiene corazón?
*
Todo lo que ya soy y aún no merezco.
*
En el verso hay más sangre que tinta.
*
Tus palabras se han sentado a mi lado.
*
No dejes de abrazarme hasta que nunca...

viernes, 6 de febrero de 2009

Otro elogio de la lectura

Gracias a los delicados desvelos de mi mujer voy a poder cumplir, si no uno de mis sueños, al menos una de mis peores pesadillas. Desde muy pequeño soñaba que iba al cole perfectamente vestido y muy repeinado, pero en zapatillas. Un compañero lo descubría, se desternillaba y avisaba enseguida a todos. Esa pesadilla me ha acompañado fielmente durante toda mi carrera académica: pasé (en babuchas) del colegio a la universidad, y ayer no más soñaba con que iba en zapatillas a impartir mis clases al instituto para sorpresa (relativa) de mis alumnos y alumnas, compañeros y compañeras, conserjes y conserjas. Espero que entre mis lectores no haya ningún freudiano, por su bien y por el mío, que a saber qué oscura interpretación tendrá esta pesadilla de andar por casa y salir, uf, afuera.

Sin embargo, gracias a mi mujer o, siendo más precisos, a los Reyes Magos, el horrible y reincidente sueño se ha esfumado. Los Reyes me trajeron unas zapatillas de piel tan elegantes que parecen unos mocasines de esos finos que lucen los madrileños y que tienen en el talón unas gomas con bultitos para conducir con más seguridad. Como ya no pasaría nada si fuese a trabajar en zapatillas, he dejado de soñar con ello.

A cambio me he puesto a soñar con que envío a ALBA un artículo onírico, con faltas de lógica, de sintaxis y de ortografía, como dictado por Magdalena Álvarez y por Miguel Ángel Moratinos al alimón. Me veo en la mañana del viernes (con o sin zapatillas, eso ya da lo mismo) leyéndome con estupor y vergüenza propia. ¿Cómo pude mandar esto?, me pregunto, tirándome de los pelos hasta que me despierto, sudoroso, y suspiro, medio aliviado.

Entre que se cumple o no esa pesadilla probable, la vigilia va haciendo de las suyas. Ayer metí la pata como hacía tiempo (dos o tres semanas) que no la metía. Supongo que no sueño con meteduras de pata (con independencia de que la pata acabe en zapatilla o en botín acharolado) porque ya las meto bien despierto.

Un motivo de peso mío para amar la lectura es que, mientras uno lee, está calladito, en su casa y soñando despierto. En este sentido, es indiscutible que los libros mejoran el mundo. Con la crisis auguran que aumentará la lectura, porque es un ocio barato. Ojalá. A mí, aunque costase un riñón, ya me compensaría. Y además se puede hacer en zapatillas.

jueves, 5 de febrero de 2009

Llorando, sí

Lo cuenta Rafael García Serrano en el vibrante Diccionario para un macuto [Editora Nacional, Madrid, 1964, p. 585]:
En Tudela de Navarra, imponían una Medalla al Mérito individual a un esforzado hijo de aquella ciudad. Presidía el acto el general Millán Astray y, como es natural, allí estaban todas las autoridades, civiles, militares y eclesiásticas, además del padre del voluntario condecorado, que era un tipo famoso por su entereza y vocabulario. Alguien gritó, llevado de su entusiasmo:
—¡Que hable "el Pite"!
"El Pite" era el padre. Millán lo empujó a primer término. "El Pite" estaba lloroso y no podía arrancar. Eso asombró a uno de sus paisanos que, sin contenerse, lo manifestó en voz alta:
—¡Andá, si "el Pite" está llorando...!
A lo cual respondió el viejo con dignidad varonil:
—Llorando, sí, pero con muchos cojones...

Ni que decir tiene que "el Pite" nos dio de paso una lección magistral de poética.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Sujetalibros

Por las oscuras cavernas del desánimo penaba yo ayer tarde. Arrastrado por la actualidad, había mandado esa mañana al periódico una columna excesivamente periodística, donde opinaba muy serio sobre las relaciones entre el Gobierno y la Banca… ¿Quién me manda meterme —me maldije— en tantas macroeconomías? ¡A mí, que me lío haciendo una factura! ¡Ay, la hybris!

De pronto, sin embargo, me iluminó una sombra. Había encendido una velita aromática de olor a nardo que nos regaló mi suegra. Estaba sobre el buró, delante de unos libros. Esos libros los aguanta un juego de dos sujetalibros que nos trajeron los Feu. Es un perrito de hierro, un teckel concretamente, como la perrita que tenemos, que se llama Pukka. Uno de los sujetalibros es la cabeza y el otro la cola, de modo que cuantos más libros haya más perro—salchicha se vuelve el teckel, que se va alargando. Todo eso está en casa de siempre, pero ahora, la vela proyectaba sobre la pared la sombra del perro, y con la viveza de la llama, que palpitaba, parecía que el animalito jadeaba, ladraba (en silencio) y hasta meneaba el rabo de contento.

Sí, ya sé que era una sombra nada más, pero cómo me entretuvo y consoló. Además, estos son mis temas, no la gran economía. Unas sombras chinescas, la luz de una llamita y un sabor raro y hondo, como embobado, a infancia, muy parecido a la felicidad.

martes, 3 de febrero de 2009

Ultramar [o Y dale con los alumnos]

Este año, entre mis alumnos, hay una chica brasileña y una colombiana. Viajar no me disloca; pero para compensar, me apasiona este toque cosmopolita en mi destartalado instituto de Puerto Real. Escucho acentos deliciosos, que es lo mejor que me traería de ultramar, sin el jet-lag y sin los alarmantes controles de seguridad. Tiene su exotismo que una alumna te diga con dejos amazónicos que lleva toda la mañana “procurándote” [por buscarte], aunque sea para protestar por una nota. Aclararé enseguida, para evitar malentendidos, que estuve prácticamente igual de contento hace dos cursos, cuando en clase tenía a un israelí y a otro brasileño.

Pero no vine a hablar de mí, sino de nuestro idioma. Hace unos días, una alumna que nació y vive a quince kilómetros de mi casa me hizo una pregunta en un andaluz tan cerrado que yo no lograba entenderla. Fue su compañera colombiana la que me la tradujo a un castellano cristalino. Con perdón de todo nuestro muestrario de nacionalistas, tuve un acceso de orgullo, y para colmo, me acabé recitando los versos de Dámaso Alonso: “Hermanos, los que estáis en lejanía/ tras las aguas inmensas, los cercanos/ de mi España natal, todos hermanos/ porque habláis esta lengua que es la mía:// yo digo “amor”, yo digo “madre mía”/ y atravesando mares, sierras, llanos/ —oh gozo—, con sonidos castellanos/ os llega un dulce efluvio de poesía”.

lunes, 2 de febrero de 2009

La venganza

El jueves desperté con un grano en la nariz. “Dame, Señor, coraje y alegría”, recité como cada mañana frente al espejo, “para escalar la cumbre de este día”. Olvidado del grano, entré en mi primera clase y lo primero que me preguntaron los alumnos fue: “¡¿Ke te pasa en la cara?!” Naturalmente contesté: “Nada, acné juvenil”. Y eso les divirtió de una manera inesperada, se reían a mandíbula batiente, se descostillaban, se desternillaban, se daban golpes entre ellos y a las mesas y en la barriga, y exclamaban: “¡Juvenil! ¡Ké gracia tiene este tío…!” Yo, la verdad, creo que he gastado bromas mejores en estos cuatro meses que llevamos juntos, pero como el jueves no se rieron nunca. Se rieron demasiado. De hecho, después de reconcomerme todo el fin de semana, he decidido vengarme. Hoy, examen sorpresa.

domingo, 1 de febrero de 2009

Curso matrimonial completo en un verso y medio de Muñoz Rojas

...........¡Ya, qué darse
para siempre!

[José Antonio Muñoz Rojas, Cancionero de la Casería, en Obra completa en verso, Pre-Textos, Valencia, 2008, p. 183]

viernes, 30 de enero de 2009

El haiku natural

Estoy seguro de que José Antonio Muñoz Rojas no pensaba escribir un haiku en 1952. De hecho, estaba haciendo un poema de versos blancos heptasílabos. Lo publicó en diciembre de 1952, en el nº 2 de la revista Caracola y lo tituló "Bajaban los almendros". Sin embargo, el poema termina con un auténtico haiku, que se destaca mediante un salto interversal. Es un haiku por su espíritu, por su tema, por su sintaxis y porque tiene ¡exactamente! sus diecisiete sílabas. O sea, un haiku inconsciente, o mejor dicho, espontáneo, o mucho mejor dicho, natural.

............. Posible
como la flor ingrávida
del almendro, la dicha.

jueves, 29 de enero de 2009

Metedura de pata

¡Qué genio el del lenguaje, madre! Se llama metedura de pata, y no de pierna, para que no haya duda alguna de lo animal que es uno.

miércoles, 28 de enero de 2009

El pillín es Miguel Martínez-Lage

Pla no plagió, al menos en esta ocasión. Lo parecía tal y como lo leí en la anotación del viernes, 5 de abril de 1776, en la p. 957 de Vida de Samuel Johnson, James Boswell, El Acantilado, nº 144, Barcelona, 2007, donde reza: "Harían falta volúmenes enteros para incluir la lista de sus numerosos y diversos amigos, conocidos y saludados, a ninguno de los cuales olvidó jamás".

Me extrañó, sin embargo, que se me hubiese pasado la cosa cuando leí Vida en Life, quiero decir, en V.O. ¡Con lo que yo le aplaudo a Pla esa frase famosamente suya! Así que me he ido al viejo libro y en la anotación del Friday, 5 April 1776, en la página 733 de Boswell's Life of Johnson, Oxford University Press, London, 1965, se dice: "Volumes would be required to contain a list of his numerous and various acquaintance, none of whom he ever forgot".

Ahora uno se podría poner borgiano y celebrar que Pla haya influido por fin en el doctor Johnson o, como mínimo, en el bueno de James Boswell. Pero lo más plausible es que aquí el pillín (pillado) sea Martínez-Lage, editor y traductor de la edición de El Acantilado. Estupenda, por cierto.

Ah, pillín

Descubro, con asombro, que la famosa frase de Pla sobre los amigos, los conocidos y lo saludados [amics, coneguts i saludats], que Arp redondeó, no es de Pla, y ni siquiera del doctor Samuel Johnson sino sólo de Boswell.
Claro que quien avisa no es traidor.

lunes, 26 de enero de 2009

El lunes la dieta

¿Para qué el régimen —pienso—
si más tarde o más temprano
he de quedarme en los huesos?

domingo, 25 de enero de 2009

sábado, 24 de enero de 2009

La errata creativa

Entre las esquirlas de García Martín, las hay estupendas. Y para colmo de felicidad, una errata en la tercera, que reza así:
No hay vida tan breve que no queda en ella una eternidad.
Mi felicidad no es por un consuelo de tonto, aunque bien podría, sino porque se me ocurre esta corrección:
No hay vida tan breve que no quede de ella una eternidad.
Naturalmente es una ultracorrección, pero ¿qué esperaban?

viernes, 23 de enero de 2009

La tortuga y la liebre

Veloz como la luz, o mejor, como el sol, al día siguiente llegó la liebre al bosque de la tortuga. Magullada como Magallanes, con el pelo cano tras darle la vuelta al mundo, venía jadeante, apenas si podía hablar... Pero levantó las manitas haciendo el signo de la victoria.
—No tan rápido, liebre —le espetó la tortuga, ­—que aquí el amigo chochín, que no desperdicia una oportunidad para un buen debate, te va a explicar que gané yo.
—Efectivamente —disertó el chochín, tras pegar un buen trago a su jarra de cerveza, —hay dos maneras de alcanzar un sitio: dar la vuelta al mundo, como has hecho muy meritoriamente, hip, hip, hurra, o quedarse en él. La tortuga se quedó y, como salta a la vista, llegó antes.
Arsa —palmeó largatijo
—Pero, pero... —saltaba nerviosamente la liebre, —¿y hasta el horizonte, qué?
—Eso digo yo —dijo el chochín con pico de choteo, —¿llegaste tú acaso?
La liebre, que era sincera y tenía un gran corazón, reconoció bajando las orejas:
—No, no. De hecho me extrañó encontraros aquí sin haber cruzado antes la línea del horizonte.
Terció la tortuga:
—A la debida distancia [y siempre conviene guardar las debidas distancias, dicho sea entre corchetes] cualquier punto de la tierra es el horizonte... Por supuesto, ¡también esta meta lo es!
—O sea, que —zanjó la zaragüeya— en el principio está el final....
—He perdido, he perdido, me han dado con el Esopo en la cabeza. Y ahora, ¿cuál es tu condición para el derrotado, tortuosa tortuga?
—Oh, que descanses, y que, cuando recuperes el resuello, nos cuentes tranquilamente, con todo lujo de detalles, lo que has ido viendo en tu vuelta al mundo, porque algo de mundo habrás visto, ¿no?
­—¡Claro que sí! —saltó de júbilo, sorpresa y amistad la liebre. —De hecho, en la sabana vi cómo me adelantaban un antílope y un guepardo... ¡A una velocidad impresionante, uf!

jueves, 22 de enero de 2009

La liebre y la tortuga

Estaba una tortuga de tertulia con sus amiguitos del bosque, entre ellos, la abubilla, el chochín, la zarigüeya, el lirón careto y un lagartijo con aires aflamencados que en ese preciso instante les recitaba la soleá que había memorizado para su novia:
Arrímate a mi queré
como las salamanquesas
s’arriman a la paré.
Entonces, cuando menos lo esperaban, saltó la liebre, y se puso a fardar de que era el animal más rápido del mundo. Los demás la felicitaron y, cumplido el trámite, trataron de retomar su conversación, pero ella insistía en el autobombo. “Qué veloz soy, cuánto lo soy, oh, mucho más que vosotros, pobres criaturas retrasadas”.

Arañada en el caparazón de su orgullo (o de su paciencia), la tortuga le propuso una carrera. “Será universitaria, ji, ji”, replicó con desdén la liebre. “No, no, ¡olímpica!”, sentenció parsimoniosa la tortuga.

La liebre que, gracias a las fuerzas del progreso, estaba algo alfabetizada, murmuró entre dientes: “Ésta idiota se cree que no conozco mi Esopo y que voy a dormirme en los laureles. Esta vez no, ni con un ojo abierto”. Acto seguido subió la apuesta: “Vale, competiremos, vacilante tortuga, pero si gano tienes que dejar que te incruste unos rubíes con la palabra “LOVE” en el caparazón. Serás un regalito para mi pareja, ¿hace?”.

“¡Qué cosa tan horrible!”, exclamó la tortuga, que se llamaba Cordelia, “pero la acepto si me permites fijar las condiciones de la carrera”. “O.K.”, contestó la liebre con suficiencia y dominio del inglés. “La carrera será”, dictaminó Cordelia, “hasta el horizonte y vuelta”. “O.K.”

La abubilla dio inmediatamente la salida: “Uno, dos y... tres”, gritó, bajando la cabeza cada vez con más brío, como una bandera de Fórmula 1. Salió la liebre disparada, repitiéndose el nombre de Usain Bolt para no caer en el craso error de mirar a los lados y perder así unas milésimas de segundo que la separasen de la gloria de un récord imbatible. En posición de salida, la tortuga había puesto cara de esfuerzo, pero no dio un solo paso. Cuando la liebre estuvo un poco lejos, comentó: “Cuánta razón tienen los que aseguran que su cola trae suerte. A mí me alegra tanto... verla alejarse”, y volviéndose con una satisfecha lentitud hacia el lagartijo, le animó: “Nos estabas contando que...”

miércoles, 21 de enero de 2009

Un poema de Sociedad Limitada

........................COSAS DE LA POESÍA
Qué suerte que Ella sea así de caprichosa,
qué suerte que no mire los méritos, que no
le avergüence entregarse a tipos como yo,
que sea porque sí, como la rosa;

qué suerte que no exija papeles triplicados,
ni saber alemán, ni traje gris,
que en Calahorra se encuentre tan bien como en París,
que no la embauquen nombres, premios ni doctorados.

Sólo que tú le gustes —con veinte o con setenta,
feo o guapo, listo o bobo...— y, plaf, se te presenta
deslumbrante, rendida y sin porqué,

del mismo modo que (según se cuenta)
una noche grisácea de los años 50
se presentó Ava Gardner ante Mario Cabré.

[Miguel d'Ors, Siete poemas de Sociedad Limitada, Vitolas del Anaïs, Granada, 2008]

martes, 20 de enero de 2009

Menos da una piedra

Me llega un cuadernillo de Miguel d'Ors, editado en Granada y titulado Siete poemas de Sociedad Limitada. Sociedad Limitada es el título de su próximo poemario. Se trata, pues, de un adelanto. Lo suyo, ahora, sería agradecer el envío, publicar entero un poema (concretamente el soneto de Mario Cabré) y subir el nivel del blogg. Pero uno sabe que a d'Ors no le gusta nada que cuelguen poemas suyos en la web, ese desmantelamiento del derecho de propiedad intelectual, y yo, aunque no lo veo así de claro/de oscuro, no voy a pagarle el detalle del envío con un desaire.

Aunque ya que hablamos de aires, podemos coger al menos un solo verso [uno sólo] y admirarnos de lo gran poeta que es con un detalle muy pequeño. En un poema de atmósfera aérea, describiendo un despegue, nos cuenta d'Ors lo que oye en el avión: Les habla el Comandante Echevarría. Bien, parece un verso de nada, puro desarrollo argumental, y lo es, pero traten ustedes de buscarle un apellido mejor. Con Echeverría, además de llenar el endecasílabo, que eso ahora no importa, se nos da una imagen (¿la ven?) del comandante repeinado, señorín, todavía en forma, ligoncete, un poco de Bilbao, etc.

lunes, 19 de enero de 2009

Verlo

La abuela
coge violetas
con su nieta.

[No llega a haiku,
............................... no,
la rima es excesiva,
..................................sí,
y la imagen muy tópica,
vale,
..........ya,
pero hay que verla.]

domingo, 18 de enero de 2009

Hechos reales

No está la cosa para muchas bromas con los acentos o las idiosincrasias regionales, así que narraré los hechos desnudos. Entré en una librería de la provincia de Cádiz, de la Isla de San Fernando más concretamente. Era media mañana de un día laborable. Me alegró encontrar en la librería a dos señores con sus monos azules de trabajo bastante manchados de pintura o cemento.

Estaban, además, buscando un libro, y no haciendo un trabajito de pladur en el local. Doble alegría, pues. El libro era un regalo para la mujer del más alto, y yo, que soy un firme partidario de la institución matrimonial, triplicaba de gozo.

En esto, el alto ve en el mostrador un libro del famoso Calatayud, juez de menores. Se vuelve para su compañero y acompañante, señala el volumen y dice: “Este sí que es un libro bueno”. Contesta el otro: “Bueno…” Insiste el alto: “Te gustaría: va de la educación de los hijos”. Contesta el otro: “Con los míos, tengo de sobra”. El alto, incansable, al menos en la librería, contraataca: “Es el juez que pone a los menores a hacer trabajos sociales, como barrer, limpiar grafitis o sacarse el graduado”. El bajito, entonces, se vuelve más interesado, y pregunta: “Y ese juez, ¿de dónde es?”. “De Córdoba [sic]”. “Ya decía yo que de aquí no era. En Cádiz a ése lo habrían molío a palos”.

Dicho lo cual, se fueron, hemos de suponer que a seguir trabajando.

sábado, 17 de enero de 2009

Una historia de amor

LA ANCIANA: Se me olvida todo, hijitas, pero de vuestro dulce abuelo no dejo de acordarme ni un solo minuto de mi vida. Siempre lo tengo presente.

EL ANCIANO ¡Anita, por Dios, que aún no me he muerto, que estoy en casa, jubilado, todo el día pegado a ti!

LA ANCIANA: Hombre, Paco, eso ayudará algo, qué duda cabe, pero, en cualquier caso, tiene su mérito.

viernes, 16 de enero de 2009

Juguetitos

¿Con qué jugábamos antes de que la electrónica nos deslumbrara con sus ordenadores micros o táctiles, sus móviles, sus GPSs, sus I-Pods y sus etc? Ver a los niños cayéndose de sus flamantes bicicletas la mañana de Reyes era un clásico; hoy uno se encuentra a los mayores embebidos en las pantallitas y memorizando claves como locos.

También antes se jugaba, digo yo. Y sí, efectivamente, entre las nieblas de mi memoria, recuerdo que antaño los señores jugaban al billar o a las cartas (al bridge los de más elegancia, al mus los demás). Pero esto de ahora es mucho más frenético por varias razones.

La primera razón es una coartada. Nos decimos muy serios que los aparatitos nos sirven para el trabajo, oh, y así nuestra conciencia se tranquiliza. No son caprichos, qué va, sino herramientas fundamentales para el desarrollo profesional en un entorno competitivo, tecnológico, globalizado y en permanente evolución.

Luego, la tecnología funciona como una bola de nieve. Uno consigue el último programa de simulación de vuelo, pongo por caso, pero el ordenador viejo —viejo quiere decir de dos años— ya no tiene potencia suficiente y, por tanto, no queda otro remedio que cambiarlo. El nuevo (o semi nuevo, porque tiene ya dos semanas) viene con un sistema operativo mucho mejor (que hay que aprender a usar) y entonces necesitamos cambiar los drivers de la impresora o comprarnos otra. Así eternamente.

Algunos programas facilitan el trabajo, cierto. Pero si uno hiciese bien las cuentas y sumase las horas que gastó en informarse de las nuevas ofertas, la instalación del software, el stress de los virus y de las misteriosas pérdidas de datos comprobaría que, en el mejor de los casos, lo comido se va por lo servido.

Haciendo abstracción del tiempo, siempre nos quedará la ilusión. Este artículo lo he escrito en mi nuevo notebook de 2 GB de memoria RAM, con Digital motion camera y tres puertos USB. Lo he tenido que escribir deprisa y distraído con las nuevas funciones que ofrece a cada rato, pero ¿no notan ustedes cómo ha mejorado mi estilo en comparación, no digo ya con Camba o Pemán, esos pobres prehistóricos, sino con respecto a mis artículos de las semanas anteriores, redactados sólo con 1 GB de RAM? Aunque no, no, mejor no me contesten… No maten la ilusión de un niño (grande, pero niño).

jueves, 15 de enero de 2009

240 €

Un amigo nos manda este correo-e:
A través de un periplo un poco raro he llegado a la página de http://www.enriquegracia.net/ y me encuentro entre sus aforismos este:
Como en casi todo, lo peor de la poesía es que alguien negocie con ella.
Un poco más abajo tiene un apartado que se llama: "Correccion [sic] y valoración de originales": 240 euritos por leerse el libro de un cliente. Y si se hacen correcciones, un poco más.

martes, 13 de enero de 2009

Apontamentos de História Sobrenatural


Mario Quintana cuenta en el prólogo del poemario: "Eis o meu primeiro livro cujos poemas saem mais o menos na sua ordem cronológica". Apuntes de Historia Sobrenatural se publicó en 1976, por lo que el primer poema del libro, casi un cuadro de Gaya, bien podría ser de 1969. Qué ilusión me haría:

.......DATA

Duas laranjas
Um copo d'água ao lado
As moedinhas da luz en torno


Perto
A folhinha marca 13 de janeiro.

Cara B

Parece que Reyes fue hace un siglo, ¿verdad?, pero fue el martes pasado. Entonces, a la dorada luz del alba, sentí que todo, mis regalitos, claro, y mi mujer, mi casa, la calle, los árboles, mis sobrinos, todo, era un presente de Epifanía. Tuve que hacer un esfuerzo para no hincarme allí mismo de rodillas en una acción de gracias cósmica. Hubiese resultado cómica, me temo; o producto quizá de la agitada noche anterior, en la que ejercí de paje real hasta las tantas y no me quedó otro remedio que beberme todo el brandy que habían dejado en una bandeja para Baltasar, que se ha vuelto abstemio. Disimulé lo que pude, pero aquella sensación de plenitud y de gratuidad para mí se queda.

Ahora la sensación es la contraria. Los regalos he de ganármelos con el sudor de mi frente. No se trata sólo de que hayamos vuelto ya al trabajo con todas las de la ley, sino que con los regalos propiamente dichos también hay que esforzarse un montón. Los libros que todavía tengo apilados en una esquina habrá que ordenarlos, por supuesto, y leerlos, entenderlos y memorizarlos. A los aparatos electrónicos debemos descifrarles sus crípticos manuales, desliar sus cables, montarlos... Uf, ¡cuánto nos queda por hacer! Hasta los próximos Reyes, más o menos. Todo regalo tiene su retroceso, su cara B. Y viceversa: todo trabajo es un regalo (con la crisis, esto se ve claramente).

lunes, 12 de enero de 2009

El pábilo pasmoso

La lectura de ayer me recordó lo de la semana pasada. Todavía no había empezado el frío, y mi madre y yo dábamos un paseo. Nos encontramos con un representante de las fuerzas vivas del pueblo, digamos, y no era el boticario, que ésa es mi madre, ni mucho menos el profesor, que soy yo. Nos paramos a saludarnos, naturalmente.

Y en un momento de la conversación, va el señor y le comenta a mi madre: "Siempre te he tenido por una persona muy inteligente. Hace veinte años, cuando yo estaba recién llegado al Puerto, se te ocurrió algo que no he olvidado".

[La conozco como si la hubiera parido, y noté su respingo de horror. A mí, y deben ser las leyes de la herencia, me pasa igual. En cuanto alguien va a recordar un comentario mío del pasado se me abren las carnes. Pienso: "¡A ver qué chorrada dije, Dios mío!"]

El señor importante nos puso en antecedentes. Hace veinte años mi madre, él y otros personajes que no se recordaron pero que allí estarían, discutieron sobre el Rocío, arsa, y sobre si la romería era religiosa o sólo una coartada para el jolgorio generalizado de gentes poco piadosas. El señor recordaba perfectamente, ¡con las palabras exactas!, lo que a mi madre se le ocurrió para zanjar aquella discusión, que fue: "La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará". Por lo visto, cada vez que sale el tema, el señor cita admirativamente a mi madre: "Como dijo una vez la boticaria: 'El pábilo...'"

"¡Oh!", exclamamos mi madre y yo al unísono.

domingo, 11 de enero de 2009

Lección


Algunas cosas dependen del cristal con que se mira. Yo, arrastrado por el vendaval mediático, castañeo hoy contra el frío en mi artículo del Diario de Cádiz, y tan fuerte soplaba el vendaval que llamé a mi hermano Jaime para ver si estaba sobreviviendo en la colapsada [¡imprevisión total!, clamaba un titular] capital de España. Le cogí dando un paseo por El Rastro, entusiasmado con la belleza del paisaje. El hermano de Leonor, más generación Y, nos mandó por móvil unas fotografías muy bonitas de la Gran Vía bajo la gran nevada. También la estaba disfrutando de lo lindo. Habría que preguntarse por qué de las dos caras que tiene toda moneda, en los medios siempre nos sale cruz.

viernes, 9 de enero de 2009

Una obviedad a Ovidio

Lo que sé de mitología lo debo a las Metamorfosis, que además influyeron mucho en Dante, nada menos. A mí, la historia de Baucis y Filemón, por concretar, me emociona cada vez que la leo: es una de mis grandes favoritas de la literatura universal. Por otra parte, aunque el arte de amar no lo haya aprendido concretamente en Ovidio, me divirtieron mucho sus opiniones al respecto.

Pero lo cortés no quita lo valiente, y hay que reconocer que el clásico escribió una chorrada (con excelente literatura, eso sí) en Fastos I 150 ss.

Yo se lo explicaré a Publio Ovidio Nasón. Comienza el Año Nuevo con estos fríos porque ahora, al principio inapreciablemente, la luz empieza a ganarle segundos a la oscuridad. Los principios son así: la vida nace en el misterio del vientre materno y no cuando la muchacha con diecisiete esplendorosos y obvios abriles retoza en ídem por el campo recogiendo florecillas.

Recordarlo viene muy bien para nuestros propósitos para el 2009, tan invisibles (apenas, en el mejor de los casos, una anotación en la agenda), tan debiluchos y algunos —a estas alturas ya— tan desmejorados. Pensemos que, como acabamos de celebrar por todo lo alto, el mismo Dios quiso tener un nacimiento humilde y diminuto. El gran Ovidio, de haber conocido este episodio, más divino que sus apabullantes metamorfosis, no habría caído en su pregunta retórica.

La primavera es una exaltación y cuando llegue exultaremos, como es natural. Pero los comienzos, querido Ovidio, son, de tan pequeños, casi invisibles; son delicados y vulnerables, quizá un poco fríos, pero con una fuerza latente que sostiene las plenitudes por venir.

miércoles, 7 de enero de 2009

A jorobarse

Se acabaron las Navidades. Hay quienes protestan mucho de las fiestas, yo protesto de que se acaben. En la despedida es muy buen momento de colgar este marcalibros que una familia de Jerez ha hecho este año con un viejo villancico mío para regalito de Nochebuena. El regalazo me lo han hecho a mí, como salta a la vista. El diseño y el dibujito del camello son de Paula F. de Bobadilla y el poemita (que transcribo en comentarios) sale francamente mejorado con la presentación:
Además ahora, efectivamente, nos toca marcharnos con la joroba por ahí. Buen año a todos a través del desierto.

lunes, 5 de enero de 2009

Cantar del Rey Baltasar

En Belén estamo,
branco seremo,
panderetico tocan, bailemo.
Ushiá, sanguaranguá,
gurugú vu, gurugú va.

Vistamo de cururaro
pues a tiempo hemos venido,
que el branco será vendido,
e lu negro el rescataro.
Dioso viste de encarnaro
todos el luto quitemo.
Tamboritico toca, bailemo.
Ushiá, sanguaranguá,
gurugú vu, gurugú va.

[Alonso de Ledesma, el divino, aunque culquiera diría
que Nicolás Guillén]

domingo, 4 de enero de 2009

Voy contra mi interés al enlazarlo

1) porque en la página web del Diario se han comido todos los puntos y aparte (menos el primero, que les pillaría desprevenidos) y todas las cursivas, sin dejarse atrás ni una.

2) porque le hago toda la publicidad que puedo a la estupenda versión de Ángel Alonso que ha venido a hacerme bien la puñeta. Yo ya tenía traducido más de medio libro de quintanares, que se quedará en la memoria de mi ordenador, flotando ingrávido.

sábado, 3 de enero de 2009

Roma & Japón

Un propósito del 2008 que pervive (propósito de finales del 2008, tampoco exageremos) es reseñar aquí los libros que me envían. También los cuadernillos.

Estas días me ha llegado uno de Antonio Fontán. Con estos envíos, el ilustre periodista y político celebra las fiestas, y hace bien: unos mandamos villancicos y otros ensayicos. Cada cual lleva al Portal lo que le sale natural. A mí es la primera Navidad que me lo manda, y lo siento porque hay títulos de Navidades pasadas que suenan estupendamente: El descubrimiento de Hispania (Navidad, 1988), Pérdida y recuperación del latín (Navidad, 1991), Antonio de Nebrija, Príncipe de los humanistas españoles (Navidad, 1992), La Hispania de Isidoro (Navidad, 2001), Erasmo, Moro, Vives (Navidad, 2002), Erasmo, Maquiavelo, Moro (Navidad, 2004) o Cervantes y su Quijote (Navidad, 2006). También tiene encanto, por otra parte, que, siendo éste el primer año en que Fontán es Marqués de Guadalcanal, mientras él estrena su título, yo estrene título suyo. Concretamente, Hispania y los hispanos en el siglo I d. C. (y el viaje del Apóstol Pablo a España). He disfrutado mucho leyéndolo. Hace un repaso de la presencia hispana en la Roma del siglo I, en las letras y en la política, y apuesta de paso por la visita paulina. A mí, me ha reavivado mi latinidad, como quien dice, y, entre líneas, me recitaba a Rubén Darío:

.......EHEU!

Aquí, junto al mar latino,
digo la verdad:
siento en roca, aceite y vino,
yo mi antigüedad.

¡Oh, qué anciano soy, Dios santo,
oh, qué anciano soy!...
¿De dónde viene mi canto?
Y yo, ¿adónde voy?

[...]

Y no sólo estoy viajando en el tiempo, sino en el espacio, hacia las japonerías. Abel Feu me ha dado el último de los cuadernillos de su Colección Haiku, escrito por Juan Bonilla, y titulado con mucha gracia y poco más: Li-po-timias. Mis favoritos, entre otros bastantes buenos, son estos dos:

.......UNA CARRERA

Te echo una carrera.
De aquí hasta el horizonte
y luego vuelta.

y
Aprende de las aguas del estanque:
cuando les tiran piedras,
se sonríen.

viernes, 2 de enero de 2009

Erre que erre con las piedras

El propósito más breve del año nuevo murió ayer. En el 2009 quería marcar, como los clásicos, los días buenos y los días malos, metiendo en una bolsa antes de acostarme o una piedrecita blanca o una piedrecita negra. La idea era contarlas en la próxima Nochevieja, y ver qué salía.

No saldrá nada. Anoche mismo me di cuenta de que los cálculos blancos y negros son cosa de paganos. Los cristianos estamos destinados a las piedras grises. Lo explico. No hay día negro-negro para nosotros: todo es para bien, Dios escribe derecho con renglones torcidos y un buen arrepentimiento endereza cualquier jornada. Pero albo tampoco hay ningún día: un buen pagano (y Dios los tenga en su gloria) con estar bien comido, bien bebido, bien filosofado y sin cefalea, vive felicísimo. Nosotros siempre debemos rezar más y preocuparnos más por los prójimos, que son, uf, innumerables. El justo, como usted debe de saber por experiencia, peca siete veces al día.

Una vez visto claro, quiero decir, gris, me entró la duda de por qué el aplaudible Pla llamaría a su diario El cuaderno gris. Ahora no recuerdo si el cuadernillo donde lo escribió tenía las pastas de ese color, pero sea como sea, el título es un acierto grande. El diario de un hombre de nuestro tiempo y de nuestra cultura irremediablemente será gris.

(Aunque hay grises preciosos: gris marengo para caballeros, gris perla para señoras.)

jueves, 1 de enero de 2009

Cuidado

Siempre ponerla: la primera piedra,
y no lanzarla con las prisas sobre
todo si uno no cumple el requisito
que a estas alturas es inalcanzable.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

¡Feliz año viejo!

Recordad: los artistas son los que saben acabar las cosas.

Y no olvidéis el proverbio viejo y claro que clama Deyaneira en Las traquinias: "Llamar a un hombre [o a un año, añado yo] feliz o infeliz... Eso no se puede saber hasta el día de su muerte". Así que ánimo, muchachos, que en estas horas nos jugamos el 2008.

Mañana nos deseareamos feliz año nueve.

martes, 30 de diciembre de 2008

Consejos y propósito

Amigos y maestros me desaconsejan el blogging. Argumentan que es perjudicial para mi creación poética. Aunque el paternalismo le repatea al hijo díscolo que todos llevamos dentro, yo agradezco muchísimo esos desconsejos. Imaginad que me animaran: "Dale al blogg, muchacho, y así, por lo menos, no cometes poemas..." Los agradezco y reconozco que me pasa (escribo menos poesía), pero abrigo dos capas de ilusión. Como la Navidad es tiempo de ilusiones, las cuento. La primera, que escribir menos cantidad sea mejor porque los poemas que me salgan sean sólo los invevitables. Y la segunda, que el problema del blogg no sea tanto el blogg, pobrecillo, como la vanidad, para variar. Si escribiese y punto, no me distraería apenas. Lo grave es volver a contabilizar las visitas, y volver a mirar si Ángel me enlaza en su columna dórica de la derecha, y sopesar cuánto gusta, si gusta, la cosa y defenderla a sangre y fuego en los comentarios si no gustó... Propósito para el 2009: hacer, en mi blogg, una entrada por salida. Limpiamente. No enredarme en la red.

lunes, 29 de diciembre de 2008

La voluptuosidad del hipocondriaco

Irse a la cama con tu mujer, en un ambiente electrificado, con la calefacción al máximo, cuando ella tiene la gripe y más y te tose cerca, muy cerca, no es nada, se mire cómo se mire, extraordinario. Aunque cuando se tiene hipocondría, uno da vueltas bajo la manta, inquieto, imaginándose los virus que se extienden por el aire y van arraigando hondo en su sistema respiratorio y acaban ganando la batalla en el estómago, donde sientan plaza. En ese momento de encendidas imaginaciones se siente, de una manera muy palpable, y también sacramental, el hecho de ser una sola carne. En este caso, doliente, lo que redondea el círculo. (Hipotéticamente por ahora.)

domingo, 28 de diciembre de 2008

Una higa de coral

Yo le mando a mi zagal
una higa de coral
para que no le haga mal
el ojo del rey malvado,
.....que enojado,
.....y emperrado
.....el menguado
de niños es sanguijuela.

["A la chiribirivuela", villancico anónimo]

sábado, 27 de diciembre de 2008

Susana y los viejos. Rembrandt

C.1636, Óleo sobre tabla, 47.2 x 38.6 cm. Royal Cabinet of Paintings, Mauritshuis, La Haya, y temporalmente en El Prado:

Yo, acercándome mucho: Pero, ¿dónde se esconden los viejos?
Leonor: Los viejos somos nosotros.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El tabique indiscreto

Vivir en piso tiene múltiples encantos, que, como todo en la vida, se aprecian mejor cuando uno no vive en piso. Acogido durante las Navidades en el piso de mi suegra, los estoy disfrutando bastante. Asomado a la ventana, viendo el ajetreo diminuto de una calle de Madrid, uno, que es de pueblo, se siente como un pájaro en la rama, suspendido sobre los afanes humanos, mecido —si no por el suave viento, sí por un leve vértigo—, arrebujado en el plumón de la calefacción, a punto de romper a cantar. Luego, por la noche, leo en el salón y oigo, a través del tabique, las noticias de la radio que escuchan sin descanso los vecinos. Las oigo nítidamente, como los llantos del niño de arriba, o los gritos de no sé dónde, y, sin embargo, las noticias, gracias al tabique interpuesto, parece que ocurriesen en un mundo lejano, o no, cercano, pero ajeno. No me turban.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Feliz Navidad


Dibujo de Nicolás García-Máiquez Mateos (véase la nube), y villancico de un servidor:
Este año no me sale
el villancico... ¿Y por qué
me tendría que salir?
¿Tengo yo la sencillez
de los pastores o el vuelo
del Arcángel San Gabriel
o entono como los coros
angélicos de Belén?

Pero como soy grafómano
no me logro contener
en un prudente silencio
y a todos jaleo: ¡Olé!
Viéndome se ríe el Niño
y entonces suspiro: Amén.

martes, 23 de diciembre de 2008

Tabaco y cine

A pesar de tantas presiones político-correctas, no será fácil que los actores dejen de fumar en las películas, ni tampoco sería aconsejable. El tabaco remarca la respiración de los personajes; y la respiración es la vida, y, poniéndonos etimológicos, el espíritu. El tabaco desempeña en el cine el mismo papel que la métrica en la poesía: hace palpable algo tan etéreo como el aliento vital.

Lo he visto claro en My Blueberry Nights, la última de Wong Kar Wai. Aunque nadie lo diría, se trata de una película muy apropiada para las Navidades, que os recomiendo efusivamente. Además de la preciosa fotografía (rozando el preciosismo sin caer en él), de las constantes sorpresas del guión, de la suave banda sonora, del humo del tabaco, además de todo eso, la historia esconde —y va mostrándonos poco a poco— un trasfondo de esperanza.

Y todavía más. Desconozco las lecturas de Wong Kar Wai, pero ¿quién no ve en la escena del beso una variación del delicado poema "Berceuse" del JRJ del Diario de un poeta recién casado? Y la frase final, que resume toda la película, ¿no es una paráfrasis de la filosofía de G. K. Chesterton, concretamente de ciertas ideas de Ortodoxia y del argumento entero de Manalive? Si no influencias, son confluencias que nos muestran una honda sensibilidad similar. Mientras tanto, las carreteras y las barras fijas de los bares son la metáfora de la cuerda floja por donde atraviesan los personajes. La cruzan limpiamente hasta el final.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Raúl Pizarro

Cuando Aquilino Duque escribió que este libro, Caída hacia la luz (Notas de un diario), Adonais, Madrid, 2008, tendría que haberse titulado Diario de un poeta a punto de casarse, me dio un ataque de celos. Ese juego de palabras se me tendría que haber ocurrido a mí, que además había tenido el privilegio de leer el libro en versión maquinuscrita varios meses atrás, cuando Raúl estaba, efectivamente, a punto de casarse.

Luego, releyendo el libro, he visto que la historia de su boda inminente apenas si sale en su diario, que no condesciende a la anécdota biográfica. La categoría de estos poemas está en su textura emocional. Yo, entrando en el capítulo de mis manías personales, destacaría la finura de su adjetivación y su ojo para los pájaros. De lo primero, un botón de maestro:
Un gorrión... Aparece suavemente
y pasea por las ramas fuertes del limonero.
Ese "fuertes", tan sencillo como suena, retrata perfectamente al limonero, que parece de alabastro oscuro, y más en contraposición a la levedad del gorrión. De árboles, Raúl Pizarro sabe tela, y hace todo un recorrido botánico-poético bajo ciruelos, nísperos, jaboneros, alcornoques, nogales, sauces y la sombra del ciprés.

Pero vayamos con los pájaros. Ya tenemos al suave gorrión, también aparece "el pincel distinguido de cualquier golondrina, / su acrobacia veloz, ágil, resuelta", y otro gorrión en un día de bochorno. La sorpresa mayúscula me la ha dado el minúsculo chochín, que yo decía que en español no cabe en un poema, y que Rául consigue nombrar con mano experta en esta refrescante estrofa:

La luz llegaba rota a la orilla del río,
hermosamente ............. rota,
y bajaba entre trinos
de mirlos, mosquiteros y chochines.

Para que esta nota de lectura no se quede sólo en un repaso raudo al ritmo de mis obsesiones personales, paso a copiar entero un poema que tiene toda la delicadeza de un haiku:

..........2 DE OCTUBRE

Las azaleas
que transplantamos
todavía resisten, languidecen
en la terraza,
recibiendo unas pocas atenciones.

Sus pétalos pequeños me reprenden
con piedad.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Adagio

La mesa redonda salió ídem. No sólo por lo animada e interesante, sino porque se dio la vuelta y yo, que había ido a disertar, salí aprendiendo mucho.

Armamos entre todos bastante ruido con el asunto de la fluencia de un blog. ¿Tiene que tener un ritmo de actualizaciones, sí o no? Yo defendía (y defiendo) que sí, pero no defendía mi ritmo, que es o era un presto, allegretto o allegrissimo... En realidad, uno tiene claro que sin silencios no hay música, y que sin remansos, los ríos son torrenteras.

Otra opción a tener muy en cuenta es la posibilidad de un ritmo interactivo: que sean los visitantes los que mantengan viva una entrada mientras van haciendo comentarios. Darles su tempo, su tiempo. Fue muy revelador el comentario de Glez. Romano en el que se hacía eco de las quejas de algunos de sus lectores que no pueden seguir el ritmo de las entradas.

Yo he ido concluyendo, y una de mis conclusiones es que ahora me toca adagio. No sé si seré capaz, porque tiendo a confundir el teclado con una batería, pero, para empezar, voy a eliminar mis propias interferencias. He abusado de colgar links a mis artículos, que son ya cuatro por semana, como mínimo. Eso ahoga cualquier blogg, así que para que esos trasvases no alteren el cauce, me los voy a llevar a una piscina con su trampolínk y todo, por supuesto.

(Sólo seguirán aquí las columnitas de La Gaceta porque por su tamaño y su tema, las concibo como entradas de Rayos y truenos.)

viernes, 19 de diciembre de 2008

Una entrada menor

Ayer recordaba el poema de Pedro Sevilla donde contrapone el tiempo de los pueblos —que siempre cruza en línea recta— con el de las ciudades (circular). Eso es una manera metafísica de afrontar las diferencias entre pueblo y ciudad. Yo, ayer, descubrí otra menor y anecdótica, aunque no exenta de encanto, como una pequeña acuarela. Entrando en Sevilla, nada más pararme en el primer semáforo de la avenida de la Palmera, me fijé en que la chica del coche de la derecha estaba aprovechando la paradita para pintarse los labios con prisa y precisión. Eso en los pueblos no se ve, probablemente porque las posibilidades de que la persona del coche de al lado sea conocida son inmensas. Luego doblé a la derecha y en Bueno Monreal, otro semáforo, otro coche al otro lado y otra chica pintándose otros labios, y arreglándose el pelo. Yo iba a hablar de blogs a una mesa redonda y por un momento, como la mariposa de Chuang-Tsu, no supe si iba a encontrarme allí con Rocío Arana o si ya estaba dentro de su blogg.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Licencia de sombra

Belén Núñez ha sido la musa de uno de los poemas más impresionantes de Pedro Sevilla, titulado, además, con su nombre: "A Belén Núñez" de Septiembre negro (Renacimiento, Sevilla, 1992). En él se contrapone el tiempo en línea recta de los pueblos con el circular y casi virtual de las ciudades. Los que somos de pueblo nos sentimos bien retratados en el vértigo de esos versos. Pero a Belén Núñez no le bastó ser musa y se bajó a la escritura. Por ahora tiene un libro, La música del sol (Barro, Sevilla, 1996) que me llegó hace poco. Es un libro primerizo, pero no tanto como para lamentar que la musa se apease de su pedestal. Ella, cuando se contiene, llega lejos, como en “Certeza”: “Qué roto está el firmamento:/ sabe ya que no me quieres”.
Y suma (restando) y sigue:

..................SOMBRA MÍA

No sé cómo te las arreglas
para estar siempre en mí.
Ni quién te dio
licencia de sombra.
Sólo sé que permaneces
en el verso
escoltando esta letra, tan tuya.

Versos estremecedores los hay a puñados. Ya que empezábamos con Pedro Sevilla, mirad cómo acaba un poema a él dedicado: “Sólo que ni tú podrás consolarme”. Qué homenaje tan bonito y tan triste, tan tembloroso, ¿no? Hacia el final del libro se descubre un veta irónica (“Para vivir” [p. 64] o “En clase de informática” [p. 71]), que nos promete muy buenos momentos con su próximo libro. Me dice que quizá salga pronto.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Del Gran Teatro al Polipoly

Mientras que el mundo era un gran teatro, los actores se tomaban a sus personajes en serio y trataban de no salirse del papel. Se daba por supuesta la presencia de un Espectador, que al final aplaudiría, o no, ay. Y, además, entre las posibilidades se contaban la tragedia, la comedia y, sobre todo, el auto sacramental. De un tiempo a esta parte, el gran teatro del mundo también ha entrado en crisis, y nos ha quedado un juego monótono según las reglas de Maquiavelo, sin actores, con tahúres.

martes, 16 de diciembre de 2008

Lectores

Hay casualidades impagables. Mientras que un lector me riñe por teléfono por haber sido muy temerario en un artículo, abro un correo electrónico en el que otro me acusa de timorato por ese mismo artículo. Ambas críticas se compensan y me quedo en medio, tranquilo por una vez.

Se ha convertido en un tópico literario asegurar que conocer a los escritores en persona conlleva una gran decepción. Por supuesto. Pero habría mucho que contar también sobre la impresión que produce conocer a algunos lectores. Aquel que al pedirte una cita te había asegurado que te admiraba muchísimo, cuando llega, en realidad, ha leído tres poemas tuyos en una antología, pero tiene gran interés en que le corrijas su libro inédito, que trae en un grueso sobre, que deposita en tus manos. Otro, en cambio, sí te leyó a fondo y te aprecia mucho, tanto —pondera, abriendo los brazos— como a Antonio Gala.

Me había extrañado mucho siempre que Luis Cernuda, cuando era un poeta consagrado, dedicase un poema a su lector futuro, uno y poeta, en el que ponía todas sus esperanzas; pero cada vez le entiendo mejor y con más melancolía; y eso que yo, sin ser tan consagrado, tuve más suerte y tengo unos pocos lectores estupendos, contando con mi madre y mi mujer. No son demasiados, pero bastan, y me hacen alentar la ilusión de que haya alguno más, silencioso, al otro lado de la página. Muchas gracias.

lunes, 15 de diciembre de 2008

domingo, 14 de diciembre de 2008

¡Manda condones!

La última de Bernat Soria (o penúltima, porque ahora está reavivando la eutanasia, valga la paradoja), la penúltima, pues, o la que sea, que perdemos la cuenta con este hombre de curioso currículo, ha sido una nueva campaña a favor del koke [sik], antes llamado condón o preservativo. Las campañas a favor del preservativo son un clásico, como la lotería y los turrones. Yo no estoy en el target de esa publicidad, pero, desde la barrera, me asombra el escaso poder de convicción de los anuncios. A nuestros adolescentes las autoridades de los sucesivos gobiernos de España apenas les han animado jamás a otra cosa desde los tiempos lejanos en que yo fui, aunque parezca mentira, adolescente, y sin embargo no acaban de convencerles. Nuestro sistema educativo ha hecho un esfuerzo de síntesis y concentración en lo sexual, pero ni así. Tienen que seguir insistiendo.

Y además con adaptaciones curriculares. El anuncio conviene verlo para hacerse una idea de la gente que nos manda. Va de un hip-hop, y eso, aunque suena a ejercicio de aerobic, es un tipo de cante, así como suburbano. Oyendo la letra, lo indiscutible es que en el Ministerio de Sanidad creen que para entenderse con los jóvenes hay que hacer como los que se dirigen a los niños pequeños en diminutivos y diciendo el gua-gua y la caca; pero con voz de malote y en plan rollos, koko y stop. Y con musiquilla: “Tronco, yo no corono rollos con bombo, yo sólo con condón, con condón y floto pronto [...]. Con koko, yo gozo mogollón”.

El que flota mogollón es el ministro. Que Sanidad, frente a los 112.138 abortos en 2007 no tenga otra ocurrencia que salir con esta música, alucina, tronco. En primer lugar, porque a estas alturas, tras tantas campañas a favor del dogma de la goma infalible, no ha parado la sangría. En el último año los abortos han aumentado más de un 10 %. A muchos les parece el preservativo la panacea, pero el problema es que no lo es. Tras tanto mandar condones y recomendar condones y regalar condones, viendo cómo suben los abortos año tras año, ya podrían plantearse otras alternativas, aunque fuesen coordinadas con los clásicos anuncios del condón, y a modo de prueba.

En segundo lugar, esa forma brutal de frivolizar una concepción (“yo no corono rollos con bombos”) no es manera de concienciar acerca del valor de una nueva vida ni de responsabilizar ante los embarazos. De hecho, parece una apología implícita del aborto, ¿o no? Aunque venirles con la trascendencia del lenguaje a los creadores del hip-hop, es pedir peras al tronco, colega.

Por más vueltas que le den al koko, no se concibe (con perdón) una educación sexual que merezca los nombres nobles de "educación" y de "sexual" si no se funda en la dignidad de las personas, en el misterio (casi intangible) de los cuerpos, en un pasmo continuo ante la maravilla de la vida, en el milagro frágil del amor. Claro que para hablar de eso hacen falta mucho más que condones.
[Diario de Cádiz, 14-12-08]

sábado, 13 de diciembre de 2008

Feisbuqueando

Básicamente Facebook personaliza el Hola. Los usuarios cuelgan sus fotos y sus conocidos las ojean. Los usuarios hablan de sus viajes y de sus planes y sus conocidos se enteran de todo, y así vamos pasando el rato, que diría el maestro Pla. A mí el Facebook no me vuelve loco, porque puestos a personalizar prefiero intentarlo con El cuaderno gris, por poner un alto ejemplo. Pero nunca se puede decir de este agua no beberé, y yo hoy voy a colgar fotos de un almuerzo al que me invitaron. El lugar era "Salto al Cielo", la finca de los López de Carrizosa, rama Peraleja, y en cuanto vi el perfil de la casa me dije: ¡Esto va al blogg!
Sí, sí, os habéis dado cuenta: en versión bajoandaluza y con las rebajas que acarrea la realidad, recordaba irremediablemente a Brideshead, que es uno de nuestros lugares de encuentro. Además, yo ya había estado antes allí y mi tema, ese día, fue la memoria. También tiene un punto Waugh el nombre de la finca, que se llama "Salto al Cielo" porque antes de la desamortización era el asilo de los cartujos, donde iban los monjes viejos a prepararse para el viaje, una especie de trampolín. La capilla, muy siglo XVIII, era preciosa, como un templete. Y eso es todo. Aunque puestos a feisbuquear, ¿cómo no poneros una foto nuestra? Las cosas, aunque sean las más tontas, hay que hacerlas a conciencia.
Y luego está la dimensión social del facebook, así que ahí os arreo una foto de la compañía, en el burladero de una plazita de toros del XIX de piedra, muy bonita. Como podréis comprobar por mi relajo, no se soltó ninguna becerra, gracias a Dios:


Lo de poner los nombres de todos es puro facebook, pero eso a mí me parece demasiado, la verdad. Lleguemos a un consenso y déjemoslo en que arriba del murete está Blanca Briales, la atenta anfitriona consorte o connuera, y que las fotos son de Inés Domecq, la pobre, que no posó nada, todo el rato corriendo para adelante y para atrás con su cámara. En cualquier caso, todo esto es la intrahistoria. Vine aquí a compartir con vosotros la cúpula, el verde inglés del prado, el eco a Evelyn...


viernes, 12 de diciembre de 2008

Sin entrada

Cada mañana a las siete y veinte, con el tiempo en los talones, chorreando de la ducha, tengo que acordarme de coger antes de cerrrar de un golpe seco de muñeca la puerta de casa:
-El llavero
-La bufanda y el paraguas
-El maletín de profesor
-El portátil
-Los libros que voy a poder leer según las horas libres que tenga entre clase y
clase
-La cartera
-El dinero para dentro de la cartera (debo ya en la cafetería tres (¿o son cuatro?) cafés)
-El pen drive
-El móvil
-El cargador del móvil
-Los altavoces que me prestó un alumno para mi clase en
Madrid del jueves de la semana pasada y que todavía no le he devuelto.
-El CD con El viaje de Chihiro que me prestó una alumna a finales de octubre
-El llavero del IES con las llaves de las aulas y de mi departamento
-La tarjeta de fotocopias
-El Purgatorio en traducción de Dorothy L Sayers, que me ha pedido Aurora Rice
-Los exámenes corregidos de Soldadura
...No quiero entrar en más detalles penosos, pero entre otras cosas, se me ha olvidado el pen drive donde llevaba la entrada de hoy.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Otro jueves

Salgo con tiempo de sobra, pero el tráfico se espesa inesperadamente, como siempre. Ya estoy mirando al reloj como si fuese un cronómetro. Según el color de los semáforos pienso “No llego” o “Sí llego”, deshojando la margarita a ritmo de embrague. Y lo peor me espera allí: el aparcamiento impracticable.

Llego al sitio y empiezo a dar vueltas. Muy cerca, pero en dirección prohibida, descubro un sitio tan amplio que incluso yo podría meterlo a la primera. Pero para llegar aquí tendré que dar toda la vuelta a la manzana. ¿Me lo quitarán? Desde Adán y Eva, las manzanas son peligrosísimas. Acelero un poco, lo que puedo: delante tengo un coche verde y lento y, más allá, otro blanco. El blanco no puso el intermitente: uno menos. El verde, sí. ¿Lo habrá visto él también? Le piso los talones.

En el paso de cebra se nos interpone una familia numerosa. Mientras empujan el dificultoso carrito, he de hacer un esfuerzo por mantenerme fiel a mis principios profundamente natalistas. Me mantengo. Cuando vuelven a cruzar para recoger al abuelo, que espera al borde de la acera, ponen a prueba mi frontal rechazo a la eutanasia. La rechazo. Ya han cruzado todos, por fin, y acelero. Doy una curva cerrada y allí está esperándome mi sitio, el mío, todavía. Aparco a la segunda. Miro el reloj. Seis minutos tarde. Casi puntual. Uf, respiro. ¿Quién dijo que los jueves son rutina?

martes, 9 de diciembre de 2008

Poetas, pájaros

Si Garcilaso volviera, Isabel Escudero sería una de sus ninfas. Y si regresara el Marqués de Santillana, pastorcilla sería. Escudero es una de las poetas más encantadoras (y cantadoras) de hoy. Entronca sus breves versos, hechos de aire y gracia, con el cancionero tradicional. Su penúltimo libro, Fiat umbra, lo he recomendado vivamente en una revista de poesía, que es donde toca.

Aquí toca hablar de poetas y de pájaros aprovechando que acaba de publicar Gorrión, migajas..., una antología de sus canciones sobre aves en la pequeña, preciosa colección dedicada a poemas ornitológicos de Pre-Textos. Los hombres en general suelen tener una amistad muy honda con sus perros. Los poetas, al menos los que pertenecen al género humano, también; pero además sienten una especial querencia por los pájaros. Las oscuras golondrinas de Bécquer, el ruiseñor de Keats, la alondra de Shelley, el albatros de Baudelaire, el cóndor de Neruda, el chochín de Chesterton, las urracas de d’Ors, la zumaya de Lorca, el pájaro solitario de san Juan de la Cruz y de Leopardi, el gorrión de Catulo (que lo fue de su amada), etc.

Natural: los pájaros, como los poetas, se andan por las ramas, agitan las plumas, van de vuelo, tienen ojillos febriles y, sobre todo, cantan, cantan. Como Isabel Escudero: “Se escapó el pájaro/ por el roto/ que abrió su canto”. Se escapó, sí, hasta venir a comer migajas, ¡oh!, en nuestras manos.

lunes, 8 de diciembre de 2008

La batalla de Lepanto

No, no asustaros, que ya sé que la batalla de Lepanto fue el día de la Virgen del Rosario y no el de la Inmaculada. Hoy es día de primer aniversario, lo recuerdo. Lo de Lepanto es porque tengo el cuerpo ligeramente cortado y no estoy para nada, nada. O solamente para acordarme obsesivamente de Cervantes, que con unas fiebres serias se empeñó en dejarse la piel (y la mano) en la mayor ocasión que vieron los siglos. También me acuerdo de mis enfermos conocidos que llevan lo suyo con mucha más gallardía que yo mi pequeño corte de cuerpo. Qué valientes todos, uf.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Justificaciones

Mi apellido nobelesco [sic] ya me exige alguna introducción. Las explicaciones con mi lugar de nacimiento son más largas. Lo más fácil hubiese sido decir directamente que nací en El Puerto, y punto. Pero yo le tengo cariño a Murcia, como es natural. Está, además, la cita de Gaya: “Para mí las cosas murcianas, este paisaje por ejemplo, tienen mucha importancia. No tengo raza allí, pero se ve que ese primer llanto cuando uno aparece tiene mucha importancia, no sé, son cosas secretas". En Ardua mediocritas intenté aclarar el asunto con un versículo: "Nací en Murcia y soy del Puerto de Santa María", pero quien dio en la clave fue Feu, que me puso entre paréntesis (Murcia, pero El Puerto de Santa María, 1969). Queda un poco prolijo, paradójico, barroco, ya lo sé, pero es lo que hay, y tampoco voy a quitarle el Santa María a mi pueblo ni, mucho menos, mi pueblo a Santa María. Así estaban las cosas; ahora, parece, vamos a tener que empezar a justificar también nuestros sexos. Qué entretenidos vamos a estar.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Lenguaje no verbal

En mi IES hay un alumno con una grave deficiencia mental. Necesita apoyo continuo, y yo, aunque lo intento, no he conseguido aún distinguir, entre las dos señoras que se alternan, cuál es la asistente social, cuál su madre. Me parece bonito.
*
Ayer, en la estación de tren, según salíamos, un hombre de unos treinta y muchos años saludaba con una cara radiante de ilusión por encima de mi hombro a alguien que venía detrás de mí. Pensé: "Con menos años, sería su novia, pero..." Me volví, curioso, y vaya, efectivamente, estaba saludando a su madre.
*
A cambio, en El Puerto, vi hace unos días a un matrimonio que durante su paseo se había encontrado con otra señora. Se habían parado los tres a saludarse animadamente. Algo no encajaba, sin embargo. Me fijé mejor y pude comprobar que el marido estaba vuelto, como con sorpresa y alegría, hacia su propia mujer.

jueves, 4 de diciembre de 2008

El curso infinito

Funes, el famoso memorioso, necesitaba como mínimo un día para recordar un día; yo necesitaría una clase entera, como poco, para precisar lo que dije en la clase anterior, y así sucesivamente.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

En camisa de once crisis

Si no las enumero todas es porque varias se me han quedado fuera de los 2607 caracteres con espacio del artículo. Pero tiempo habrá, por desgracia, para ir una por una. Ah, y una errata: la columna se titulaba "Las crisis y las cruces".

martes, 2 de diciembre de 2008

Pedro Serna


"Anémonas", Acuarela, 33 x 50 cm., Catálogo Murcia, una mirada. Murcia, 2008. Prólogo de José Mateos, textos de Paul Cézanne y Vincent Van Gogh.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La perfecta casada

Aprovechaba las primeras horas de la jornada laboral para aplicarse la crema anti-edad. Luego, en la reunión con los proveedores, se limaba las uñas. La mascarilla del pelo se la aplicaba en la hora del café, y la de la cara mientras despachaba por teléfono con los de la Delegación de Londres. Durante la hora de la comida se ponía la crema bronceadora. La leche corporal la reservaba para las horas de la tarde, siempre más tranquilas. Antes de abandonar la oficina, se daba el contorno de ojos, se pintaba los labios, se extendía crema hidratante, se peinaba con cuidado y elegía el traje y el perfume para esa noche. Llegaba a casa a la hora espectacular del crepúsculo, y lucía radiante, tersa, rejuvenecida, perfecta.