jueves, 21 de septiembre de 2006

Más Chesterton y breve ensayo dantesco


Baltanás nos ha contado como Ada Jones, viuda de Cecil Chesterton, en su libro Los Chesterton, hace un retrato bastante negativo de Frances Blogg, mujer de Gilbert. La noticia nos inquieta por chestertonianos y, más concretamente, porque este blogg tiene una “g” de sobra en homenaje a esa señora. Algún mal barrunto, con todo, ya teníamos, a cuenta de los conflictos con las conversiones o de la tristeza que le causó al escritor que su mujer, durante una temporada, y a raíz de la muerte de un hermano, practicase el espiritismo. Frente a esto se alzan los poemas de amor de Chesterton —encendidos como una hoguera— y todos sus artículos a favor del matrimonio y del romanticismo. El contraste, bien mirado, a Chesterton lo engrandece (¡¿aún más?!, preguntaría alarmado el orondo inglés), porque supone que supo ser feliz y amar a pesar de graves problemas y dificultades.

Y encima lo incluye dentro de una tradición que podríamos llamar de amadores a pesar de sus musas. La primera vez que vi este caso fue con Delibes. En Mujer de rojo sobre fondo gris pinta enamoradísimo un cuadro de una señora que a uno no dejaba de parecerle cargante, con esa manía, ¿recordáis?, de sentirse siempre muy decepcionada con los regalos que le hacían. Pero el arquetipo insuperado es Dante. Beatriz, por la que atravesó el tenebroso infierno, Beatriz, por la que trepó el escarpado Purgatorio, Beatriz, el amor de su vida..., le echa una bronca que corta el aliento en cuanto se lo encuentra en la cumbre del monte del Purgatorio. A él le hace llorar, y a nosotros nos revienta. No sé si Delibes se dejó caer con intención en su novela, pero no me cabe duda que Alighieri, que sabía latín, sí. Es más, para contraste, nos pone en esos mismos cantos finales del Purgatorio la delicada figura de Matelda, que encandila sin resquicios al lector. Dante quería dejarnos claro que, por mucho que él admirase a su dama, ella no dejaba de ser un poco chocante. Era, por supuesto, una imagen de la Divinidad, pero sólo para él y sin exagerar la nota. El Dante-personaje está loco de amor; mientras el Dante-escritor pone sus gotas de acíbar irónico, hace un guiño al lector y se salva, así, de la idolatría.

Ya no gotas sino litros irónicos son los que vuelca nuestro humanísimo Cervantes. Aldonza Lorenzo es sublimada, ante la estupefacción de Sancho, por un don Quijote que se ha tirado en brazos de la literatura. Pero la ironía de Cervantes señala más secretamente una verdad muy honda: sólo el amor realiza esos hechizos y encantamientos. Que a veces dan con el valor más auténtico de la persona así querida. ¿O no fue Borges —ese lector de Dante y, a su pesar, del Quijote— el que dijo que el amor nos permite contemplar al otro como lo ve Dios?

Por tanto, este blogg seguirá con su “g”, y ya no será sólo un homenaje a Frances Blogg, sino también a Beatriz y a Aldonza Lorenzo y al Dios de Borges, que en este caso es el nuestro, y que nos mira así, poniéndonos una “g” de más, justo la de la gracia.

13 comentarios:

Ignacio dijo...

Por no hablar de Luis García Montero y Almudena Grandes. Confieso que no puedo evitar un repeluco cada vez que leo un poema amoroso suyo y pienso en la (presumible) destinataria.

Enrique Baltanás dijo...

Creo que das en el clavo, o en la diana, Enrique, lo cual no es raro en ti.

Arp dijo...

¡Precioso! Yo sigo del lado de Chesterton y de Frances (leeré el libro cuando pueda) y creo que sí, que todo esto hace más grande a Chesterton (si cabe).

Mora-Fandos dijo...

¡Ole! Sensacionalmente redentor.

Dal dijo...

Entradón, Enrique. Borges dijo en otra ocasión que "enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible". Creo que por ahí van los tiros. Y, según creo recordar, Dante jamás cruzó una sola palabra con Beatriz: la vio ir a misa a la Santa Croce y quedose prendado a divinis (cfr. Vita Nuova).

Por otro lado, yo suelo descreer de las biografías de mediocre gente cercana al genial biografiado, en las que le ponen a caldo (miserias humanas). Me viene a la memoria el "Borges a contraluz" de Estela Canto (a quien aquél dedica El Aleph), con la que en su día me pillé un cabreo supino. Parecía que ella era la creadora y Borges el currito.

E. G-Máiquez dijo...

La segunda g de blogg también puede ser de gracias a todos. A mí tampoco me gustan los libros sobre escritores, Dal, pero no porque sospeche de cierto resentimiento, que puede ser, sino porque me parece que rara vez se logra estar a la altura de lo que uno escribe y que es ahí -en la altura- donde compensa encontrarlos. En cualquier caso leeré este libro, fiándome de la palabra de Baltanás. Ya contaré.

Carlos RM dijo...

Creo que voy a patentar la expresión ¡guau! como comentario cuando una entrada me deja no sin palabras, sino pleno de ellas. Ayer en el bloGG de Mora-Fandos y hoy aquí, de rodillas. ¡Guau! también por Borges, qué preciosa imagen, qué alentadora.

Juan Ignacio dijo...

Muy interesante, sí señor. Me he entusiasmado.

Y como me he entusiasmado, otra vez deberás soportar que te diga algo de Marechal. La influencia Dantesca en él es importantisima y este asunto creo que tambien lo toca con sus Solveig terrestre y Solveig celeste en el Adán Buenosyres.

Quizás tu amigo Navascués pueda explicarlo (o negarlo) mejor, yo sólo diré una frase que dice en el Cuaderno de Navegación (otra obra de Marechal) acerca del Adán Buenosayres:

(...) El núcleo de la novela o su motor interno está en una noción de la Solveig celeste (Madonna) que Adán presintió en su alma y que busca primero en la Solveig terrestre.

Y bien que se llevó una decepción don Adán B.

António Viriato dijo...

Caro Amigo,

Em primeiro lugar, quero agradecer-lhe a sua visita à minha tribuna particular : o blogue Alma Lusíada, tribuna que mantenho desde Junho de 2004, neste alargado espaço comunicativo que é a Internet.
Nela desejo expressar, sem inibição nem presunção, pontos de vista pessoais, sobre assuntos que considero relevantes, para mim, para o meu país e, modestamente, também para o espaço civilizacional em que nos integramos : a Europa, que, a meu ver, neste momento atravessa uma notória crise de carácter espiritual e, estranhamente também, o que me parece ser uma crise de identidade ou o receio da sua afirmação.
Em segundo lugar, peço desculpa de haver chamado castelhano ao meu desgrenhado portunhol. Na verdade, deve-se evitar escrever em língua que não se domina com um mínimo de destreza, a não ser em caso de extrema necessidade. Uma coisa, de facto, é falar uma língua de modo que nos entendam, outra, muito diversa, é pretender vazar-lhe, na forma escrita, as nossas ideias, opiniões ou sentimentos, o que, naturalmente, já exige maiores requisitos. Tenho disso plena consciência.
E, também creio, como Unamuno, que nos podemos entender, nós, os portugueses e os espanhóis, falando cada um o seu próprio idioma. Com um pouco de esforço, alguma perspicácia e, sobretudo, alguma prática, conseguiremos ultrapassar eventuais dificuldades.
Faz-nos bem, a ambos os povos, conhecermo-nos reciprocamente, começando pelo turismo e passando ao restante; na comunicação, por exemplo, discursando nas nossas línguas-mãe, as de origem, as que aprendemos desde o berço e às quais para sempre nos afeiçoamos, de coração, por mais erudição linguística que venhamos a ganhar pela vida fora.
Eis, num curto relance, o meu modo de ver a questão da comunicação entre os nossos povos, tão semelhantes na geografia física, mas bastantes distintos na do espírito, como qualquer observador atento logo notará, numa simples visita de turismo, impressão que sairá, por certo, reforçada, quando complementada por certo conhecimento de natureza histórica e cultural dos dois povos.
É, por isso, imperioso retornar ao espírito de Unamuno, de Antero de Quental, de Oliveira Martins, de Guerra Junqueiro, de Teixeira de Pascoaes e outros, que, na sua época, muito pugnaram pelo conhecimento recíproco dos nossos povos, começando por algo que está mais à mão : a literatura, por exemplo. Aqui, já alguns progressos se fizeram, nas últimas décadas, com a edição de autores clássicos e contemporâneos dos dois países, mas temos de fazer muito mais, e não só as entidades oficiais. Cada um, na sua pequena esfera de influência, pode dar o seu contributo, por pequeno que seja. O importante é quebrar este incompreensível mútuo desconhecimento, como seres antípodas, até no sentido cultural.

Peço desculpa de me haver alongado.
Apreciei as opiniões aqui encontradas.
Sugiro-lhe ainda, se mo permite, que aborde, num dos seus futuros artigos, este tema das relações luso-espanholas, vistas de um ângulo cultural, partindo, por exemplo, da visão algo trágica ou pessimista que tinha de nós, portugueses,Mestre Unamuno, talvez o escritor espanhol que mais esforçadamente procurou entender a enigmática, desconcertante alma portuguesa ou, num plano mais amplo, a algo inefável alma lusíada, a que ficou «pelo mundo em pedaços repartida», no dizer lapidar do nosso épico, o grande Luís de Camões.

As minhas mais cordiais saudações,

AV_21-09-2006

PS : De Chesterton não opinei, por falta de elementos próprios, mas gostei da exegese aqui elaborada, em particular das referências a Dante.

Breo Tosar dijo...

Maravillosa entrada. Por favor, no dejes de escribir sobre el gran Dante. Sólo por él vale la pena aprender italiano.

Un abrazo muy fuerte,

Breo

Rocio Arana dijo...

Sencillamente tan genial, que lo he impreso o imprimido para leérselo a mi madre. Algo había oído yo sobre Mrs.Chesterton, y de labios de J.J.Cabanillas, que no miente. ¡Ay!

Pablo Buentes dijo...

Enrique creo que te gustará lo que voy a decirte: quiero leer a Dante, qué versión debo comprar de la DIVINA COMEDIA?? Debo hacer algo especial mientras lo leo??

E. G-Máiquez dijo...

Hombre, Pablo, claro que me gusta que te animes a darte una vuelta por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, que eso es turismo.
Mi consejo es que te busques la traducción de Abilio Echeverría, en Alianza Editorial, aunque la de Crespo también es buena. Yo leería sólo un canto al día, para no abusar y para marcarte un ritmo que te permita compaginarlo con otras lecturas. Otro consejo personal es te leas las notas de cada canto antes de empezar con él, pues Dante contaba con que su lector ya tenía esos datos históricos, teológicos y míticos que ahora hemos ido perdiendo. Interrumpir la fluidez para acudir a las notas se carga el ritmo del canto.
Ánimo, Pablo, y ya nos contarás.