martes, 9 de octubre de 2018

Luz


Me encontraba a gente en la playa solitaria y les comentaba, extasiado: “¡Qué septiembre estamos teniendo!” Me replicaban: “Igual que el del año pasado”. Y yo quedaba perplejo, porque el año pasado, de jefe de estudios, con los horarios y con los alborotos del comienzo de curso, ni sospeché siquiera que pudiese haber tanta belleza a media hora del centro.

Creí que ese asombro se me iba a pasar con el mes de septiembre. Pero es octubre y ahora paseo por el pasillo del mismo centro y estoy a un tris de pararme a cada rato a admirar la luz cenital; y me encanta llegar a clase, saludar a mis alumnos, hablar un rato y ya ha pasado la hora y salir; y ya está.

Espero que este efecto me dure mucho, por la felicidad, claro, pero también porque tendría que hacerme jefe de estudios otra vez, como el que cae, plof, en una marmita de poción mágica y casi se ahoga y sólo por los pelos lo sacan Obélix. Pero todavía queda mucho. ¡Qué luz entra por la ventana mientras los alumnos, en un prodigioso silencio, hacen su primer ejercicio!




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