lunes, 16 de septiembre de 2013

La higuera estéril


En la lectura de poemas incluí, como siempre, "La higuera estéril":

Aquella higuera que por no dar frutos 
maldijo Jesucristo 
sin pararse a esperar, sacrificándola 
a una enseñanza dura para todos, 
dio la leña más seca: las mejores 
fogatas del invierno se encendieron 
con sus resecos troncos y a su arrimo 
se juntaron extraños, se bebía, 
se inflamaba el amor de los esposos,
y los niños (ceñidos por su luz 
con una túnica que Salomón 
en todo su esplendor jamás vistiera)
reían sin motivo. Alguna viga 
también salió de aquella higuera inútil 
y sostuvo una casa. Y hecha barco
hubo una tabla que llegó hasta Tarsis
empapada de sal y de aventura. 
Aquella higuera pobre, sólo sombra 
y polvo, recibió una maldición 
y en ese mismo instante fue bendita. 
Cuántos frutos la higuera. Siempre es tiempo.

Se me acercó un señor al terminar a decirme con delicadeza que era de campo y que para los hombres de campo el poema tenía un defecto: la leña de higuera es malísima, su olor da, como mínimo, dolor de cabeza y hasta dicen que provoca la locura. Más o menos lo mismo me escribió amablemente Andrés Trapiello. Yo sabía que la madera de higuera no es roble ni olivo ni pino siquiera, pero mentiría diciendo que lo tuve en cuenta al hacer el poema. Tampoco tuve en mente su más alta probabilidad, que me estremece. Y, sin embargo, lo de la madera de la higuera tiene todavía su aquél: ése fue el milagro de la maldición: la convirtió en leña buena, en viga resistente, en audaz tablón de navío... 

Hubiese preferido, lo confieso, que el hecho transcurriera natural y cotidianamente, pero ahora veo un signo de que incluso en lo que aparentemente resulta más ordinario hay, en el fondo, un milagro que lo transubstancia todo y lo sostiene. Solamente los hombres más sagaces se dan cuenta, y hay que agradecérselo mucho, pues nos ponen en la senda de la humildad, del asombro, del agradecimiento y del alborozo.  




6 comentarios:

Anónimo dijo...

Una sugerencia, no sé si demasiado terrible: puestos a imaginar que la madera de ese árbol pudo tener distintos usos, ¿por qué no pensar, como otro posible, en la fabricación de la propia Cruz? También es de madera, a fin de cuentas.

Marcela Duque dijo...

Como a Suso, también me gusta muchísimo ese poema. Ahora más. Qué alegría poder seguir encontrando en él nuevas cosas.

RETABLO dijo...

Robert Graves hablaba de imágenes paganas talladas en madera de higuera.

Saludos

RETABLO dijo...

Y el poema dice grandes verdades.

Jesus Cotta Lobato dijo...

Recuerdo ese poema y me gustó especialmente. Yo creo que el señor del campo se pasó de quisquilloso. Es como si un poeta dice que su amada tiene los dientes de perlas y un experto en perlas le dice que eso no es posible, porque las perlas son redondas y los dientes no.

Enrique García-Máiquez dijo...

Os agradezco muchísimo los comentarios. Me pasa como a Marcela: qué alegría poder seguir encontrando en mi poema tantas nuevas cosas y tantos buenos amigos. Abrazos.