viernes, 17 de septiembre de 2010

El síndrome Sansón

Lo padezco. Y tengo mucho interés en saber si es algo generalizado. Cuando me pelo pierdo toda mi fuerza (y como física no hay mucha que perder, pierdo sobre todo la intelectual). Venía notando esos efectos de hace tiempo, pero habida cuenta de lo torpe que estuve antes de ayer, todo el día, después de ir al peluquero, ya he visto claro que es un síndrome. Me pica todo el cuerpo y tengo como una leve sordera, y estoy lento e incómodo, como medio mal dormido. Se puede aventurar una explicación científica, para dejar a la bíblica en paz. Esos meneos de cabeza, inclinada para acá, y para allá, la sensación lorquiana de la navaja en la nuca, los retorcimientos de oreja, el cepillado final de la caballera, la raya hecha a presión y con la ayuda del secador, la amistosa conversación animada… Poco a poco, todo te va aturullando. Luego, lógicamente a uno le cuelan todos los goles del mundo durante las siguientes horas. Sin embargo, hay una conexión con lo bíblico que me escama: yo siempre voy a pelarme cuando me lo dice mi mujer.

9 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

No sabria decirle, no lo padezco. Aunque siempre voy por recomendación de mi esposa, eso sí. No me preocupe.

NGG dijo...

He visto tu blog por mi ventana.
Un rayo iluminó mi cuarto
y un trueno adelantó la mañana.
Qué susto, joder.
Un saludo

Mora Fandos dijo...

Enrique, ya sabes que fe y razón deben andar siempre del brazo. ¡Muy simpática la entrada!

carmen dijo...

Si te consuela yo tengo una melena pantojera y aunque retraso ir a la peluquería por pereza, no noto que la melena me vuelva especialmente lúcida ni brillante.
A lo mejor con los pelos solo se puede conservar lo poco que tenga cada cual y perder al cortártelos pero no ganar por dejártelos crecer,como los amores de conveniencia.

Anónimo dijo...

Hace tiempo sentía yo alguno de esos síntomas cuando me cortaba las uñas. Es como si el cuerpo se quejara por esas mínimas mutilaciones.
Jilguero

Gómez de Lesaca dijo...

Cuando vamos al barbero todos somos un poco castizos y del siglo XIX. Y los más modernos se parecen al hombre que sale en la etiqueta de la loción floyd

Saludos.

Antonio Rivero dijo...

Me he quedado boquiabierto. Y lo digo no por comentar, sino porque la verdad es que si no lo digo exploto. Cada día me sorprende más, y mira que eso es cada vez más difícil.

Un Saludo

Anónimo dijo...

Nunca me he cortado el pelo antes de un examen, una entrevista o cualquier otra circunstancia que yo creyera que me suponía una especial concentración o esfuerzo mental.

Anónimo dijo...

Pues sí. Yo también lo sufro. Tal como lo describe: como mal dormido, atontado (más que de costumbre), lento de reflejos... Siempre que me corto el pelo, me ocurre. Hay estudios (psiquiátricos)sobre ésta materia, que tiene otro significado: la de los terroristas suicidas, los que se inmolan como Sansón en el templo cuando derribó las columnas para matar a los filisteos, pero con él dentro.