jueves, 22 de diciembre de 2011

A la chita callando


"En général une condition de l’extrême beauté est d’être presque absent, ou per la distance ou par la foiblesse. Les astres son inmutables mais très lontains ; les fleurs blanches son lá, mais dejà presque détruites". Esta bellísima idea de Simone Weil —que me da miedo traducir por si la ajo— no me abandonó mientras leía las 30 frágiles páginas de Cuaderno de Binissaida de Àlex Figueras. Los grandes clásicos están muy altos y lejanos, claro. Esta obrita tiene la condición de unas flores blancas: tan vulnerable, en una edición tan minúscula (100 ejemplares) y tan cuidada, con su transparente papel cebolla de cubierta, pero también con esa belleza extrema indiscutible.
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El antólogo es otra cosa.
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Volviendo a Cuaderno de Binissaida, qué de hallazgos en tan poco espacio (nada estrecho, sin embargo). Nosotros, como su autor, podemos decir: “Es imposible no abstraerse al mundo literario que nos acompaña estos días y pensar, sí, en Platero”. No todo es lírico. Hay algún toque epigramático: “Pienso que un adulto bañándose resulta siempre un poco cómico”. Y una interesante reflexión ensayística: el misterioso maestro literario de esos días de convivencia en Binissaida, llamado D., les dice eso tan de X: “Hay que escoger entre ser escritor o lector”. Al principio Àlex Figueras se extraña, pero luego ve que la diabòlica mania de’escriure, que decía Pla, se lo acaba llevando todo por delante, lecturas incluidas. “Siempre hay momentos en que se debe elegir entre coger un cuaderno o un libro, y ahí aparece el escritor o el lector”. Para rematar, recuerda un dicho catalán: “Que el llegir no et faci perdre l’escriure”. Yo entonces me agarro al supuesto refrán del misterioso panadero de El Cuervo, aunque sé que tienen razón D., X y À.F. Otra solución, gracias a Dios, es la que da, a la chita callando, este mismo librito: que la escritura sea tan leve que no distraiga al que lo escribe de sus lecturas ni al que lo lee de sus escrituras. Muchas gracias. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

E!, tráete el libro a Madrid esta tarde, hombre, que con tan poco ejemplares no habrá quien lo encuentre, ¿no? Hay que escribir con la mano mientra se lee con los ojos, como los escribas [(más exactamente, las secretarias( o secretarios)] J

Anónimo dijo...

Atención, D. Enrique, que en la transcripción de la frase francesa se han coaldo varias faltas de ortografía

Enrique García-Máiquez dijo...

No me extraña nada, ay, tantas erratas entre mi ignorancia del francés y el puñetero corrector de Word puede haber salido cualquier cosa. Ahora no puedo corregirla, pero su atenta llamada servirá al menos de advertencia. Muchas gracias.

Ignacio Trujillo dijo...

Cierto, la belleza es tan frágil...Esta mañana, ¡qué frío!: la madre con la niña de la mano vestida de estrella camino del colegio, la sonrisa del negro del semáforo de todos los días con un gorro de Papá Noel, el paseante madrugador con dos delicados galgos afganos junto al río... Será que va a nacer Dios pronto y me ha limpiado las gafas...

Ignacio Trujillo dijo...

Cierto, la belleza es tan frágil...Esta mañana, ¡qué frío!: la madre con la niña de la mano vestida de estrella camino del colegio, la sonrisa del negro del semáforo de todos los días con un gorro de Papá Noel, el paseante madrugador con dos delicados galgos afganos junto al río... Será que va a nacer Dios pronto y me ha limpiado las gafas...

Àlex Figueras dijo...

No sé qué decir. ¡Muchas gracias!