miércoles, 2 de noviembre de 2011

El profesor profesorizado


Que si no me aburro mucho de explicar siempre lo mismo, me preguntan mis alumnos. “No, porque todavía no me lo sé”, les respondo. Ellos se lo toman como una broma, pero yo les hablo perfectamente en serio. La teoría más o menos la controlo, eso es cierto, pero la teoría es menos importante que la práctica y la actitud, y ahí todavía me queda mucho que aprender de mis clases de Formación y Orientación Laboral. ¿O es que acaso no les explico que han de ser ordenados, responsables, puntuales, empáticos, éticos y equitativos, positivos y emprendedores? Y mientras, me voy advirtiendo por lo bajo, muy severo: “Aplícate el cuento, Enrique, aplícate el cuento”. 

3 comentarios:

Gonzalo dijo...

Ay, esto es totalmente aplicable a la labor de padre... A veces me avergüenza pedirle a mis hijas un empeño, orden y aplicación que yo jamás puse.

E. G-Máiquez dijo...

Cuánta razón tienes, Gonzalo. Qué difícil. Y aprovecho la ocasión para agradecerte los comentarios aquí y el periódico. Estoy tan de acuerdo —incluso cuando me pegas un toque de atención— que no tengo nada que puntualizarte.

Gonzalo dijo...

No creo que sean toques de atención, más bien apreciaciones propias, o algunas veces extender algo más un detalle que queda reducido por la lógica del formato de la columna.

Esta entrada tuya en concreto me está dando vueltas en la cabeza, precisamente por lo que te decía. Anteayer me sentaba junto a mi hija mayor apretándole en sus estudios y pensando, por lo bajini, lo que tú dices: "Ay, Gonzalo, si te aplicaras el cuento..."