miércoles, 20 de febrero de 2013

El cine español


Su folklore y el peor de sus problemas.

5 comentarios:

Ignacio Trujillo dijo...

El final de tu artículo, demoledor.
La "gala de los goyas" totalmente patética, pero no por la política, sino por el guión infantiloide y burdo. ¿No podrían contratar a algún tío de Cádiz que ayude a los guionistas? Cualquier chirigotero es doscientos millones de veces más ingenioso que la Eva hache y sus secuaces.

Isabel dijo...

Estoy con Ignacio Trujillo, es demoledor.

En alguna ocasión he pensado que a los actores españoles les deberían doblar, porque las voces de algunos dobladores son mucho más reales, con más matices.

Quizás debamos deconstruir el cine español, suponiendo que esté construido.

Anónimo dijo...

Interpreto lo de Candela Peña, básicamente, como una solicitud de empleo, que invoca su estado de necesidad(hijo al que alimentar) y complace a quienes la pueden ayudar. No vi la jugada, sino sus repeticiones; y tuve un sentimiento de pena por Peña

Anónimo dijo...

Lo de Candela Peña es difícil de entender: si es mentira (que lo es) hizo el ridículo y aniquiló su credibilidad (si es que tenía alguna); pero es que si es verdad se convierte en un argumento más para acabar con las subvenciones al cine y dedicarlas a la Sanidad, con lo que su solicitud de empleo tampoco se entiende.¡Ah!, por cierto, el hospital dependía del gobierno autónoma de Cataluña, no del Estado. Pequeño detalle.

Anónimo dijo...

Mi completo desacuerdo con una idea que parece clave en el artículo, tal como lo ilustra la imagen de Goya de la que se habla: la de que las críticas al Gobierno escuchadas en la gala lo fueran de "media España a la otra media". Nada más inexacto, en mi opinión: las críticas a un gobierno, sea del signo que sea, NO SON de ningún modo críticas a toda la gente que pueda sentirse ideológicamente afín a ese gobierno, sino sólo a la gestión concreta de unas personas concretas, con nombre y apellidos.

No entro en el fondo de la cuestión, es decir, en si las críticas, o algunas de ellas, fueron justas o no, o si fueron más o menos oportunas, aunque una cosa sí me parece obvia: la actual crisis, y así está reconocido por todo el mundo, procede de unos manejos financieros más o menos torpes, cuando no más o menos turbios: en otras palabras, sus culpables son muy fundamentalmente una serie de muy ricos y poderosos financieros (y también empresarios; en España, por ejemplo, la irresponsabilidad de algunos constructores, además de la de los Bancos que los financiaron). Pero no son esos ricos y poderosos quienes están pagando sus culpas, o siquiera ayudando al menos a que podamos salir entre todos del pozo que ellos crearon; por el contrario, oímos constantemente decir que el único sector de negocio que no sólo se mantiene sino que no deja de crecer es el de superlujo, o sea, precisamente el que tiene como clientes a esos ricos y poderosos. Todos sabemos cómo y con qué dureza las clases medias y las que ni a eso llegan, que son las menos culpables del follón, son sin embargo las únicas que de veras lo están pagando, mientras esos ricos y poderosos, los verdaderos culpables, se siguen forrando a costa de todos los demás.

Así las cosas, y con la educación y la sanidad cada vez más vapuleadas, las ayudas sociales cada vez más recortadas, por no hablar del drama de los desahucios y las muertes que ya lleva costadas (y las que seguirán, por desgracia), o de las corrupciones políticas diversas ¿es que hace falta tener una adscripción ideológica determinada para poder pensar que esto es inaceptable, que debieran pagar más quienes más dinero (y culpa) tienen y no los que malamente tienen para vivir, etcétera, etcétera?

Las críticas a esta situación me parecen a mí no sólo absolutamente justificadas, sino imprescindibles. Y que se oigan allá donde puedan tener alguna repercusión pública, algo del todo necesario. Vengan de la derecha o de la izquierda, me da igual. Porque no se trata aquí de perjudicar al adversario político, o de beneficiar a quien es de los nuestros, pequeñas mezquindades completamente ajenas a la verdadera gravedad del problema: se trata de protestar por la dignidad pisoteada de tanta gente que no puede defenderse, y de dejar claro que la justicia es exactamente lo contrario de lo que se está haciendo, es decir, exprimir hasta lo insoportable al débil para beneficio de quienes tienen más dinero y más culpa.

Lo único que me asombra es que algo como esto no sea absolutamente claro para todo el mundo. No es una cuestión de derechas o izquierdas: lo es de la injusticia atroz que están padeciendo cada día, y cada hora, los más débiles, que no son en absoluto los culpables de la situación, sino sus víctimas. No sé si es que hay quien no ve, efectivamente, algo tan obvio, o es que hay a quien no le importa. Triste cosa, de uno u otro modo.