domingo, 2 de junio de 2013

Visto, no visto y, um, vuelto a ver


El artículo de hoy me lo ha escrito en buena parte Higinio Marín. Pero lo que yo aporto no es manco, al menos para mí. Se ha protestado mucho de la invisibilidad con que lo cubre todo la costumbre, sin embargo hay que reconocer que espiritualiza mucho al cónyuge. Y que además es reversible. 




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy original el artículo. Es una oportuna explicación del aforismo inicial. Me pregunto: ¿No serán dimorfismo sexual y tentación al adulterio realidades que se retroalimentan entre sí?
Jilguero.

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Ni siquiera el vello es ya dimorfismo sexual. Tiene trampa: las mujeres tenemos igualmente vello pero nos lo depilamos sistemáticamente (ahora con láser), incluso el bigote. Claro que los varones también tienden a depilarse (y no sólo los gays). Y no se entiende, porque

El vello es bello (nótese el diformismo -no sexual, sino ortográfico- b/v).

Y además,

Digan lo que digan,
los pelos del pecho abrigan.

Gonzalo García Yangüela dijo...

Me parece muy interesante (y creo que acertada) esa visión de la fiebre por el cuerpo tan de moda.

Eso sí, para los que estamos en este lado de la barrera... hombre, el cuerpo pasa a un segundo plano, pero creo no sólo el mío se convierte en cualquier cosa... menos en invisible.

No sé si me explico...