sábado, 13 de agosto de 2016

La venganza del levante


Como algunas personas, el viento de levante lleva a gala su malage. No tuvo que hacerle gracia, por tanto, que ayer me pasase el día celebrándolo, y que echase las campanas al vuelo por twitter, incluso:

Os quejáis del levante, pero a mí y a mis hijos hoy nos ha librado de ir a la playa . Y se lo agradezco. Al viento y al aire (acondicionado)

Contra el viento, el aire. Qué lema tan maravilloso para una tienda de electrodomésticos en nuestras costas, con sede en Tarifa, quizá. Para entender del todo mi entusiasmo, hay que saber que Leonor ha empezado a trabajar y que Yana sigue de vacaciones, de modo que yo he de bajar a la playa solo con los niños y ocuparme de todo. Fernando Pemán me preguntó por mi mujer y le dije que estaba trabajando y él, con la tinta guasona que le corre por las venas, puntalizó: "Ella está en el trabajo; el que está trabajando eres tú".

Al levante no le hizo gracia mi alivio, porque él viene para que se le proteste. Le había ofendido en su prestigio profesional, en su dignidad mítica. Por eso, en la fiesta de anoche, tomó cumplida venganza.

Fui a tomar un buñuelito de queso que había que mojar en una salsa espesa y justo cuando lo tenía suspendido y goteante a la altura de mi pecho, el levante soltó una ráfaga rabiosa y me echó encima tres goterones almibarados sobre la camisa. Ahí quedaron, inmediatamente secados por ese viento caluroso.

Una fiesta en agosto, en El Puerto, en el Castillo de San Marcos, con media humanidad que saludar y abrazar se hace muy cuesta arriba si uno lleva en la camisa tres lamparones como puños. Todos comentaban como pegaba el viento, pero yo, cuando el levante ululaba, le oía su risa, su risa vengativa. Convencí a Leonor para que nos volviésemos un poco antes. Por el camino hacia el coche, el viento nos revolvía el pelo, en un intento de hacer las paces, como si fuésemos sus niños. Yo le dije: "De acuerdo, hoy hemos empatado".