lunes, 27 de febrero de 2017

Beneficios de la siesta



Si duermo siesta, luego, por la noche, ya no puedo protestar por lo poco o nada que he leído durante el día. La respuesta es de contestador automático: "Pero la siesta bien que la has dormido, eh". No hay réplica posible, desde luego. A lo que tengo que sumar las dudas sobre mi escala de valores o de sopores. 

De todo lo que yo le debo a la siesta, este silencio expeditivo no es su menor beneficio. Gracias a la siesta no soy tan llorón ni tan quejica ni tan repetitivo. La siesta me endurece y me incita a sufrir en silencio.