martes, 14 de noviembre de 2006

Chasco y recompensa

Después de varias semanas en las que apenas he podido leer por gusto ocupado en escribir, entre otros encargos, un prólogo; abro por fin un libro. Y de pronto me doy cuenta de que he empezado directamente por la página 103, saltándome con agilidad el extenso estudio preliminar, ¡con el esfuerzo que le habrá costado al pobre Jaime Siles...! Y cae sobre mí, como un jarro de agua fría, la inutilidad de mis desvelos. Aunque enseguida lo olvido, reconfortado por la voz de José Luis Tejada, cuyos primeros versos no conocía. Éstos, por ejemplo:
Dicen que sigo siendo un niño...
Que no he vivido, que no sé.
Yo, alguna vez, pienso lo mismo:
Que soy un niño, ¡bueno y qué!

15 comentarios:

Joaquín dijo...

Por experiencia sé que los prólogos e introducciones, caso de haberlas, hay que dejarlas para el final. Se corre el riesgo de invertir las energías que debieran reservarse para el disfrute del texto, en estudiar una disquisición mejor o peor intencionada.

Enrique Baltanás dijo...

Muy de acuerdo con Joaquín. No debería haber prólogos, sino epílogos.

Breo Tosar dijo...

Unamuno, paradójicamente, opinaba lo contrario que Joaquín.

Juan Ignacio dijo...

Me han gustado mucho los versos citados. Gracias.

Joaquín dijo...

Sin contar, naturalmente, que los prólogos son un género literario en sí mismo, claro...

AnaCó dijo...

Muy despejantes estos versos. Gracias!

Constanza dijo...

Enrique, una tontería que quizás no lo es, en medio de las cuestiones legales en que se ha metido esta entrada. Tu señora está siendo protagonista de tus relatos tanto como tú, y no la nombras. ¿Cómo se llama?

Luis dijo...

Constanza hay que leer más. Es broma me refiero a leer más entradas de Enrique que no leer más en general, que ya pasé por tu blog y veo que hay interés por leer. El nombre de la musa es..... Jejeje que lo diga Enrique, que lo dice mejor. Y ahora que lo pienso, debe de ser uno de los nombres junto al de su madre, que más se esten oyendo hoy en día en España.

E. G-Máiquez dijo...

Como un político, te agradezco mucho esa pregunta, Constanza, que me permite atizarte un poema que le dediqué al nombre de mi mujer:

NOMBRE PROPIO

Locura de escribir tu nombre, muchas veces,
En las paredes, en los álamos del río
O incluso en mis poemas. Sin vergüenza lo escribo;
¿No sabes que el amor es siempre adolescente?
Oh mi amor a los nombres y a tu nombre, tan mágico.
Releerlo me deja rozarte con los labios.

E. G-Máiquez dijo...

Ahora la intriga es mía: ¿Luis, a qué madre te refieres, a la mía, la que no hay más que una, o a mi suegra?

Ignacio dijo...

Creo que se refiere a Leti.

Sobre prólogos, una excepción ilustre: la proliferación incontrolada que envuelve, como capas de cebolla, a la "Historia de la novela de la Eterna", de Macedonio Fernández. No es que sean mejores que la novela, es que son la novela.

Y uno que hay obligatoriamente que leer al final, y por eso está puesto ahí. El de Claudio Magris a la maravillosa "Verde Agua", de su maravillosa esposa Marisa Madieri.

Inma dijo...

Qué bien que se delate, Enrique, tu despego respecto a la prensa rosa. Creo que con su acertijo Luis se refiere a la madre de otra Leonor,o sea a Leticia, la que se casó con el príncipe Felipe y se convirtió en princesa.

Me encanta que nos recuerdes el poema de amor con acróstico oculto. Imagino que tus musas estarán encantadas con tu mujer, que les ha brindado un nombre tan poético y machadiano...

Luis dijo...

Jeje a ninguna de las dos. Me refería a la recién llegada Leonor, hija de la conocida Letizia.
Un abrazo

E. G-Máiquez dijo...

Ah, la familia real...

Jesús Beades dijo...

muy buena esa minúscula, Enrique.

(por cierto, vuelvo por mi vlogg, con v de volver).