jueves, 9 de noviembre de 2006

Privilegios

Quien protesta contra los privilegios es porque no los ha tenido jamás. Y quien entienda la frase anterior como un regate cínico es porque no los ha tenido jamás. Quien ha gozado de algún privilegio alguna vez sabe, como explicaba Ortega y Gasset en La rebelión de las masas, que el privilegio, mucho antes que cualquier otra cosa, es una exigencia. Hay que mantenerlo: mantenerse a su altura. A mí, un magnífico poeta me manda sus inéditos. Asisto así, desde la primera fila, al trabajo de un grande, lo cual es muy instructivo y apasionante. A cambio, sin embargo, tengo que hacer los comentarios justos, que no es fácil. No me los manda para que le aplauda, como es lógico, pero una crítica que se pase es peor, como en el juego de las siete y media. Con todo, lo más duro, desde que mantengo este blogg, es el silencio sacramental: no poder colgar aquí algunos de esos poemas, que tanto os gustarían.
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Hecha mi queja, os recuerdo que todos tenemos nuestro buen puñado de privilegios; sólo que la primera exigencia de un privilegio es saber verlo como tal. Así que abrid bien los ojos.

3 comentarios:

Aquilino Duque dijo...

Noblesse oblige

Juan Ignacio dijo...

Aunque pareciera no ser tan grave como el de la entrada anterior, es otro olvido de la sociedad moderna este de los privilegios...

Aunque creo que eso depara pensamientos en otra dirección y, si tengo en cuenta las palabras con las que cerraste, imagino otro tipo de privilegios, que confundimos muchas veces con cosas y sucesos ordinarios...

AREVA dijo...

Si tenemos que escoger entre privilegios-obligaciones y derechos-deberes, siempre nos quedamos con los primeros y obviamos los segundos.

No viene mal que de vez en cuando nos recuerden que no se puede tener los unos sin los otros. No se pueden separar, vienen juntos (como los packs de los yogures).