jueves, 11 de octubre de 2018

Castigo y don


Nadie escribe peor que yo. Hay que echarse a la cara mi primera redacción de cualquier cosa. A menudo me pregunto cómo se puede hacer tan mal. Eso, sin embargo, es mi principal don como escritor, porque me fuerza a confiar cerrilmente en la corrección incansable. Escribo y es una mole basta de piedra. Ahora tengo que esculpir. O un montón de barro. Ahora tengo que mancharme. Menos torpeza, y yo me confiaría. Acepto mi trabajo cerril como una redención palpable, evidente, necesaria, imprescindible.


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