jueves, 9 de febrero de 2017

Subordinadas


Mi querencia es escribir con múltiples subordinadas, lo que complica la vida del amable lector. Cuando me lo hicieron notar, mi primer movimiento fue la defensa personal: las subordinadas siguen el hilo, tantas veces enmarañado, del pensamiento; y eso reconociendo que dificultan la lectura o, al menos, la llevan en vilo. Luego lo pensé mejor. Prescindir de las subordinadas tiene otra ventaja, además de la claridad. El lector siente que las conexiones del argumento las hace él. La lectura se hace más activa. Lo que aumenta, paradójicamente, el poder de convicción de una prosa. 


5 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Creo que el lector tiene derecho a tragar aire: a respirar (con los pulmones y con la mente) entre oración y oración. Si hay que elegir entre un "que" y un punto, mejor un punto.

Enrique García-Máiquez dijo...

Yo también lo creo, aunque no lo practique. Además, llevo pensando toda la mañana, hay un miedo subconsciente a soltar de la mano al lector, a que se le vean las costuras al pensamiento. Pondré más puntos. Respirar es muy importante.

Anónimo dijo...

Muy cierto todo lo anterior. Pero a veces, excepcionalmente, resulta grata una prosa que al leerla se desliza como un río caudaloso.

Pablo75 dijo...

O sea que ahora es mejor estilista Azorín, el rey de la página "aérea", que Montaigne, Pascal, Cervantes, Saint-Simon, Chateaubriand, Proust o Céline, por no poner más que algunos ejemplos de grandes utilizadores de subordinadas.

Cuando un escritor tiene algo que decir no se preocupa de la "capacidad pulmonar" de sus lectores, sino de ajustar lo máximo posible su pensamiento a las palabras con las que lo expresa. Y cuanto más profundo y complejo sea su pensamiento, más subordinadas necesitará.

(Enrique, un comentario mío no ha aparecido en la página sobre Shakespeare de Trampolínk).

Enrique García-Máiquez dijo...

Muchas gracias a ambos, especialmente ahora que para el artículo de mañana me ha salido una frase río con muchos meandros, ay.

Y voy a rebuscar qué puede haber pasado con ese comentario. Gracias.