jueves, 3 de noviembre de 2011

Desamor

Rodrigo Olay, en una amable carta, donde hacía un exhaustivo recuento de todas las veces que anónimamente había discrepado de mis opiniones en el blogg (¡siempre con razón, el tío!), me decía, ya en posdata, que había versos en su libro que tenían algo mío, y me retaba: “Espero que disfrutes encontrándolos”. Mi vanidad se relamió, pero en cuanto empecé a leer Cerrar los ojos para verte me olvidé hasta de mi vanidad, que ya es decir. Ahora, a toro pasado, retomo el reto. Y sólo se me ocurre recordar un eco quizá de un poema mío en el mismo título. Pero no creo, porque es un poema que nunca publiqué en libro. No porque no me gustara, sino porque lo escribí durante una pelea de novios (romántica, post-adolescentemente terrible) con Leonor y cuando salió Casa propia aquellas peleas nuestras ya no pegaban allí ni con cola, por fortuna. Lo saqué exento en un díptico del Museo Ramón Gaya con motivo de una lectura que di en Murcia un 3 de noviembre de no sé qué año, el 98 sería, o el 99, como muy tarde. La generosidad de Olay me ha servido para recordarlo. Lo publico aquí antes de que se me pase el aniversario (haga el número que haga), y porque es un poema al que tengo cariño y no quiero que se me traspapele.

                DESAMOR 

La belleza que fue mía 
(tu ya lejana belleza) 
no se ha ido. 
El tiempo contra aquel día 
nada puede y nunca empieza 
el olvido. 

Estabas —estás—, mi vida, 
dulcemente descansando 
en mi hombro. 
Estás —estabas— dormida. 
Y yo te sigo mirando 
con asombro. 

Cansado estoy del consuelo 
de la memoria, despojos 
de la muerte. 
Un milagro pido al Cielo: 
que pueda cerrar los ojos 
y no verte.  

10 comentarios:

Adaldrida dijo...

Es precioso, y yo que estoy sensiblona... Pufff.

Javier Vicens y Hualde dijo...

Usted y don Gracián, oiga. Por ese orden. No conozco otros poetas capaces de casar el matrimonio y la poesía sin detrimento de ambos. A mi padre no lo incluyo porque -aunque le dedicó a mi madre un precioso soneto en valenciano- generalmente hablaba en prosa. Era ingeniero.

Carlos RM dijo...

Tremendo. Debería titularse Amor.

Jesús Beades dijo...

Pues yo tengo una cinta de casete (sí, sí, una cinta) con un recital tuyo en la c/Torneo, en un "piano bar", invitado por el bueno de David J. Calzado. Y recitas ese poema.

Balaverde dijo...

Qué chulo.
Es una faena hacer un poema hirientemente bonito y desenfadarte. Una faena para el poema, claro.

carmen dijo...

¡Qué bueno! El tiempo contra aquel día nada puede y nunca empieza el olvido.

Anónimo dijo...

Muchísimas gracias por esta amable entrada, Enrique. Me ha hecho mucha ilusión leerla, y el poema que copias es muy bello.
Pero en el libro sí que hay alguna alusión, ¿eh?. No debería decirlo yo, pero el poema "Dedicatoria", uno de los "Cantares", toma la idea formal del poema tuyo de Casa propia que empieza "Locura de escribir tu nombre muchas veces" y el contenido de otra traducción tuya, en este caso de un poema de Chesterton. Es el ejemplo más claro, pero alguno más hay.
Por otra parte, lo de los mensajes anónimos se presta a un rizo curioso, que parece variante de un cuento de Juan Bonilla, "El terrorista pasivo". Imagina que yo no escribí ninguno de esos anónimos (no puedo probar que sean míos), sino que solamente reivindiqué como propias determinadas intervenciones anónimas que me hubiera gustado escribir...
Es una idea que me divierte.
Reitero mis gracias, Enrique.
Rodrigo Olay

Anónimo dijo...

Olay, nos vas a volver locos.

María dijo...

Estoy con Carlos (Felicidades por cierto) si han de desamarme que me desamen así.
Bravo

E. G-Máiquez dijo...

Vaya, qué bien, muchas gracias. Así da gusto hasta desenamorarse. El comentario de bala verde m'a dao

Con la cinta tuya pasa, querido Beades, como con las fotos. En su momento, qué horror y qué vergüenza ser grabado, pero ha pasado el tiempo y me emociona recordar que te tomaras la molestia.

Qué rizo (¡precisamente!) más inteligente el que propones de tus comentarios anónimos, Olay. Claro que yo te contestaría con Cernuda: "Dostoievski no puede ya decirnos/ Si inventó a Falalei o lo encontró en la vida, / Si inventó la hermosura o supo verla.// Pero el mérito igual en ambos casos". Cambiemos hermosura por sentido común, y el mérito es tuyo en todo caso.