martes, 13 de enero de 2009

Cara B

Parece que Reyes fue hace un siglo, ¿verdad?, pero fue el martes pasado. Entonces, a la dorada luz del alba, sentí que todo, mis regalitos, claro, y mi mujer, mi casa, la calle, los árboles, mis sobrinos, todo, era un presente de Epifanía. Tuve que hacer un esfuerzo para no hincarme allí mismo de rodillas en una acción de gracias cósmica. Hubiese resultado cómica, me temo; o producto quizá de la agitada noche anterior, en la que ejercí de paje real hasta las tantas y no me quedó otro remedio que beberme todo el brandy que habían dejado en una bandeja para Baltasar, que se ha vuelto abstemio. Disimulé lo que pude, pero aquella sensación de plenitud y de gratuidad para mí se queda.

Ahora la sensación es la contraria. Los regalos he de ganármelos con el sudor de mi frente. No se trata sólo de que hayamos vuelto ya al trabajo con todas las de la ley, sino que con los regalos propiamente dichos también hay que esforzarse un montón. Los libros que todavía tengo apilados en una esquina habrá que ordenarlos, por supuesto, y leerlos, entenderlos y memorizarlos. A los aparatos electrónicos debemos descifrarles sus crípticos manuales, desliar sus cables, montarlos... Uf, ¡cuánto nos queda por hacer! Hasta los próximos Reyes, más o menos. Todo regalo tiene su retroceso, su cara B. Y viceversa: todo trabajo es un regalo (con la crisis, esto se ve claramente).

12 comentarios:

Adaldrida dijo...

pues no te digo yo, que me dejé en el AVE mi Armadale de wilkie Collins, tenía leídas 150 páginas me estaba entusiasmando como todo Wilkie Collins...
Y tengo un graaaan resfriado encima. Así que te entieeeeendo.

José Miguel dijo...

No había pensado en la cara B de los regalos, pero es verdad. Sobre todo la cara B de los regalos de los niños, de los juguetes. Para los padres supone un trabajo extra de reciclaje de cartones, y para los niños la abundancia de regalos, todos el mismo día, en casa de los padres, de los abuelos, de los padrinos... les mata muchas veces la ilusión.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Mi cara B fue la noche previa, montando un carrito de bebé para mi hija pequeña: un máster se necesitaba. Claro que luego también hice de paje, y me tuve que tomar las copas y los turrones que mis hijas habían dejado para sus majestades.
En cuanto a los manuales, hay quien dice que la humanidad se divide en dos grupos: los que leen los manuales y los que no. Uno se da cuenta de que se va haciendo mayor cuendo comienza a tener que leerse los manuales de los productos electrónicos...

Anónimo dijo...

muy apropiado este artículo para celebrar pudorosamente tu cumpleaños. Abrazos y felicidades! Jaime

Jesús Cotta Lobato dijo...

Me quedo con ese presente de Epifanía: espero que ese regalo no necesite baterías ni cables. Un abrazo

Néstor Aparicio dijo...

Sí, pero es una deliciosa cara B que permite disfrutar más allá de la primera sorpresa.

Mery dijo...

¿Cómo guardar, para después mostrar, esos momentos mágicos que no se definen con palabra alguna?

carmen dijo...

Cuando no existían contendores y la basura se dejaba amontonada, me encantaba la montaña de cajas de juguetes destripadas que se formaba el día de Reyes.

Nodisparenalpianista dijo...

Lo mejor de los mal llamados sencillos -discos- siempre feuron las caras B y las bonustracs, que hacían cuasi eterno el disfrute.

Luispa dijo...

Noto mucha cara b y mucha cruz, ¿Quique estamos pesimistas o dicotómicos?

E. G-Máiquez dijo...

¡Estaba de cumpleaños, Luis P., y cuarenta! ¡Y tú en la playa y tan jovencillo, qué envidias!

Luispa dijo...

Felicidades. Bueno, yo ya más cerca de la cuarta decada, que de la tercera. Eso sí, disfrutando de un clima que invita a pasear por la playa.