lunes, 23 de abril de 2018

Alcachofas


Libramos la guerra de las alcachofas. En casa las tomamos al horno y las llamamos "a la panadera" porque es una receta heredada de mi abuela portuense, que las hacía en el horno de su panadería. Consiste en ponerles sal, ajo en polvo, pan rallado y aceite de oliva; y dejar que se cuezan mucho rato. Luego uno las deshoja como si fuesen una flor y va chupando la base, que está deliciosa, hasta llegar al corazón, que se come entero, como en el soneto aquel de Vita Nuova, y que está aún mejor. No es una comida muy elegante, con tanto chuperreteo y tanta mano, pero nos encanta, especialmente a Quique.

La guerra es con El Faro, que es un restaurante bueno del Puerto. También tienen mucha demanda de alcachofas y, cuando llegamos a nuestro frutero, a menudo nos dice: "Se las ha llevado todas El Faro", orgulloso de ser proveedor de la casa, y divertido con nuestra competencia. En casa decimos: "No hay alcachofas porque se las ha llevado El Faro". A partir de ahí, empezamos a conjurarnos para ir un día a probarlas al campo enemigo. Una incursión tras las líneas.

Fuimos. Y pedimos las alcachofas. Eran al escabeche, pero Quique no se lo pensó dos veces y se metió media alcachofa en la boquita. Se le saltaron las lágrimas. Por lo amargo, sí, claro; pero también pensando que para eso nos quitan a nosotros las alcachofas.

No se recuperó del impacto físico y moral hasta el postre. La buena noticia es que se recuperó. Hemos decidido librar la lucha hasta el final, sin cuartel, ahora que sabemos que la razón está de nuestra parte.


2 comentarios:

anónimo dijo...

Muy interesante y bien contado, como suele. Sólo que el pan no es "rayado", de raya, sino "rallado", de rallar. El corrector automático, supongo.

Enrique García-Máiquez dijo...

¡Gracias!