lunes, 14 de agosto de 2006

Precepto

Por talante (con perdón) soy muy enemigo de las imposiciones —y también de las prohibiciones. Por ejemplo, no me gusta que obliguen a llevar casco en las motos ni que persigan a los últimos fumadores con esa saña. Además, a mi talante (con perdón) se le suma cierto elitismo desdeñoso, y me parece una pérdida de tiempo y energía que se trate de obligar a lo que es objetivamente muy bueno, como a leer el Quijote o a comer jamón de jabugo... Pienso que quien no tiene la inteligencia para apreciar ciertas cosas, no se las merece y hay que dejarlo estar. Sin embargo, reconozco que ayer, domingo, al verme al fin acompañado en Misa y al contemplar a tanta gente y a tantas tan guapas y morenas (todo hay que decirlo) y a todos tan sonrientes y esas colas casi eternas para comulgar, no pude menos que dar gracias a la Iglesia por el pétreo precepto dominical.

7 comentarios:

Jaime gm dijo...

Uno va asimilando la chestertoniana convicción de que la iglesia siempre tiene razón…, hasta -¿será posible?- hasta cuando se equivoca. Y cómo va uno aprendiendo a disfrutar sobrenaturalmente la indignación de toda “la canalla”.

Un verso: La férrea o “la pétrea obligación de los domingos”

Alberto dijo...

Tendré que pasarme un domingo por tu parroquia Enrique, para cumplir con el precepto dominical y para contemplar a esas morenas. Yo no soy fumador pero ahora que los prohiben creo que empezaré a darle al tabaco.

SalU2!!!

E. G-Máiquez dijo...

Jaime, lo de "pétrea" está tan bien que lo subo a la entrada general, si no te importa.

Y sí, Alberto, la misa en la capilla de mi playa en verano es estupenda. Es en una pradera y tiene todo el sabor de las bienaventuranzas: hay muchísima gente.

Yo también tengo tentaciones de empezar a fumar, pero las venzo porque la verdad es que hay campos más interesantes para ejercer la resistencia.

Mora-Fandos dijo...

No, si las cosas que se mandan, al final será porque valen la pena. Así somos, nos tienen que subrayar lo evidente para que lo veamos.

Juan Ignacio dijo...

A mi me gustan los preceptos pétreos que se basan en verdades pétreas.

Y si el Estado me impusiera preceptos basados en verdades pétreas, los aceptaría de más gusto, creo.

Pero no veo que sea el caso, desde que me muestran que fumar resulta ser peor que abortar (por nombrar un ejemplo).

Saludos.

Carlos RM dijo...

Feliz vida contemplativa la tuya en el prado ese, tan diferente a mis paisajes dominicales. La media de edad (no hablemos hoy de belleza) es bien distinta y, la verdad, desalentadora. No te preocupes por el talante (es anterior a ZP), no empieces a fumar (es una sugerencia) y muy bueno el trueque: pétreo es perfecto.

Jesús Beades dijo...

Lo que me repugna de la Misa dominical es su caracter preceptivo. ¿Cómo va a ser el amor preceptivo?

Sin embargo... (la vida tiene tantos sinembargos) es cierto que el empuje interior a asistir, por encima del ánimo, de la voluntad (que pese a estar desinflada, necesita que la pinchen, Mafalda dixit), del cabreo hacia la Iglesia, todo esto, incorporado en la costumbre, hace posible el encuentro Eucarístico. Es posible que, sin el precepto en el pasado, no fuera a Misa en el presente. Pero es una edad -del espíritu- que ha de ser superada. Al niño se le obliga a comer; el adulto lo hace por costumbre y necesidad, y, la mayoría de las veces, con gusto. Seguiré pensándolo, y quizá haya post.