domingo, 22 de septiembre de 2013

La santa compaña



No soy talmente un intrépido viajero, y venir a Madrid me da jet lag. Anoche, desvelado, nervioso, desazonado, me asomé a la ventana a las cuatro de la mañana. Y lo que vi era precioso: por la calle a oscuras andaban cuatro o cinco personas solas, en silencio, las cabezas humildemente reclinadas y, entre la manos, la azul luz de sus móviles. Iluminaban sus caras con un velo de acuario y misterio. Pensé en La Tour, que hubiese inmortalizado esos destellos, y en la compañía melancólica que me hacía esa Santa Compaña.