domingo, 14 de julio de 2013

Las cincuenta luces de Prim

De El despertar de la señorita Prim de Natalia Sanmartín Fenollera, novela rosa de tesis: 


No por mucho escoger hay más posibilidades de acertar.
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La escuela era vista como un elemento subsidiario —indeseable, pero necesario— en el que se apoyaban buena parte de los padres
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[La vida en el pueblo de San Irineo era] fruto de la tenacidad de un hombre joven y de la sabiduría de un viejo monje.
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"Se busca espíritu femenino en absoluto subyugado por el mundo".
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La pequeña Téseris levantó la cabeza al oír la respuesta. —Los iconos no son obras, señorita Prim; los iconos son ventanas.
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[Libros vapuleados] Podían haber sido los niños, trataban los libros como si fuesen cuadernos o cajas de lápices; pero también podía haber sido él. No era la primera vez, probablemente no sería la última. Y en el fondo tenía que reconocer que aquéllos eran los resultados de sus propias normas.
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—Típico de él —murmuró con desprecio desde su escondite—: enseñar primero a los niños a combatir y llevarlos a la iglesia después.
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Soy un enamorado del método escolástico, señorita Prim, no espere de mí que critique la exigencia académica. No
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—¡Estoy tan de acuerdo con usted! —exclamó finalmente la propietaria de la floristería tras un largo suspiro—. El matrimonio hoy en día se ha convertido en un simple acuerdo legal, con todos esos papeleos, esas frías oficinas y registros, esas separaciones de bienes y esas leyes que lo desnaturalizan todo. Si yo fuera usted y tuviera que contraer matrimonio en estos tiempos, no firmaría eso, naturalmente que no.
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Nuestra filosofía aquí es que todo lo importante ocurre siempre por la mañana.
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… sino que lleva mucho tiempo sin poder dedicar horas al estudio y la lectura que, como sabéis, son dos de los pilares de nuestra pequeña comunidad.
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Todo ello cambió cuando a los pocos meses de vivir en este pueblo descubrió que lo que el mundo llamaba literatura, San Ireneo lo llamaba perder el tiempo.
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…la mente humana, verdaderamente humana, se nutre de tiempo, de trabajo y disciplina.
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[Sobre el homeschooling] ya que forman intelectualmente a sus hijos y transforman en renta disponible el presupuesto que el resto del mundo malgasta en colegios mediocres.
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—Lo escribió hace muchos años el hombre al que más gratitud debo en mi vida, después de mi mentor académico y de mi propio padre. Y lamentablemente, creo que es la mayor verdad que se ha dicho nunca sobre este asunto. Léalo, léalo bien y atrévase a decirme que no es cierto. La señorita Prim leyó en silencio: "Diez mil mujeres desfilaron un día por las calles de Londres al grito de «¡No queremos que se nos dicte!» y poco después se convirtieron en mecanógrafas".
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… eremitas urbanos. Locos dedicados a la oración, místicos que vivían en las ciudades en adoración constante al modo de los primeros ermitaños del desierto o de los misteriosos staretz rusos.
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—Claro que está por encima de la media. No puedo creer que sea usted tan poco perspicaz. ¿Es que no se ha dado cuenta de que trabaja a las órdenes de un converso?
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enamorado fiel de la vieja liturgia romana.
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distributistas?
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uno no puede construirse un mundo a medida, pero lo que sí puede hacer es construirse un pueblo.
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Somos causas segundas,
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—No soy tomista —respondió la bibliotecaria con sequedad, contrariada por la sensación de haber dejado traslucir sus temores. Sorprendido, él la miró como un padre mira a una niña que se enorgullece de no saber leer. —Ése, señorita Prim, es su gran problema.
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Son los cuentos de hadas y las viejas leyendas los que se parecen a la Redención. ¿No se ha fijado usted nunca? Es como cuando copias un árbol del jardín en un papel. El árbol del jardín no se parece al dibujo, ¿no es cierto? Es el dibujo el que se parece un poco, solo un poquito, al árbol de verdad.
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la mayoría de las mujeres no tienen conversación. Y no la tienen, esto es lo más grave, no porque no puedan, sino porque no se molestan en intentar tenerla.
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Ha dicho que la ausencia del objeto amado purifica el amor. Es una teoría espléndida, ya se lo he dicho, no la estropee ahora por falta de agallas.
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—¿Importarme? Yo siempre estoy dispuesto a llevarla a casa, Prudencia.
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[mejor preguntarse] quién era uno y de dónde venía más que ocuparse, como hacían los modernos, de adivinar hacia dónde iba.
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Es más fácil proyectar la culpa en los ojos de los demás y defenderse de ello que encontrarla en el interior de uno mismo, donde no hay defensa posible.
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—El problema de mi madre es que no hay nadie a cuya autoridad pueda someterse.
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Un hombre que se siente herido por una conversación en un salón de té es un inconsistente.
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Un esposo es para toda una vida, pero esas figuras [de un Belén] han sobrevivido a varias. Y sería de agradecer que siguiesen haciéndolo, ¿no le parece?
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—¿Quieren decir que adivina [el viejo monje] lo que uno piensa? —preguntó la bibliotecaria con un mohín de ironía. —Queremos decir que sabe lo que uno es. La señorita Prim se sintió repentinamente incómoda.
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La antigua liturgia romana es de una belleza incomparable.
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Escuche con atención lo que voy a decirle: no debe usted aspirar a un esposo igual que usted, debe usted aspirar a un esposo absoluta y completamente mejor que usted.
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y la teología —la gran pasión de aquella casa, la reina absoluta de la biblioteca— lucía imponente, pulcra y perfecta.
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[ella cree en el divorcio, él no, una tercera le pregunta] ¿Podría mirarle con limpieza a los ojos sabiendo que si hay un naufragio usted abandonará el barco en un bote salvavidas y él no se permitirá a sí mismo moverse de cubierta?
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—Al atractivo de lo correcto, naturalmente. ¿Hay algo más poderoso?
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[Prudencia Prim había] adoptado la costumbre local de intercambiar correspondencia.
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[Por fortuna, le habían enseñado en la infancia, una vieja tía soltera] a sentarse con la delicada rigidez de una reina egipcia.
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Hoy en día son fábricas de indisciplina, criaderos de monstruos ignorantes y maleducados. [colegios modernos]
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[la vieja escuela mejor que la moderna] —Naturalmente que usted no lo diría, soy yo la que lo digo. ¿Conoció usted acaso los viejos colegios?
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… las personas de juicios optimistas, como parece ser su caso, no solo no ayudan a mejorar las cosas, sino que contribuyen a empeorarlas. Transmiten la falsa percepción de que todo va bien, cuando el mundo, no se engañe, va rematadamente mal.
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… Éste es un pueblo pequeño, supongo que no creerá usted que necesito preguntar directamente las cosas para enterarme de ellas.
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Lulú Thiberville se enderezó con una agilidad inesperada. —Se equivoca. Lo que reciben es sofismo, pestilente y podrido sofismo. Los sofistas han tomado las escuelas y trabajan por su causa.
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—¿Pesimista? En absoluto, querida mía. ¿Pero qué ha de hacer un centinela sino dar aviso de lo que observa? No hay centinelas pesimistas u optimistas, Prudencia. Hay centinelas despiertos y centinelas dormidos.
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La tradición no tiene edad, niña, es la modernidad lo que envejece.
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… aquel hombre parecía incapaz de apreciar la diferencia entre ser sincero y decir inconveniencias.
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Él me enseñó que el sacerdote, todo sacerdote, debe ser siempre un caballero.
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… leyendo a ratos algo de poesía —desde que había llegado a Italia, solo se veía capaz de leer poesía—
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¿Cómo era posible no dejar de sonreír si a cada paso que una daba una voz le apuntaba que el año, el mes, el día, la estación, el sitio, incluso el instante están bendecidos?


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Un libro precioso de principio a fín, tiene muuuucho fondo, incluso aunque se lea por encima.
Me ha encantado, no fuí capaz de coger frases sueltas... hubiera copiado todo el libro.

Ah, y Felicidades por ayer!!!

Beatriz.

Gonzalo García Yangüela dijo...

Si es que vas provocando, sobre todo poniendo esto seguido:


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distributistas?

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uno no puede construirse un mundo a medida, pero lo que sí puede hacer es construirse un pueblo.

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Enrique García-Máiquez dijo...

"Mucho fondo incluso aunque se lea por encima". Beatriz, yo no lo habría dicho (no lo he dicho, y mira que lo he intentado en el artículo) mejor. Te plagiaré la preciosa paradoja para otra ocasión, si no me lo prohibes taxativa y expresamente. Gracias por la felicitación, hoy, que es nuestra vieja fecha.

Y así es, Gonzalo, tú que sabes de eso: una provocación brutal. Si tiene ocasión, regálelo a alguna de las muchas mujeres de su vida.

Anónimo dijo...

Por supuesto que le dejo copiar la paradoja!!!

Leo su blog a diario, junto con el de su tocayo, el que piensa por libre... y me encanta cómo escriben y se expresan, así que para mí es todo un honor que le guste la paradoja... ojalá se me pegara algún día un "poquico" de su buen escribir.

Gracias!!!

Pilu Blanco dijo...

Sí, sí, síiiiiiiiiiiiii. Un libro fantástico.