jueves, 24 de abril de 2008

El astuto Juaristi

Estaba Jon Juaristi en una cálida sobremesa jerezana animándonos a que leyésemos Los bárbaros de Alessandro Baricco. Nos hizo un tráiler publicitario. A partir de asuntos muy periféricos, como el fútbol o el vino, Baricco diagnostica la profunda mutación social en curso, que consiste en la pérdida del alma. Nos contaba Juaristi, que el italiano defiende, por ejemplo, que el vino, antes, era un producto exclusivo que sólo existía en las tres grandes culturas vitivinícolas: Francia, Italia y España. De pronto se ha extendido a escala planetaria por unas causas y con unas consecuencias muy concretas y exportables.

Me compré el libro, faltaría más. Y cuál no sería mi sorpresa cuando descubro que para Baricco las culturas del vino son únicamente dos: Francia e Italia. Como a esa altura el libro me tenía enganchado, no lo tiré a la papelera.

¡Qué astuto, Juaristi! Estoy seguro de que cayó en eso y calló. Es imposible que él no notara la profunda injusticia con España, y sólo me pregunto si la retocó por motivos de marketing o como quien corrige una errata. ¿Sabía el sabio que si me cuenta que no se cuenta a España como gran cultura del vino, se compra el libro la madre de Alessandro? ¿O simplemente le pareció un error pueril que podía corregir sobre la marcha, sin darle más importancia, como quien mete una hojita que pone “fe de erratas”? Yo creo que es lo primero, je, je, qué pillín, Juaristi.

También es pillín Baricco, por cierto. No nombra a Dios ni una sola vez, pero deja claro que el alma que se está perdiendo [con lo grandielocuente que suena eso] no es la de Homero -casi inexistente, dice- ni tampoco -atención- el alma tal y como la entendía Dante. Es sólo el alma romántica, el alma prometeica de la modernidad. Y así, sí, vale: uno mira la mutación con otros ojos, por supuesto.

8 comentarios:

ARP dijo...

Vaya, no pensaba que Baricco le pudiese gustar a Juaristi: todos podemos equivocarnos, veo.
Hace años yo intenté leer Seda, muy recomendada por varios, y lo dejé al poco. Y hasta hoy.
Yo a Baricco lo tenía en la lista de 'listillos' 'cultillos' y prescindibles.
Y perder el alma romántica no da mucha pena, la verdad.

Rafael Lucena dijo...

Entre los que recomendaron aquel fiasco narrativo se encontraba don Mario vargas Llosa (supongo que vendido, una vez más, a las veleidades económicas de las editoriales).
A lo báquico o dionisíaco y el engaño, lo mejor es tu postura, señor de rayos y truenos, añadirle la mesura ecléctica de lo apolíneo para encontrar explicaciones coherentes.

Anónimo dijo...

qué jodío el Juaristi.

N.de A.: jodío en el sentido andaluz y bueno, claro está.

Jesús Beades dijo...

"Seda" está muy bien. Es un proema.

Rocío Arana dijo...

Seda está muy bien y es un proema, pero tiene demasiado caramelo. A veces somos injustos con la melaza: se la perdonamos a algunos y a otros no.
Muy buena tu reflexión, EGM.

Francisco Sianes dijo...

La narrativa de Baricco -por lo poco que la conozco- se me antoja grandilocuente y desmedulada. Forzadamente poética y no poco cursi.

Sus ensayos, sin embargo, "Next" (sobre la globalización), "El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin" (sobre la música culta) y "Los bárbaros" están escritos en un estilo limpio, cortante y acerado: de grácil espadachín de antaño.

Éste último merece una lectura detenida. No quiero abusar de la hospitalidad de Enrique y soltarles un rollo macabeo (me gustaría tener ganas de animarme a hacerlo en mi propio blog); pero "Los bárbaros" abre alguno de los nódulos primarios de nuestro tiempo. Es una radiografía de la trayectoria que sigue hoy el mundo: desenfocada a veces, sin duda, pero más pertinente que la mayoría de los ensayos "sesudos" que hoy se escriben.

Quien quiera vislumbrar por dónde irán los derroteros artísticos y espirituales de pasado mañana deberían darle una oportunidad a este libro. Es uno de esos casos en los que incluso el más profundo desacuerdo es fecundo.

Un cordial saludo.

maría dijo...

"Seda está muy bien. Es un proema".
Está muy bien dicho, y además es cierto.
Un saludo.

Anónimo dijo...

España no lo se, pero Portugal sin viño no es Portugal.

Lino Portela, Portugal