martes, 16 de agosto de 2016

Tradición es misericordia


Unánimemente mi club es partidario del traje de baño largo para caballeros. ¿Unánimemente? No. Hay un señor que usa una ceñida braga náutica. Cualquiera podría imaginar una leve mueca de disgusto en mi cara o en la de cualquiera de los otros socios por la distorsión, pero se equivocaría. Hay una imperceptible pero real sonrisa de aprobación y hasta de agradecimiento. ¿Cómo? ¿Por qué? No, no, no tiene nada que ver con la tolerancia, qué va. Es la tradición. Este señor lleva sus buenos treinta años bajando de esa guisa a la piscina y lo que podría resultar chocante, se ha convertido en otra hermosa tradición local, que tiene su encanto y hasta su épica de resistencia al paso del tiempo.

No quiero quedarme en la anécdota de la braga náutica, y no sólo porque aspiro a que incluso los admiradores de tal prenda entiendan la entrada. Aspiro también a que sirva de ejemplo del factor misericordia y de la tendencia a la celebración que existe en todo talante tradicionalista y conservador. Supongo que a un reaccionario (con los que tengo mi particular polémica de familia) una braga náutica le parecerá inaceptable en cualquier situación. Un conservador, en cambio, ve en seguida la pátina del tiempo suavizando las aristas.


4 comentarios:

Gonzalo García Yangüela ن dijo...

Considerándome más reaccionario que conservador, diré dos cosas sobre la prenda en cuestión:

La primera, que sin gustarme en absoluto, no me causa mayor problema que cualquier otra fealdad de las muchas que hay que observar a diario.

La segunda, la denominación que de esa prenda aprendí de uno de mis cuñados, que me parece magnífica: Bañador con nariz.

Director Wilkins dijo...

Qué dulzura el tiempo. El asunto se vuelve más ácido al principio. ¿Cómo responde el conservador a la primera aparición de algo, sabiendo que el tiempo puede volverla tradición?

Enrique García-Máiquez dijo...

Qué excelente cuestión, Wilkins. Muchas gracias.

Mi punto de vista es que hay que dar la batalla, pero sin perder la ironía prospectiva ni en el fragor de la batalla, a no ser que sean cosas gravísimas que ni la tradición podría redimir, que las hay, porque ni la tradición ni la bonhomía son omnipotentes.

Pero, en general, saber que, si se pierde, no pasa nada. Lo dice Aquilino Duque:

¿La fe? Sí, por supuesto.
Y la esperanza. Y el amor.
Y andar por esos mundos con lo puesto,
y ser buen perdedor.

Director Wilkins dijo...

Gracias, Enrique. Guardo su respuesta como oro en paño, y me la quedo pensando como paño en oro.