viernes, 29 de julio de 2016

lunes, 25 de julio de 2016

Me desdigo


Ha querido la casualidad (y nada más que la casualidad) que este verano baje a la playa con dos lecturas íntimamente marcadas por la infidelidad matrimonial. Primero, la colección de relatos La vida tal cual es de Nelson Rodrigues, todos unidos por el hilo de la traición de pareja y los crímenes pasionales; y después los Cuentos completos de Evelyn Waugh, respirando siempre por la herida del fracaso de su primer matrimonio.

Al principio, me puse del lado de Rodrigues, porque cogía el toro por los cuernos (ejem) y no dejaba por eso de ver el encanto de la vida, su atractivo poderoso, su luz cenital. Me cité a Simone Weil o a Jiménez Lozano, ay mi memoria, cuando más o menos decía que es preferible reconocer que uno está triste o desolado que levantar un falso testimonio contra el mundo.

He ido cambiando de opinión, sin embargo. La herida de Waugh es profundísima y, aunque sacramentalmente anuló aquel primer matrimonio, su literatura quedó indisolublemente unida a él, quién sabe si su vida interior. Waugh puede ponerse al lado de Shakespeare como otro escritor que da vueltas sobre un centro secreto que es el vínculo. Sobre la insistencia de Shakespeare hay un ensayo por escribir, por cierto. Y otro, quizá, sobre Waugh.

En los cuentos, con toda su reticencia y humor ácido, deja claro que el fracaso matrimonial no solo entristece al protagonista sino que contamina al mundo. Comparado con tanta amargura, la frivolidad pasional de Nelson Rodrigues se queda en un ajetreo muy colorista y, ay de mí, muy entretenido.

sábado, 23 de julio de 2016

Lirios de mar


Han florecido los lirios de mar que planté en mi jardín. Bastaría con eso.


Pero me gusta, mientras los miro, recordar mi larga historia de amor con esa flor salvaje y delicada. Aquí hablé de ella. Aquí de ella, de Carmena. Aquí con mis niños recogiendo las semillas que germinaron y han florecido. 


viernes, 22 de julio de 2016

Buenos días


Nada más levantarme, aún medio dormido, me pongo las gafas y entro en el espacio, me pongo el reloj y entro en el tiempo y me pongo la cadena con la cruz y entro en la eternidad.




jueves, 21 de julio de 2016

Post-its


Carmen vino a la orilla de mi mesa y puso este amoroso post-it en la esquina de mi ordenador. 



Mejoró muchísimo mi mañana de trabajo. Se lo celebré tanto que por la tarde Quique vino también con otro post-it. "Qué sorpresa, Quique. Qué tiernos corazones".



Los miró otra vez, pegados junto a los de su hermana. "No, no son corazones", dijo, muy serio. "Ah, no. ¿Y qué son?" "Pezuñas, huellas de pezuñas: de vaca, de cabrita, de conejo, de cochino...", me explicaba, pedagógico.


miércoles, 20 de julio de 2016

Vivan las nubes


No me quejaré de la lluvia y los truenos de estos días. De mis viajes al norte, he vuelto con muchas ganas de veranear por allí, contra mis firmes principios de siempre. Es Leonor, más realista y económica, la que me recuerda que las veces que sostuve que sin cambiar de casa, como el castillo ambulante de Miyazaki, cambia nuestro mundo, con sólo girar la rueda de las estaciones, y eso sirve para irse a veranear. La lluvia le ha venido de maravilla. Me dice: "Ea, aquí tienes tu norte", señalando a la ventana.

Recogimos las vacunas de los niños. Nos advirtieron: "Que no se rompa la cadena de frío". Miramos al cielo, sonreímos, decimos: "Descuida".

Por último, el sol no se resignaba a su falta de protagonismo:



Día nublado
en que el sol se hace luna
¡y exige un haiku!



lunes, 18 de julio de 2016

Qué sabiduría la Blixen



El último cuento de Cuentos de invierno de la baronesa Blixen se titula "Un cuento consolador". Es un prodigio técnico, aunque no lo parece. Primero, porque no lo parece. Luego porque te engaña. Crees que es a ti, como lector, al que viene a consolarte. Después de tantos cuentos tristes como uno ha leído en el libro, piensa que se lo merece. Pero no es al lector al que se viene a consolar, sino al autor. Es un cuento metanarrativo de cabo a rabo.

Una idea tremenda: el Libro de Job es el modelo. Job es el lector, y el escritor es Dios que permite que Satanás lo vapulee y del que Job puede protestar, pero no rajar de sus razones.

Un mandamiento: "Amarás tu arte con todo tu corazón y toda tu alma. Y a tu público como a ti mismo".

—¿Compasión? ¿De qué hablas? —dijo Charlie, y cayó en un profundo ensimismamiento. Tras una larga pausa dijo muy despacio—: No podemos tener compasión el uno del otro.

Esta tirada de adjetivos describiendo al narrador: "surgió una figura pequeña, concentrada, peligrosa, sólida, alerta, implacable: la del narrador de todas las épocas".

—Sí, es un buen cuento —dijo Charlie; y un poco después añadió— Ahora me vuelvo a casa. Creo que esta noche voy a dormir —pero cuando terminó de fumarse el cigarrillo se recostó en su silla, también, meditabundo. No —dijo—. En realidad, no es un cuento muy bueno. Pero tiene pasajes que podrían desarrollarse, y construirse con ellos un buen cuento.

Así acababa el cuento y el libro y yo di una carcajada explosiva, que sí que me consoló.


viernes, 15 de julio de 2016

Total


Con el arco que le han regalado por su santo a Quique, juegan los dos niños. A mi suegra lo del arco le daba mucho miedo, pero como el niño estaba empeñado, le ha comprado uno con flechas de chupona y que las tira levemente, como una pluma que cae. Quique no ha perdido la ilusión y le grita a Carmen, nervioso: "¡Apunta a la luna! ¡Apunta a la luna! Total, para no darle a nada, ¡apunta a la luna!"

Y yo me lo pido de lema de mi vida: "Total..."

Espejo


He roto con el espejo; 
siempre mirándome mal 
con esos ojos tan serios...



domingo, 10 de julio de 2016

Reyes Dormidos



Un buen amigo nos manda esta miniatura con una broma que ensalza la modernidad del medievo. 

Ahí está lo que más en contra tengo de esta epidemia de homosexualismo mediático. No me deja ver con ojos limpios y me levanta sospecha ante amistados o gestos de cariño contra los que no me da la gana tenerlos ni tengo derecho. Yo he guardado la imagen en mi carpeta de iconos.

Rezaré ante esta imagen. Para que nos libre de los prejuicios automáticos que nos han impuesto desde los medios y la publicidad; porque dormidos siguen siendo Reyes y la corona no la dejan; porque simbolizan la catolicidad; porque un ángel de oro vela sus sueños como espero que haga con los míos; y, sobre todo, porque, al fin, despertarán los reyes de la tierra.




sábado, 9 de julio de 2016

Carmen y la muerte


Enrique es más sentencioso y, por eso, chupa mucho foco en el blogg. Su número preferido es el infinito, dice muy empeñado, y es un ejemplo de su carácter. Eso del uno al diez a él se le queda pequeño. 

La dulzura de Carmen es menos narrativa, más ambiental, pero ha recuperado terreno. Me preguntó algo de su bautismo y aproveché para citarle a don Álvaro d'Ors: "El bautismo fue el día más feliz de tu vida". Dijo: "No", pero no por razones teológicas, como se verá, sino resistiéndose a que su pico de felicidad esté en el pasado, y más allá del alcance de su memoria. "¿Entonces cuál es el día más feliz de tu vida?", pregunté, retándola. Dudó unos buenos minutos, en los que podía escucharse su pensamiento en marcha, y yo me temía lo peor. "El día que me muera, porque veré a Dios". Exulté. Bien está don Álvaro d'Ors, pero mucho mejor el dies natalis y Dante. Además, había desplazado, con gran optimismo, la felicidad pasada a la por venir. Si no di saltos de celebración, fue porque su madre puso pie en pared, un poco escandalizada del misticismo teresiano, que muero porque no muero, que empezaba a imponerse en nuestro porche. "Pero no hay prisa, eh, no hay prisa", insistía, alarmada.

También me pareció muy bien, porque la búsqueda de la felicidad a toda costa es un sentimentalismo moderno que no viene al caso. La felicidad ya vendrá, sí, la máxima, cuando toque.

Amén.


viernes, 8 de julio de 2016

Palas de Santander


De Santander he traído a mis hijos dos palas cántabras, que bien que pesaban en la maleta. Quizá regalándome algo que a mí me habría encantado tener en la adolescencia, he caído ahora. Quique la cogió con más alegría, aunque le costaba levantarla del suelo, y no digo ya dar los golpes, que no pudo. Carmen con la suya no sabía qué hacer. "¿Te gusta, Carmen?" "¿Puedo pintarle un corazón rojo?"

Menos mal que de verme sí se pusieron muy contentos.




martes, 5 de julio de 2016

A contracorriente


He vuelto al trabajo a contracorriente de mis compañeros, con las semanas justas para decirles hola y adiós. Nos hemos quedado los que tenemos que organizar el curso que viene. Entre mis tareas, ordenar los grupos y, para eso, tenemos que leer los informes personalizados de cada alumno que llega nuevo al IES.

Me asombraba la densidad literaria de esos apuntes absolutamente confidenciales que hizo el tutor de cada uno y que yo leo en silencio. Son micronovelas, y las hay de todos los géneros. 

Justo cuando iba a repetirme el tópico de que para qué queremos la narración, si la vida es suficiente, caí en la verdad: no es que la realidad nos baste, es que nos sobra. La realidad nos exige tanto compromiso sentimental y moral que necesitamos la narrativa para asistir a una realidad que no nos interpele, rodeándonos.