martes, 4 de junio de 2013

Hierofanía


Leyendo en el jardín, me distrae y me concentra el canto exultante, casi embriagado, transido de un pájaro. Miro a la gran macrocarpa y nada, no se ve el pájaro, oculto entre las ramas. Me propongo un haiku:
Quisiera el árbol 
que el canto fuese suyo, 
y al ave oculta. 
No está del todo bien, pero sí la idea. Si le diese dos vueltas más... Pero caigo enseguida que es una variación de una imagen de José Mateos, del libro Canciones, donde canta del pájaro que canta escondido y puede hacer, por tanto, que cante todo el árbol. Recuerdo el sabio aviso de Juan Varo Zafra: "Maldad máxima: convertir las fuentes en precedentes", y me niego al juego de manos, con la apariencia hipócrita —además— de un haiku purísimo.

Y entonces, justo entonces, vuelvo a mirar y  me encuentro el botón de oro del pájaro cantor, brillante como una hierofanía. Un premio, un milagro, una confirmación. La foto es malísima, pero se le veía muy bien y, sobre todo, tanto que me dio tiempo a sacar el móvil y aportar esta prueba, como un exvoto: 



11 comentarios:

Ignacio Trujillo dijo...

No somos Adán y Eva.
¿Y si no hubieses caído en ese antecedente, sería original? ¿Quiero decir, te salió así porque lo habías leído antes o lo recordaste a posteriori porque se te había ocurrido a tí? Ante las mismas experiencias surgen ideas parecidas, ¿no?
Estamos llenos de reminiscencias, conscientes o inconscientes.

Enrique García-Máiquez dijo...

¡Hay que ver Adán, pudiendo ser el escritor más original de la historia, va y se dedica a comer de la manzana! Rebelarse contra Dios, casi el único plagio --véase Lucifer-- que tenía a mano.

Marcela Duque dijo...

Ey, a mí también se me había ocurrido ;) Sí, estamos llenos de reminiscencias, qué alegría.

Primavera

Entre las ramas
los pájaros se esconden:
Cantan los árboles.

Aquí consta, en marzo del 2012: http://elduquedecamelot.blogspot.com/2012/03/primavera.html

Enrique García-Máiquez dijo...

Tu haiku es excelente, mucho mejor que el mío, mucho. Y encima lo tuyo es confluencia, que es todavía mejor que una influencia.

Muchas gracias.

BV dijo...

¿Qué pájaro es?

Hay que tener cuidado de no dormirnos las siesta y que nos giñen en un ojo, como a Tobías hoy.

Enrique García-Máiquez dijo...

He ido con la foto a ver al pediatra, pero no ha sabido decirme. Lo ve demasiado amarillo. Pero yo creo que es un verdecillo. Si se le ve demasiado amarillo, puede ser por 1) que se trata de una hierofanía; 2) que el dimorfismo, precisamente, y el celo; o 3) que la fotografía haya cubierto todo con un velo dorado, pues nuestra macrocarpa tampoco tiene esos reflejos dorados normalmente. Yo creo que es una mezcla de las tres razones, y que el verdecillo (¿o verderón?) lució como nunca.

BV dijo...

A mí también me parece verdecillo (verderón es más apagadito) radiante por las tres causas que señalas. O el canario de un vecino.
Espero que la nueva visita al pediatra haya ido bien.

Enrique García-Máiquez dijo...

El canario lo descartamos el pediatra y yo porque en cuanto terminó la sesión de fotos emprendió un vuelo muy potente. Nada del vuelo abombado del canario que se escapó.

Carmen, muy bien, gracias.

Sergio Fernández Salvador dijo...

Yo diría que es una lavandera boyera (con perdón), porque parece demasiado pequeño para ser una oropéndola.

Enrique García-Máiquez dijo...

Qué dos pájaros bonitos traes al blogg, Sergio. Gracias. Oropéndola no era, ay. Me encantaría que lavandera boyera, que sólo vi una vez, en Zufre. Y ni se me pasó por la cabeza, ni al pediatra. La tenía por pájaro más de suelo que de ramas, y no muy corriente por aquí, lo que puede explicar el desconcierto del pediatra. Además de hierofánica, misteriosa, el ave.

Abrazos alados.

Anónimo dijo...

Verdecillo macho, como dice E., sin duda. Por color (pese a la intensidad distorsionada), por tamaño, por dónde está posado, por lo que se aprecia de la cola... El verderón es más grande. La boyera, imposible.