miércoles, 18 de marzo de 2009

Termitas en la Cartuja

Ahora mi vida gira alrededor de las termitas (quod erat demostrandum). Y no todo tiene por qué ser desagradable. Busqué asesoramiento técnico en un amigo (F.J.P. de E. V.), que es el arquitecto de la restauración de la Cartuja de Jerez y oyéndole contar cosas de las Hermanas de Belén, que ahora viven allí me olvidé hasta del Reticulitermes Lucifugus.

Fue a la celda de una monja joven. Las altísimas vigas estaban llenas de termitas. La monjita ("muy joven, oye, y guapa, de Toledo") le explicó que no le importa la arenilla que cae del techo, que ella se tapa con la sábana, pero que no puede soportar el ruido horrible de las termitas. Cuenta mi amigo que las celdas son enormes, altísimas, y se le encendían los ojillos y comentaba: "Vamos, que en cada celda me cabe a mí un unifamiliar". Pero enseguida le podía la admiración por las monjas. En cada celda tienen unos pobres muebles, y me contó que están atornillados al suelo para vencer la tentación de la decoración. Con tanto tiempo, espacio y soledad, podría suceder que alguna hermana se dedicase a mover la mesa continuamente. Para mí ha sido un ejemplo grandísimo: ya he empezado a atornillar cosas.

Finalmente, recordó una visita de Bibiana Aído cuando era Delegada Provincial de Cultura. Le preguntó: "Dime, Javier, ¿qué es lo más valioso del Monasterio". Y él le respondió: "El patrimonio espiritual, piense que aquí llevan rezando casi ininterrumpidamente cerca de ochocientos años". Ea.

16 comentarios:

Miguel Ángel Borrego Soto dijo...

Yo sólo espero que las termitas o, más bien, la carcoma que ahora te obsesiona, y con razón, no se vengan para el blogg que estreno hoy. Menos a este anobium punctatum devorador de rodapiés y estanterías, os invito al resto a que lo hagáis crecer poco a poco. Un abrazo y ánimo con contra el invasor, Enrique.
www.donnablanca.blogspot.com

AnaCó dijo...

Dile a tu amigo que es un crack. Hay que ver qué chispa para responderle a la Aído.

Suso Ares Fondevila dijo...

¡Ea!

Ignacio dijo...

El terceto monasterio-restaurador ingenioso-visita ilustre me trae a la memoria la que seguramente sea la mejor anécdota que me han contado en mi vida, y no me resisto a repetirla.

Me la contó T.C. (por cierto, Enrique, si pones las iniciales con tanta precisión y circunstancia poco queda al anonimato), arquitecto encargado de las obras del monasterio de Guadalupe. Uno de los dominicos, el que más pendiente había estado de las obras (un tipo cultísimo, fino y retorcido como sólo un dominico) les estaba enseñando las obras a la entonces first lady Ana Botella con unas amigas suyas de Madrid. Hay una antesala que diseñó no recuerdo si Herrera o Vandelvira. Se trataba -recitó el dominico, aprendida la lección de T.- de comunicar dos espacios de distintas épocas y hechuras, y el arquitecto se las arregló para encajar una estancia de cuatro puertas, un portento de orden clásico que una vez colocada parece que haya estado ahí siempre. Hemos entrado por aquí, la puerta de enfrente conduce a la capilla, esta de la derecha es para las estancias privadas y la de la izquierda se colocó para guardar la simetría.

En este momento uno quisiera, para más efecto, que hubiera hablado doña Ana B., pero la crónica refiere que fue una de sus amigas la que dijo: “Bueno, padre, y ahora que estamos en confianza, ¿no podría usted abrir y enseñarnos la simetría?”

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Ay, si nos preocupásemos más de los patrimonios espirituales...

Javier Sánchez Menéndez dijo...

No creo que Bibiana haya comprendido a Javier. Sólo entiende de "flamenco quitavidas", en vez de "quitapenas".
Enrique, lo de las termitas ¿es cierto? He leído otro el Diario.
Un abrazo.

LFU dijo...

Las termitas no dejan caer arenilla. Eso lo hace la carcoma.

LFU dijo...

Lo cierto es que las termitas te han brindado un magnifico articulo como el de hoy. No hay mal que por bien no venga...Felicidades

AFD dijo...

Ea. Yo me he mudado muy recientemente (tres días), dejando atrás tanto la chispa de metrópoli, como el romanticismo del bosque, para vivir al lado de un convento de donde salieron en el siglo XVIII todas las misiones del norte de México y sur de USA. Busco ese mismo patrimonio que menciona tu amigo.

Saludos

AFD

Miguel Ángel Borrego Soto dijo...

¿Y entendió la Bibiana lo del patrimonio espiritual? ¿O sufrió un aborto -otro- mental?

Manupé dijo...

Cuando todavía estaban los cartujos en Jerez, se les podía ver de vez en cuando paseando por un sendero que hay rodeando el convento, siempre en pareja y convenientemente cubiertos con la capucha de su hábito. Me los descubrió mi padre una tarde de verano que pasábamos en coche camino del pueblo. Me encantaba verlos, así que cada vez que salíamos le insistía para que pasara por allí con la esperanza de volverlos a ver. Tengo grabada en la memoria esa foto fija de los cartujos y las protestas de mi padre por tener que cumplir mis caprichos. Echo de menos las dos cosas.

Rafael G. Organvídez dijo...

Cuando vivía en Jerez yo también solía verlos pasear alrededor de la Cartuja. Para mí es un edificio religioso que me atrae poderosamente. Todavía hoy, cuando voy a Jerez o vengo a Sevilla es paso obligado en mi camino antes de tomar la autopista.

Cathan Dursselev dijo...

Me encantan las monjas que hay ahora. Y no solo porque alguna sea demasiado guapa para ser monja. Tienen una espiritualidad increible y una austeridad que no se puede describir. Y eso que alguna ha tenido que dejar la celda esa del adosado e irse a dormir a una carava porque le comían las ratas.

Ya podría aprender nuestra ministra de Igualdad un poquito de humildad con ellas. Aunque no el gusto, que lo que han hecho en el retablo no tiene perdón de Dios.

Carlos RM dijo...

Ya siento lo de las termitas, en tu casa y en la Cartuja. La respuesta de tu amigo es memorable; y sobre monjas, recomiendo un reportaje emitido recientemente en el programa Callejeros titulado "Vidas consagradas"; puede conseguirse buscando en un programa cuyo icono es un burrito, ya saben.

Anónimo dijo...

Hace un par de años,estando de cooperante en Granada, típica ciudad colonial en Nicaragua, una noche en la q no conciliaba el sueño, salí al portal de la casa, y al pasar el sereno, me pidió un cigarrillo y entablamos conversación. No recuerdo cómo llegamos al punto de la conversación en la q me dijo q todas las casas coloniales d Granada tenían vigas madera d no recuerdo qué arbol, pero q para evitar q fueran devoradas con el tiempo por las termitas, los colonos españoles se tomaban la precaución de talar estos árboles en luna creciente.
Felicidades por el artículo "reticulitermes lucifugus".

JUANMA SUÁREZ dijo...

A mí me llama la atención sobremanera la pregunta de la Aído: "¿Qué es lo más valioso del monasterio?" Seguramente iría con mala intención.