viernes, 15 de septiembre de 2006

De Platón a Dante pasando por Neuhaus

A pesar de mi ataque de humildad, o por eso, ayer fue un día soberbio. José Mateos y yo cogimos carretera y mantra —Girard, Girard, Girard...— para conocer a Cesáreo Bandera enViñamarina, donde nos dimos un homenaje bajo la torre del gran Duque, Aquilino. El homenaje no fue sólo intelectual, pero la sobremesa fue ya de diálogo platónico. A la sombra de un árbol del paraíso (nada menos), Cesáreo calmó con paciencia y entusiasmo nuestras ametralladoras dudas sobre las teorías girardianas y sobre su propia interpretación del Quijote. Para que no olvidásemos nuestra todavía triste condición mortal o moribunda, se rozó de vez en cuando la actualidad política, a ras de suelo y de suela, que diría un zapatero. Sobre política y sociedad, Cesáreo Bandera habló maravillas de Neuhaus, al que calificó como powerhouse del pensamiento católico conservador de Estados Unidos. (Veo, después, que entre los enlaces del protoblogg ya está recogida su revista, First things.) Pagado el tributo a la actualidad, volvíamos a las cosas ocultas desde la fundación del mundo. Quizá la idea que a mí me quedó más clara fue que el deseo mimético es algo mucho más amplio que la envidia, y más ambivalente. Recordé entonces que Dante, en el Purgatorio, en la cornisa de los envidiosos, había dicho que él no purgaría mucho allí, pues ése no era su pecado. A la vuelta, Mateos y yo estábamos de acuerdo con Dante: su pecado, como él avisa en varias ocasiones, es la soberbia. Felix culpa, porque hace falta una enorme seguridad en uno mismo para acometer el empeño de pasearse por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Entonces, José sacó un tema que ya plantea Borges: la posible condición blasfematoria de una obra que se permite el lujo de juzgar quién estará en el Cielo y quién condenado. Quizá por eso —apuntaba mi copiloto— hay tantos pensadores sensibles e inteligentes que, a pesar de la cumbre dantesca, no parecen amar mucho la Divina Commedia. Yo —recuerden ustedes que ayer me tocó el día humilde del curso— no protesté. A medida que se reafirme mi autoestima, perpetraré un nuevo ensayo dantesco que trate de dar lo suyo al maestro Mateos, que lo tiene, y al maestro Alighieri, tan audaz.

4 comentarios:

Arp dijo...

Lo del deseo mimético (no lo llamemos envidia) me ha entrado a mí al leer sobre la reunión de ayer.
A mí First things me parece una de las mejores revistas del mundo, y Neuhaus un tío muy interesante.
Gracias por lo de 'protoblogg': qué emoción.

Dal dijo...

Yo estoy suscrito a First Things y es estupenda. Trata los temas a fondo sin por eso ser un ladrillo y sin pedanterías. En el último número hay un espléndido artículo de Weigel respondiendo a lectores que criticaban su (a mi juicio errónea) postura sobre la justificación de la guerra de Irak. Y "The public square" de Neuhaus no tiene desperdicio. La suscripción es bastante barata y altamente recomendable.

Mora-Fandos dijo...

Sí señor, coincido con los tres en First Things. A Neuhaus sumadle MacIntyre, si aún no lo habéis hecho.

El tema dantesco que planteas es para dedicarle una buena entrada. Se hace de esperar.

Rocio Arana dijo...

No sé si es por lo que cuentas o por cómo lo cuentas, pero maldita y bendita la envidia que me entra cuando hablas de tan altas reuniones. Yo en Dante no me he bañado todavía: me da miedito. No sé cómo entrarle, ¿con una tarde libre, una cocacola gigante y no light y mucho optimismo? A ver, recomiéndame algo. Ponme deberes, que diría Lord Scutum. (Por cierto, está estrañamente callado).