miércoles, 27 de septiembre de 2006

Las estaciones

No es casualidad que la palabra “amateur” aparezca hoy en mi artículo, aunque sea de pasada. Como la Tierra, voy cambiando de posición a lo largo del año. Durante el verano puedo mantener la dorada ficción de que soy un escritor profesional. Antes, en primavera, cuando empiezo a tener menos horas de clase, disfruto del pluriempleo. Pero ahora, en otoño, con el follón del comienzo del instituto y el horario a pleno pulmón, sólo es posible arañar unos pocos ratos de lectura por las noches: me convierto, de pronto, en un aficionado, en un amateur.

4 comentarios:

Rocio Arana dijo...

Oye, no sé si es cosa de mi ordenador (o sea, cosa diabólica), pero esta entrada aparece cuatro veces en tu blogg. A mí también me pasa lo de las pocas horas para leer, ayer a la una mi padre me quitó el libro de las manos y apagó la luz, ¡en lo más interesante!

AnaCó dijo...

Se te da bastante bien para ser un amateur. Quizá tendría que seguir con los elogios, después de leer tu artículo.

E. G-Máiquez dijo...

"Bastante bien" es un elogio estupendo, gracias AnaCó. Y no sigas... no vayas a terminar admirando mi "originalidad impactante".

Carlos RM dijo...

Yo elogio tu artículo, comparto tu elogio del elogio y la clasificación que propones. Verdaderamente detestable es el elogio por elogio, tan superficial. Sin embargo, pienso que tener el valor de denunciar lo lamentable no es o debe ser un mero complemento, sino que debe compartir raíz con la capacidad de elogiar (y de discernir lo elogiable).

En este sentido, por poner un pero, hubiera sido más convincente que tu elegante crítica no se hubiera dirigido a ZP o a la vicepresidenta (demoledora, por cierto). Digamos que denunciar "lo propio" puede tener tanto valor como elogiar lo contrario. Pero vamos, lo digo para que no sea todo tan elogioso...