jueves, 5 de noviembre de 2009

Una reseña no escrita

Esta vez (a difierencia de la otra) no me costó ningún trabajo encontrar el nuevo libro de Wisława Szymborska: estaba en todos los escaparates. (El que no hubo manera, dicho sea entre paréntesis, es Pensamientos desordenados de Simone Weil.)

A la Szymborska me encantaría escribirle una reseña con todas las de la ley [indirecta a los de Poesía Digital], pero, mientras tanto, disfrutemos dos poemas del libro sin demasiadas interferencias mías.

El primero a más de uno le traerá a la memoria el poema de Miguel d’Ors titulado “Escuchando a Ella Fitzgerald da en meditar en los misterios del amor de Dios” de Hacia otra luz más pura, que no he podido enlazar porque no se encuentra en toda la blogosfera, y nosotros que nos lo perdemos. Sería curioso compararlo con este de W.S.:
................ELLA FITZGERALD EN EL CIELO

Le rezaba a Dios,
le rezaba ardientemente,
para que hiciera de ella
una feliz chiquilla blanca.
Y si ya es tarde para esos cambios,
pues al menos, Mi Señor, mira cuánto peso
y quita de aquí como poco la mitad.
Pero el misericordioso Dios dijo No.
Simplemente puso la mano en su corazón,
le miró la garganta, le acarició la cabeza.
Y cuando todo haya pasado—añadió—,
me llenarás de júbilo viniendo a mí,
mi alegría negra, mi tonel cantarín.
[En polaco no riman los dos últimos versos, aunque tratándose de un poema a una cantante, no deja de tener su gracia. Lo que vale por una clase de traducción es la razón por la que han traducido el título “Ella Fitzgerald en el cielo” cuando en v.o. es “Ella w niebie”, sin apellido que valga. En español Ella se puede leer como ella, claro, y sería un lío.]

Mi otro poema favorito trae esta vez al recuerdo la poesía de José Jiménez Lozano. Además de traernos mucha paz y alegría, que falta nos hacen:
...................VERMEER

Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.

12 comentarios:

Andoni Rentería dijo...

Es una maravilla de libro, y por una vez los poemas no vienen precedidos de las farragosas introducciones que suelen hacer a Szymborska. Por eso aguardo con interés tu reseña, Enrique [indirecta a los de Poesía Digital].

Me gustan tantos que no sabría elegir mi favorito. Por equilibrar un poco, y dado que has elegido los luminosos, aquí va algo más inquietante y otoñal:

EJEMPLO

La tormenta
arrancó anoche todas las hojas del árbol
menos una de ellas,
dejada
para que se columpiara sola en la rama desnuda.

En este ejemplo
la Violencia demuestra
que sí,
que en ocasiones le gusta bromear.

---
Wyslawa Szymborska, Aquí (Madrid, Bartleby editores, 2009), traducción castellana de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano.

E. G-Máiquez dijo...

Qué bien que equilibres. [Y Dios te pague la indirecta.]

Ignacio dijo...

Joder joder, los vellos de punta con el Vermeer.

Ignacio dijo...

(otra rima no buscada, o sea)

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Yo, además de admirar los dos poemas del escaparate y el que Andoni nos regala en la trastienda, me pregunto cuándo los de Poesía Digital te van a encargar esa reseña. A ver si tacita a tacita lo conseguimos.
Un abrazo.

Ángel Ruiz dijo...

El título de tu entrada es como un título posible de un poema de Szymborska.
Y yo no sé a qué esperan en Poesía digital para encargarte la reseña, que ya casi la tienes hecha con lo de hoy (aunque si no te la dan, lo único que les pediría es que no la hiciera Elena Medel).
Y qué poemas, qué grande. Y muchas gracias, Andoni, por el otro.

E. G-Máiquez dijo...

Aviso a navegantes.

No hacen falta más indirectas. ¡Los de Poesía Digital me han encargado la reseña! Será para el número de febrero, vaya por Dios, pero lo bueno de la poesía buena es que no tiene fecha de caducidad. Gracias por los empujoncitos y las tacitas.

Tampoco me mandéis, que os conozco, Pensamientos desordenados, que lo he pedido ya por internet. Gracias de todas maneras.

Ignacio, el pareado / está justificado.

CB dijo...

Pues mira que eres, ahora que venía a decirte tan contenta que va para allá trotando y que se nota que no te pasas por Pasajes (no sé si la conoces pero creo que te gustaría, está en la calle Génova -sí, pero al otro extremo- y tienen todo lo de Trotta y cosas en inglés y francés que no se encuentran en ningún otro sitio).
Muchas gracias por los poemas. Yo prefiero el primero ("pero el misericordioso Dios dijo No", y el enorme "simplemente..." que le sigue). El segundo es hermosísimo, pero quizá Jiménez Lozano remataría de otro modo, quizá pidiendo su salvación eterna, o quizá ni sea necesario porque ya lo esté.

E. G-Máiquez dijo...

Ups. Y cómo te lo agradezco.

Conozco Pasajes y me encanta y trabaja allí una amiga, pero no lo termino de incluir en mi recorrido, quizá para no dejar tiesa a la economía doméstica, que tentaciones en varios idiomas es ya demasiado.

A mí también me gusta más el primero, CB. El segundo es demasiado descarnado, ¿no? En el primero, el poema, de forma sutil, rinde su homenaje a la música de Ella. Al de Vermeer le falta quizá una imagen más plástica, para redondearlo, aunque quizá W.S. haya buscado ese despojamiento para dar más sensación de acta notarial, de aplazamiento inapelable del fin del mundo.

Abel Murcia abelams77@gmail.com dijo...

Desde esta Cracovia que se debate entre adentrarse definitivamente en la niebla o sumergirse en el reino de la lluvia de esta Galicja centroeuropea, sólo comentar que se agradece encontrar lectores como vosotros que justifican con creces los sinsabores de la traducción.
Saludos.

Abel Murcia y Gerardo Beltrán

CB dijo...

A WS le duele, y hace que nos duela, que todo lo hermoso aquí abajo, incluso lo que hemos querido rescatar y guardar para siempre,lo que hemos querido hacer eterno, sea perecedero. Le duele que "cuando todo haya pasado" (qué genial decirlo así, como si la vida fuera "esta mala racha") la lechera de Vermeer no siga vertiendo leche de la jarra al cuenco.
¿Pero por qué no va a ser posible que el misericordioso Dios acceda a salvar eternamente lo que sus criaturas han querido salvar? ¿Por qué no le va a llenar de júbilo que la lechera siga vertiendo leche, lo mismo que la voz de su tonel cantarín? ¿No es eso lo que sentimos ante las verdaderas obras de arte, que son eternas? Yo creo que justamente eso es lo que quiere decir SW (que no es la Szymsborka al revés, sino la de los pensamientos desordenados) cuando dice que "La belleza es la eternidad aquí abajo, es presencia real de Dios aquí abajo”.
Aunque puede que en el fondo sea eso mismo lo que A WS le ronda y nos quiere sugerir.

E. G-Máiquez dijo...

Qué sinsabores tan dulces los de la traducción, ¿no? Ser el primero en verter, como la lechera de Vermeer, estos poemas al cuenco del español. Enhorabuena y mi agradecimiento inmenso.

Y con el mono, CB, me he leído de SW (la otra cara de la moneda de WS) La Ilíada, o el poema de la fuerza. Qué lectura deslumbrante (la mía de ella y la de ella de Homero) y allí estaba también esa idea de la necesidad de salvación de la hermosura, que late en el poema de la lechera. Muchas gracias por tu recomendación.