martes, 9 de agosto de 2016

Lirios de mar (2)


Siguen floreciendo los lirios de mar que planté en mi jardín. Al puro placer estético y al histórico, se suma otro ético. Estos lirios crecen en las dunas, donde apenas hay agua, y me temía que el riego automático y constante de mi jardín los echase a perder; pero se ha producido una hermosa paradoja. Acostumbrados a hincar muy hondo sus raíces en busca de la poca humedad escondida, ahora siguen su naturaleza, pero así huyen del exceso de agua y se van al fondo de mi parcela que vuelve a ser seca arena de playa. Podría sacarle algún jugo moral, me parece: persiguiendo obsesivamente algo, te alejas de eso y es lo que te salva. Se me ocurren casos novelescos para ilustrar el mecanismo, pero prefiero centrarme en su pura belleza contradictoria y en la sospecha de que algo parecido nos habrá ocurrido más de una vez.