sábado, 15 de marzo de 2008

Funerales

Los que acudimos a misa a diario coincidimos a menudo con algún funeral. Muchos han abandonado la sana costumbre de ir con regularidad a la iglesia, pero no la de morirse, ni tampoco —y esto es ciertamente más singular— la de acudir a la parroquia a rendir su homenaje al familiar o amigo difunto.

En consecuencia, he asistido a tantos funerales que se me puede considerar un funerólogo. Pedrito de Andía, en la encantadora novela de Sánchez Mazas, comentaba lo buenas que son las misas para mirar y, aunque suene frívolo, tenía más razón que un santo. La cosa es que uno contempla, con creciente ternura, la falta de costumbre mezclada con una necesidad profunda de rezar. Hay una fe resistente a las oleadas de laicismo.

Quitando el momento de la paz, que todos conocen de sobra y ejecutan con gran destreza y efusión de besos y abrazos, tiene que ser casi siempre el sacerdote el que, con leves movimientos de director de orquesta, indique cuando sentarse, cuando levantarse. Como los familiares ocupan los primeros bancos, no pueden fijarse en lo que hacemos los asiduos, colocados en un lugar discreto, muy pudorosos de entrometernos en la pena ajena.

Con todo, a la hora de comulgar, hemos de dar un paso adelante y entonces es fácil percibir las miradas interrogadoras de la familia. “¿De dónde ha salido ese amigo de papá que no he visto nunca jamás en mi vida?”, por ejemplo. El malentendido tiene, no me lo negarán, interesantes ribetes novelescos.

Pero la explicación teológica es más interesante, y más auténtica. Al participar juntos en el mismo sacramento, uno se convierte ipso facto en un amigo íntimo de la familia, más, en un hermano. Por encima de detalles tan circunstanciales como el de conocerse o no conocerse, hay entre todos los hombres una indisoluble solidaridad en la historia y más allá. Qué bonito sería no escabullirse con sigilo cuando acaba la misa, y acercarse a dar el pésame y explicarles esto. Pero les sonaría un poco raro y tampoco hace ninguna falta. Al rezar el viernes pasado por Isaías Carrasco sentí lo mismo; y también, en otro orden de cosas, si me perdonan la metáfora funeraria, al pensar el domingo por la noche en el destino común de todos los españoles.

7 comentarios:

Donna Angelicata dijo...

Sr. García-Maiquez, si me permite introducir un poco de humor en su esplendido discurso, hay una frase muy buena de Mark Twain, que no me resisto a compartir con ustedes:

"¿Por qué nos alegramos en las bodas y nos entristecemos en los funerales?. Porque no somos la persona interesada."

SusoAres dijo...

Qué hermoso y cierto es lo que comentas, Enrique (¿me das permiso para tutearte?). Al hilo de tu reflexión, se me viene a las mientes aquello que se lee en "Gaudium et Spes, 22": "El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre", un "en cierto modo" que es un "modo ciertísimo" de unirse a todos y cada uno, y que nos permite a los hombres estar ciertísimamente unidos los unos con los otros: mejor destino común que éste no hay.
Saludos.

Soboro dijo...

Esta semana he asistido al segundo funeral de mi vida y es sorprendente cómo las almas sensibles (entre las que me encuentro) suelen contagiarse del ambiente triste que se respira en las ceremonias religiosas. Yo, siendo agnóstica y sin conocer apenas al difunto, lloré con vergüenza.

Mery dijo...

Muy buen humor al final de tu entrada; menos mal que hay gente como tu que reza para que nos sea leve los 4 años que tenemos por delante. Si fuéramos muchos mas los que nos encomendáramos a Dios, quizá se apiadase e hiciera un milagro, porque un milagro necesitaremos para salir con bien de ésta.
En fin, que no falte el humor. Un abrazo

Anónimo dijo...

Una pregunta, unida a mi oración por los difuntos,¿Donde quedaría la providencia, y la Luz del Espíritu Santo, sobre la borreguil manada el pasado domingo?


MAHANDRY SABANDUKY

Nodisparenalpianista dijo...

Brillante!!!!
Si me permites la inmodestia, querido EGM, hoy he pensado algo, lateralmente, parecido. Pero tú mejor.
Y sobre lo del domingo, pues a apechugar y a afilar las bayonetas, que no hay mal que cien años dure, dicen. Ay.

Rocío Arana dijo...

tío, eres un crack. esto es peloteo. nooo porque quiera sacar algo de ti, que "sólo" eres mi amigo, sino para que nunca pase por tu cabeza la idea de cerrar el garito. lejos de nosotros la funesta manía de dejar el blog...