miércoles, 19 de septiembre de 2012

Noche

Qué noche de perros me ha dado Carmen. Todo lo que os cuente, si lo contase, sería poco. Pero no vengo a quejarme, sino a confesarme. Lo peor ha sido cuando a eso de las cuatro me he descubierto una sibilina satisfacción muy íntima y complaciente. Estaba acariciando la idea de que tenía una justificación perfecta para trabajar a medio gas al día siguiente, para dejar muchas obligaciones esquinadas, para arrastar cierta apatía y malhumor y para compadecerme bastante, dándome compensaciones como a un niño mimado. Y no es eso, no es eso. 

3 comentarios:

Ignacio Trujillo dijo...

No es eso, no es eso...pero hay que estar muy alerta, porque, lo sé por experiencia, el malhumor ataca implacable y sibilinamente cuando se está una, o muchas, noches sin dormir. Hay qué repetirse, deberíamos tener alguien como los triunfadores romanos que nos lo susurrase al oido: y mi prójimo que culpa tiene y mi prójimo que culpa tiene... (de que mis hijos sean unos... petardos)

gatoflauta dijo...

Una sugerencia: la primera frase, "que noche de perros ME ha dado Carmen", ¿no es un poco injusta, por egoísta? Yo supongo (no lo sé) que no sólo a ti te daría esa "noche de perros"; si Leonor por ejemplo, y como supongo, también estaba, ¿no sería más justo escribir NOS? Digo.

Enrique García-Máiquez dijo...

Como se ve que sabes, Ignacio. Sigo vigilándome de cerca.

Y qué bien leído, Gatoflauta, yendo al matiz y al hilo fino. Gracias. Es importante, sin embargo, tener fe en el narrador. En este caso, el "me" responde a que Leonor y yo nos turnamos (esta noche, si mala, se la dará a ella). Con todo, me has hecho plantearme si no soy injusto con Carmen, que tampoco se ha divertido. Cómo lloraba.

Abrazos.