sábado, 6 de julio de 2013

En Almagro


Lo bueno del calor, como las esposas de Sócrates, es quitárselo. Qué bien se está en la piscina, entre golondrinas que bajan a rozar el agua, rozándonos casi. Las golondrinas parecen cruces de Calatrava que suben y bajan por una escala de Jacob, de caracol, a bendecir el agua. Chirría una chicharra, una, para dar una nota de tipismo, sin cansar. Hasta la tórtola suena bien. En el agua de la ducha hay una nubecilla de avispas que parece llegada directamente de mi infancia. 

Las avispas me traen al recuerdo la mesa redonda con los críticos esta mañana sobre la representación de Tomás Moro. El ponente, Juan Ignacio García Garzón ha estado extraordinario, que es lo que decimos, ingenuos vanidosos, cuando otro dice exactamente lo que quisiera haber dicho uno. Jaime Siles ha establecido una estupenda relación entre la recuperación de esta obra de Shakespeare con el movimiento de Oxford y sus precedentes del romanticismo católico alemán. 

¿Dónde están las avispas, pues? Se ha dicho, ahora no recuerdo bien, que una dificultad de la obra es que no es dramática, por el catolicismo de Moro, que le hace aceptar cualquier cosa que le ocurre como salida de la voluntad de Dios. Eso tiene una parte de verdad, pero se ha dicho desde la otra parte, con algo de desdén. Parece que el parlamento de Moro que comienza: "Hablaré como Moro melancólico" se les hubiese pasado por alto.  Yo hablaré como Máiquez melancólico, y diré que he tenido la amarga sensación de que el catolicismo no se entiende. No que no se comparta o no se crea, sino que ya no se entiende. Esa incomprensión recae sobre algunos de los mejores momentos de la obra de teatro, haciéndolos intrascendentes. Por eso, García May, el autor de la versión, ha tenido que ir poniendo notas a pie de página con la figura del historiador, para ir pautando su pasmo contemporáneo.

Por lo mismo, aunque parece que es por lo contrario, el crítico de La Razón ha afirmado que no se explica que la obra fuese censurada en Inglaterra, que no es para tanto su catolicismo. Lástima que no fuese él Sir Edmund Tilney, Master of Revels, y nos hubiésemos ahorrado casi cuatro siglos de clandestinidad. Luego, echó de menos la fuerza de Shakespeare en la obra (el de La Razón, no Tilney, naturalmente). Yo creo que el monólogo de Moro cuando calma la rebelión, su reflexión cuando asciende al poder y sus palabras de consuelo a su familia en el momento de la caída son de una calidad incuestionable (y en la representación de Patiño relucen). Aunque, claro, son tan católicas que si eso no se les ve, no se ve nada. 

Leonor me llevaba esperando un rato al borde de la piscina de las golondrinas, y  tuve que salir antes de que acabase la mesa redonda. Fue una suerte, porque creo que hubiese intervenido, a lo don Quijote, y no habría ganado más que alguna magulladura. Mejor dedicarme a Dulcinea. Salía del salón cuando García May afirmaba que la defensa de Moro que hace la obra a él no le gusta, que él lo habría defendido con armas más modernas, con otro enfoque. Quizá ese sea el pero de su versión, espléndida en muchos otros sentidos: que él lo habría hecho de otro modo y en cierto modo lo hace. Y no se trata de modos: la obra no defiende a Moro en absoluto, porque para el público criptocatólico para el que fue escrita la defensa estaba de más. Se propone un ejemplo o, mejor dicho, se recrea el ánimo de los espectadores ante un ejemplo. Y hay una risa de principio a fin, al borde mismo del cadalso, porque aquel público secreto y perseguido sabía muy bien que  "un hombre puede perder su cabeza y no sufrir daño alguno". Y eso no expulsa al drama, sino a la tragedia, que no es lo mismo, aunque también es verdad que permite que un hombre dramáticamente atraviese un infierno y se le ponga al reportaje de aquello La divina comedia

Vuelvo a mis golondrinas. 

16 comentarios:

Eduardo del Pino González dijo...

Qué suerte no creer en la suerte! (palabras de la entrada anterior a esta).
Por suerte he vuelto a pasar por Rayos y truenos, después de varios problemas con el internet, justo en esta entrada (y en la anterior), que me han gustado especialmente.
El dato sobre "vice", por ejemplo (de la entrada anterior) muestra la enjundia del texto que fue elegido para edición y estudio, el que ahora se representa. Quizás vengan ediciones ampliadas o, si no, suculentos aquí sí artículos que marcan la historia de un texto y de un autor.
En fin, felicidades por ese viaje, que habrá merecido el "mea culpa" (perdón, pero también de la entrada anterior).

Anónimo dijo...

Copio y pego, de un artículo en El País de hoy: "Aunque, según una investigación paleográfica, la letra de la mayor parte del texto es de Anthony Munday, y de que existen claros indicios de que el resto son adiciones (la parte manuscrita por Munday es la única que lleva anotaciones del censor de su majestad), se ha especulado no poco con la hipótesis de que el texto entero pudiera ser de Shakespeare, no porque existan indicios racionales de ello, sino por el interés que suscita en círculos católicos la hipótesis de que el autor de Hamlet lo sea también de una pieza criptocatólica: imagínense lo que para algunos significaría poder adscribir con fundamento a esta religión al dramaturgo que Harold Bloom puso como pieza central del canon literario universal".

Por lo que yo conozco, matizaría algo lo que ahí se dice; pero las afirmaciones básicas, a mi entender, son ciertas. Las resumo: 1) No hay ninguna prueba de que la colaboración de Shakespeare sea, en todo caso, más que puramente episódica. Y el posible criptocatolicismo de Shakespeare es, hoy por hoy, una afirmación del todo gratuita. 2) La verdadera razón de que, a pesar de esto, haya quien lo afirme contra viento y marea nada tiene que ver con lo literario; ni siquiera con el pobre Shakespeare, que aquí es solamente una pluma (muy vistosa, eso sí) en el sombrero de algunos, sino con el interés por la Causa. Y 3), por cierto: no es ninguna "risa de principio a fin" -perfectamente inexistente en el texto- lo que "permite que un hombre atraviese un infierno -el Purgatorio y el Paraíso también, pero no son útiles para el argumento- y le ponga al reportaje de aquello "La Divina Comedia". Las razones para llamarle "Comedia" las explica claramente el propio Dante (en la epístola a Cangrande della Scala, ap. 10), y tienen que ver tanto con el comienzo triste -por tratarse el infierno- y el final feliz -el Paraíso- como por el estilo, que él califica de "humilde" pensando sobre todo, al parecer, en el hecho de que está escrita en lengua vulgar y no en latín. Lo de "Divina" ni siquiera es de Dante; fue a Boccaccio a quien se le ocurrió, mucho después de la muerte de Dante (en 1373, concretamente). Ay.

Enrique García-Máiquez dijo...

Lo del "Corto y pego" de El País más que herramienta informática parece aquí hábito mental. No es tan sencillo como dice su periódico ni tiene por qué ser verdad ni ellos son tan asépticos ni dejan de tener su causa. El catolicismo de Shakespeare es una cuestión académicamente muy seria que empieza a plantearse durante la misma vida de El Bardo. Y corrijo levemente mi texto para que no diga que el hombre le puso a su viaje divina comedia, sino que se le puso. Con ese cambio, corrijo el desliz. Le agradezco que me lo señale.

Anónimo dijo...

No se preocupe EGM; otros han encontrado que el citar el DRAE, o algunas otras fuentes, también es en mí "hábito mental". Algunos preferirían, parece, que uno jamás citara fuentes; es cosa suya.

Por otra parte, no verá EGM que yo me refiera nunca a "su" periódico, ni siquiera aunque se trate de un periódico en el que colabora, como un modo de descalificar una opinión suya (por no ser propia, se entiende). Si EGM, o quien sea, hace suya una opinión, aunque no sea originalmente de su propiedad (las ideas verdaderamente originales son raras, y no necesariamente mejores por ello), yo entiendo que la suscribe, y la valoraré como suya por lo que ella misma me parezca valer, en lugar de descalificarla por no ser suya (lo que encuentro más bien indicio de falta de argumentos).

Por otra parte, muchas cosas se han planteado ya "durante la misma vida de El Bardo", o no mucho después de su muerte; el que sigan "planteándose" cuatrocientos años después no parece indicio de especial solidez, sino más bien de que durante todo ese tiempo ha sido imposible aportar algo que las hiciera ser otra cosa que posibilidades más o menos remotas, a pesar del interés puesto por algunos en convertirlas en otra cosa.

Si, un suponer, alguien sale afirmando que el verdadero autor de las obras de Shakespeare es Christopher Marlowe, sin aportar al hacerlo ni un solo indicio que no se conociera, yo no pensaré que ha descubierto verdades antes insospechadas, sino sólo que tiene particular interés en su tesis, sea por aprecio a Marlowe, a su propia carrera o a cualquier otra cosa; asuntos todos ellos muy comprensibles y humanos (aunque, ciertamente, poco o nada divinos), pero que nada tienen que ver con Shakespeare o con su obra. Que es lo que yo ya decía antes.

(Y, por cierto, una curiosidad: ¿cuál es "la causa" de El País? No será el anticatolicismo, puesto que tiene un buen puñado de colaboradores no sólo católicos, sino teólogos, pertenecientes a órdenes religiosas, etcétera. Lo pregunto por mera curiosidad).

Enrique García-Máiquez dijo...

La causa de El País es la independencia de la mañana.

Anónimo dijo...

¿Por qué será que yo sospecho (malo, malo) que esa respuesta dudosamente humorística es una confesión de impotencia, esto es, de incapacidad para contestar en serio? En cualquier caso, ni El País ni el Grupo Joly son perfectos, ni carecen de servidumbres (cosa bien difícil); pero me gustaría saber cuál es la servidumbre de El País que descalifica de entrada el relato que un colaborador haga en él acerca del estado actual de la cuestión Shakespeare / catolicismo.

Yo no descalifico de entrada a nadie, ni siquiera al Grupo Joly o a EGM; sí creo que, en este asunto como en otros, tiende fácilmente a confundir con hechos sus muy particulares deseos. Yo tengo en este caso la ventaja de no tener ninguno; me da exactamente igual que Shakespeare fuese católico, anglicano, indiferente o ateo. Y es por tanto muy difícil que, aunque sea por inadvertencia, arrime aquí el ascua a mi sardina, por la muy poderosa razón de no tener sardina alguna a que arrimarla.

Enrique García-Máiquez dijo...

Confundir la impotencia con la pereza no es culpa suya, anónimo, sino mía, desde luego. Le pido disculpas por inducirle a error.

Anónimo dijo...

¡Ya está el de siempre!

Anónimo dijo...

Agradezco al Anónimo, quizá no el tenor mismo de sus palabras, pero sí la intención. (Puede recordar aquello de "Y si un sarcasmo escuchas, súbito como piedra, / formas amargas del elogio ahí descifre tu orgullo").

Yo supongo que quizá él, y seguramente no es el único, preferiría que no se leyeran aquí más que elogios y conformidades. Si yo mismo tuviese un blog (no es el caso), agradecería en cambio no sólo eso, que también, naturalmente, sino las críticas, a ser posible informadas e inteligentes. No pretendo, desde luego, que las mías lo sean; pero sí hago lo posible porque sean lo menos triviales y lo mejor fundamentadas que puedo.

Y, ya digo, yo agradecería en un blog propio la presencia habitual de un disidente como yo mismo trato de serlo aquí. Si para el Anónimo no es el caso, lo siento; yo creo de veras que se equivoca en eso.

Y si tampoco lo es para el propio EGM, y preferiría no volver a verme por aquí, no tiene más que decirlo; le aseguro que le complaceré.

Enrique García-Máiquez dijo...

Si quisiera no verle por aquí me bastaría con no aprobar sus comentarios, sin pasar por el trance de "echarle públicamente". Pero aprovecho su petición para decirle que, si es usted el mismo anónimo de otras veces, le agradezco muchísimo sugerencias y correcciones. Sin ir más lejos, en esta entrada, el matiz sobre la divinidad de la Divina Comedia.

Anónimo dijo...

Gracias. Seguiré pues en mis trece, aunque ya poco: dentro de unos días me voy de vacaciones, y no dispondré probablemente de conexión a internet. Feliz verano a quienes me lean, incluso con disgusto (y, si es así, que piensen que no deja de ser un estímulo, y que a veces viene bien).

Ununcuadio Uuq dijo...

Este fin de semana le he enviado el libro (por mi madre) a mi hermano el que además de ingeniero se dedica al teatro, ¡para que se inspire o aprenda! Y porque los libros me gusta tenerlos cuando aún están por leer, pero una vez leídos, me entra el afán de compartirlos (algo así como el de Plan B) y busco a quién le pueda encajar más o si no una biblioteca

Ununcuadio Uuq dijo...

Este fin de semana le he enviado el libro (por mi madre) a mi hermano el que además de ingeniero se dedica al teatro, ¡para que se inspire o aprenda! Y porque los libros me gusta tenerlos cuando aún están por leer, pero una vez leídos, me entra el afán de compartirlos (algo así como el de Plan B) y busco a quién le pueda encajar más o si no una biblioteca

Enrique García-Máiquez dijo...

Tu hermano tiene poco que aprender. La obra suya que leí, la que ganó el premio en San Sebastián, me pareció bien graciosa. Pero me alegro mucho de que se lo hayas mandado, porque así podré preguntarle, a él que sabe mucho de teatro, algunas dudas aún pendientes. Abrazos.

Isabel dijo...

En otros círculos católicos nos alegraría que este anónimo lo fuera (católico) no por contar uno más, como él cree, sino por su felicidad personal y nuestro descanso, je, je, je

Anónimo dijo...

Estoy convencido de que Isabel dice lo que siente, y se lo agradezco de veras. No me considero católico, sino agnóstico; pero respeto, y en no pocos casos admiro de veras, a quienes tienen fe.