viernes, 8 de febrero de 2019

Evangelio del día


Mi tesis es que para que algo salga mal tienen que hacerse muchas cosas mal. La vida es muchísimo más misericordiosa de lo que pensamos y Murphy es sólo un oportunista que hizo su ley para que escurriésemos el bulto y la responsabilidad.

Se ve claramente en el Evangelio de hoy:

La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:«Pídeme lo que quieras, que te lo daré».Y le juró:«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».Ella salió a preguntarle a su madre:«¿Qué le pido?».La madre le contestó:«La cabeza de Juan el Bautista».Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». 
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. 

Herodes podía no haber tenido su lío con Herodías, que es hasta aliterado y casi cacofónico. Podía no haberse excitado tanto con la danza de la niña. Podía no haber sido un bocazas. Podía no haber jurado. Pero aún así, si hubiese sabido algo de Derecho y hubiese sido humilde, le podría haber dicho a la niña: «Nemo dat quod non habet. Medio reino es mío y te lo daría, pero la cabeza de Juan es de Juan y eso escapa al ámbito de juramento tanto como si me pidieses la luna lunera». Seguro que no hubiese desairado tanto a los invitados. Los más sensibles hubiesen suspirados aliviados de librarse del espectáculo del decapitado; los más religiosos, hubiesen dado gracias de no tener ser siquiera cómplices de atrezzo; los más romanizados, hubiesen admirado el latinajo; y, por último, los más juristas hubiesen admitido que el argumento era impecable. Herodías se habría molestado, sí, pero quizá la niña hubiese podido pedir algo más útil, que le hiciese más ilusión, más apropiado para su edad.

Si Herodes hubiese atendido en su clase de Derecho...


domingo, 3 de febrero de 2019

Poema


Ayer, en el coche, con los amigos de mis hijos, de excursión. Nos cuentan que en el colegio han escrito un poema a la madre. Los más osados nos los recitan, plenos de rimas en -or (flor, amor, mejor), muy largos. Le preguntan a Carmen. «Yo lo he escrito a mi padre». El corazón me da un vuelco. Le pido que lo recite. «No me acuerdo», miente. Luego, dando un paseo, me lo recita a mí, tras muchas dudas. «No te va a gustar...». Dale. Y le da:

Mi papaíto 
es muy rarito, 
pero si él va 
yo voy p'allá.

Me encantó. 





viernes, 1 de febrero de 2019

Lógica



A UN IRRITADO 
 Tendrías que escoger. Si crees que son mis versos 
en extremo mediocres y que soy un fracaso, 
¿por qué tachas de falsa mi modestia? O soy bueno 
e hipócrita o soy —sinceramente— malo. 
Negarme la humildad tras negarme el talento 
parece ensañamiento.


jueves, 31 de enero de 2019

Mario Quintana


Se publicó a final del 2018, pero no se ha distribuido hasta ahora. Una antología de los poemas de Mario Quintana traducidos por mí:


Para comprender mi emoción hay que recordar que yo soy aquel que dijo: «Que otros se jacten de los libros que han escrito, a mí me enorgullecen los que he traducido», haciendo casi un Pierre Menard a Borges, es cierto.

Todos los poemas de Quintana ya quisiera yo firmarlos, pero hay uno que traduje por los pelos, en el último momento que me sirve muchísimo para cuando la gente viene a conocer a un poeta y se encuentra conmigo. Quintana clava la sensación:


QUERÍAS QUE TE HABLASE DE POESÍA
 
Querías que te hablase de poesía un poco 
para burlar lo cotidiano atroz. 
Querías el sonido de mi voz, 
no un eco apenas de este mundo loco.  
 
Aunque qué puedo darte, pobre criatura, en trueco 
de cuánto tú esperabas, ay de nos- 
otros, si yo soy hueco, hueco, hueco 
como el Hombre de Lata en El Mago de Oz.  
 
Recordarás, seguro, ay, su horror 
a las lágrimas porque después se oxidaría… 
Y tú como a un nenúfar del lago me querías,  
 
como una lluvia de oro, como un pájaro 
de luz… Pero poesía, ¿puede haberla mayor 
que este desesperarme mío por la poesía?

[Original


 Si me dejo llevar, cuelgo del blogg medio libro o más, pero este poema vale por su componente biográfico (mío). Lo publiqué en la revista Anáfora por el mismo motivo. Cuando luego venga alguien a verme, siempre le podré decir: «Quien Quintana, no es traidor».



miércoles, 30 de enero de 2019

God as a Gentleman




Lástima que el padre Raniero Cantalamessa no haya predicado explícitamente sobre la nobleza de espíritu del Espíritu Santo para completarnos este acceso trinitario a la aristocracia divina. Aunque falta no hace, porque el Espíritu habla con sus frutos y sus dones: no se cansa de derramarlos y es el Defensor, título más caballeresco imposible, cuando lo es de los débiles y desamparados, como es el caso.


De Cristo como caballero habló Nicolae Steinhardt, de Dios Padre, y qué bien, Rémi Brague.


lunes, 28 de enero de 2019

Sacar la lengua


Acabo de enterarme que en España se ha traducido Fools, Frauds and Firebrands (2015) como Pensadores de la Nueva Izquierda, como el libro del 85 que amplía y como reza su subtítulo informativo. Es una pena, no sólo por la confusión de ediciones, sino porque se pierde el matiz histórico del respeto que los pensadores de la nueva Izquierda han perdido con la vejez. La edición brasileña lo clava, con una portada deliciosamente gamberra, que hasta les saca la lengua:



viernes, 25 de enero de 2019

SOS



Quod erat demostrandum, uno de mis temas es la paternidad. Por eso, la antología Tu sangre en mis venas, y tantas entradas y artículos y, sobre todo, horas de plenitud. Uno de mis propósitos es no dejar el tema, seguir leyendo y pensando y escribiendo. El heteropatriarcado necesita una defensa por tierra, mar y aire. Por eso, os pido ayuda. Me he fijado que en muchas series y películas hay una constante defensa de la bastardía. Cogen una historia de la Historia y nos cuentan que, en realidad, el rey Alfredo (por ejemplo, véase Vikingos) no era hijo legítimo. Juego de tronos es la apoteosis de la bastardía. Y pasa mucho. Yo, muy resabiado, veo ahí un ataque, consciente o inconsciente o ambas cosas a la vez, retroalimentándose, a la paternidad clásica.

¿Me podríais ayudar, por favor, a hacer un listado de bastardos contemporáneos en recreaciones históricas o pseudohistóricas en la ficción (películas, series, novelas) de ahora? Ya no digo padres pésimos, que eso sería inagotable, sino padres-no-padres.

Mil gracias.

jueves, 24 de enero de 2019

Cuidado


Los niños, todo lo que oyen en casa,  lo cascan fuera. Quique  le ha dicho hoy a su profesor de robótica: «Te voy a decir algo que no te va a gustar: "Odio eterno/ al mundo moderno"».

Cojones


A la salida de misa con un amigo hacemos repaso del estado de salud de amigos, conocidos y saludados. Entonces me cuenta un recuerdo de hace años. Su padre, un señor almirante, estaba ya muy enfermo y mi amigo, en esa misma iglesia, empezó a rezar para que no sufriera, que había sido muy bueno siempre, y que tampoco necesitaría purificar tanto. Entonces, siguió mi amigo, abrió los ojos, y al ver al Cristo crucificado del altar, emocionado, viendo que Dios Padre no había dejado que pasara ese cáliz, no se atrevió a pedir ya esa comodidad.

Luego se lo contó a su padre: «... y cuando vi al Crucificado, papá, ya no tuve cohone de pedírselo».

El padre le respondió: "Pues ten cojones".


miércoles, 23 de enero de 2019

Termómetro


Cada mañana a las 6:15 Leonor baja de un salto de la cama a por su café. Yo me quedo muriéndome poco a poco. No me levanta el despertador, ni Leonor ni, mucho menos, la fuerza de voluntad, sino la perra, que una vez que Leonor abre la cocina sube flechada hacia la cama y trata de lamerme, como si estuviésemos en un episodio de Heidi.

Lo bonito pasa a continuación. La perra me dice exactamente la temperatura que hace. Si se queda alrededor de mi cara, buen tiempo. A medida que va bajando bajo las mantas, más frío. Hoy casi se cae por detrás de la cama. Se ha puesto a mis pies.

Por un lado, eso me quitaba muchas ganas de levantarme. Por otro, vi claramente que estábamos haciendo la imagen de un mausoleo, yo difunto con mi perrita a los pies. He dado un salto.

El día, además, además de frío, va a ser largo y más vale atarlo en corto.


lunes, 21 de enero de 2019

Sombras


Como todos los días, me había hecho un plan de lecturas que por la mañana no puede cumplir. Por la tarde, después de mandar el artículo, me dispuse a leer, tras afilar el lápiz, encender la chimenea, recolectar los libros y limpiarme las gafas. Pero entonces Leonor me propuso dar un paseo con los niños y, a pesar de que tenía la coartada de mi catarro, dije que sí.

Luego, con la mala conciencia del domingo sin libros, iba de mal humor. Me enfadé con Quique porque no quería patinar por una calle porque el asfalto le parecía irregular y con Carmen porque, de pronto, se quitó sus patines para subir a darle un beso a su abuela. Leonor iba escogiendo siempre el camino más largo para volver a casa. Yo veía que empalmábamos con la hora de la cena y, entonces, con la hora de acostar a los niños y, por tanto, con la hora de escribir el artículo siguiente. Adiós a mis lecturas reposadas.

Cuando por fin enfilábamos el callejón de vuelta a casa, que tiene las luces a ras de suelo, como una pista de aterrizaje, justamente, la perra empezó a ponerse frenética. A ladrar, a tirar del collar hasta quedarse afónica, a ir de un lado a otro, furiosa. No me sorprendió porque con las luces rastreras confunde su sombra con la silueta de un gato negro, casi eliotano, Macavity, ubicuo y burlón. Eso ya lo sabía. Lo que descubrí es que me pasa como a Aspa. Me pongo de los nervios, ladro, aullo, me destrozo el cuello contra la correa y todo por perseguir las sombras de una vocación de escritor en mi cueva.

Al menos los últimos diez metros del paseo los disfruté intensamente, y la cena.

sábado, 19 de enero de 2019

Una vieja historia


Mi abuela materna era esencialmente hedónica. Una tía suya era la que rezaba el rosario alternando los misterios gozosos, un día, los gloriosos, otros, saltándose los dolorosos, salvo en Semana Santa, si acaso. Mi abuela era fiel a esa tradición y nos la transmitió. Por eso, le divertiría saber el final de una de las pocas anécdotas en las que la vi fastidiada.

Cada vez que venía al Puerto a vernos pagaba visita a una duquesa, prima hermana de una íntima amiga suya de Murcia. La prima recibía esa visita con cierto fastidio o sin grandes alharacas de amistad, y mi abuela se dolía de eso. En parte, afirmaba, por su amiga, que tantas alegrías le hacía de vuelta a Murcia o que le mandaba, a través de ella, bombones o regalos. Y así fueron pasando los años hasta que pasaron por encima de la duquesa, de mi abuela y de la prima y amiga respectivamente. 

El otro día, sin embargo, en una estirada reunión social en la que yo andaba torpemente me presentaron a un grupo de gentes exquisitas. Entonces uno dijo: «¡Oh, claro que conozco a Enrique: su abuela era muy, muy buena amiga de mi madre!». Eso, dicho por el duque, contribuyó a relajar el ambiente. Alguno podría haber interpretado mi emocionada sonrisa como una debilidad social, en plan snob, pero era un homenaje a mi abuela, que también debería de estar sonriendo.


miércoles, 16 de enero de 2019

Preguntas


Afirma un amigo que la filosofía no consiste en elaborar sistemas de pensamiento sino en responder a las grandes preguntas de la humanidad. Me distraigo. Pienso en las tres preguntas que haría yo si frotase una lámpara con tan mala fortuna que el genio que se me apareciese fuese el de la Filosofía, vaya por Dios, y no el plenipotenciario.

Caigo en la cuenta de que serían preguntas o existenciales («¿He escogido bien mi camino en el mundo?») o éticas («¿Me estoy comportando bien?») o conyugales («¿Cómo podría querer mejor a mi mujer?») o pedagógicas («¿Qué educación dar a mis hijos?»); y ya me sobra una. Poca pregunta metafísica o teológica, veo. También veo que me descartaría, si tuviese que hacerlo de la de mi mujer, porque, si reuniese valor, podría hacérsela a ella.

O sea que me quedan tres muy de andar por casa. No es por desinterés más abstracto, en absoluto, sino porque la fe, el Genio de la Lámpara de los siete brazos, digamos, me las contesta a mi entera satisfacción, y si la Esperanza, genio y figura más allá de la sepultura. Siempre he dicho que mi punto flaco de las virtudes teológales (ese que suple Leonor tan bien) es la Caridad. Por lo civil, que mis preguntas filosóficas tengan esa querencia práctica viene a ser la consecuencia laica de carencia.

¿Sería interesante preguntar a filósofos y escritores por sus preguntas?

lunes, 14 de enero de 2019

Orden y libertad


Me han enrolado en un nuevo proyecto, y estamos en los difíciles comienzos, empujando. Eso no tiene nada de especial. Sin embargo, me sorprendí pensando que para funcionar mejor lo que yo necesitaba era mucha más autonomía y mucho más orden. Nada más decírmelo, me quedé encantado. Suelen contreponerse: el orden y la libertad y, sí, en teoría, pero en la práctica, son compatibles, complementarias y maravillosamente se retroalimentan. Lo de Goethe del orden y la justicia me parece poca cosa comparado con este nuevo binomio que he descubierto en los intersticios de la vida laboral: libertad y autoridad, qué bien van de la mano.


domingo, 13 de enero de 2019

Último día de Navidad


Litúrgicamente hoy terminan, ay, las navidades y Quique ha tenido que hacer un dibujo de cómo han sido las suyas de tarea del colegio. Éste:



Están las cartas de Pokemon que le trajo el Niño Jesús por Navidad; él comiendo uvas, tin, tin, con las campanadas, entre los fuegos artificiales que trajo su primo Nico, con luna y todo; la visita al zoo con los primos Blázquez, los Reyes Magos con sus respectivas copas de Jerez; los regalos de Reyes, uno sin abrir, ay, el consumismo, y abiertas las botas de montar y, sobre todo, el jamón que pidió él con tanta ilusión (y sabiduría); también aparece el roscón, con su fruta escaerchada; y, en la base de todo, el Portal de Belén. En la esquina nuestra familia, dándose sendos abrazos.



Bodas de oro



Hoy celebro mis cincuenta años y sólo lamento que mi madre no esté aquí para asombrarse de lo mayor que se ha hecho su primogénito. Ella lo haría con un mohín de incredulidad, por coquetería y para consolarme: la estoy viendo. Pero no puedo poner triste, porque, en realidad, mis padres celebran hoy, en mí, fruto de su matrimonio, sus bodas de oro. O es que acaso no soy yo soy matrimonio encarnado, vivísimo, y celebrándolos, agradecido.

sábado, 12 de enero de 2019

Mi epitafio [para ir adelantando]


No hubo batalla que no diera 
aunque la mayoría las perdiera.

Doctrina paulina



Carmencita está muy impresionada porque en el folleto para hacer bien el examen de conciencia se ha encontrado con esta pregunta: «¿Te has emborrachado alguna vez?» Su impresión se queda en nada comparada con la de Quique, que no da crédito. «¿Cómo puede ser pecado?», me pregunta, desazonado por las dudas teológicas. Se lo explico. Me escucha. Calla. No le convenzo. Vuelva a la carga. Discutimos de Teología etílica. Me pregunta, ay, por mi experiencia personal. Decido refugiarme en la santa doctrina paulina del inolvidable padre Repetto:



Y quedamos muy contentos ambos al fin con la fuerza que sabe el jovencísimo Pedro Pacheco que da el vino. No nos tomamos una copa porque son las diez de la mañana y porque el estómago dolernos no nos duele.





jueves, 10 de enero de 2019

Criando ácratas


Carmen se ha ido a casa de una amiga. Leonor y yo le proponemos a Quique dar un paseo hasta la playa, pero está muy cansado del día de colegio y declina nuestra oferta.

Leonor, tan moderna, propone una votación. “Dos contra uno a favor del paseo”, proclama el resultado. “Tienes que venirte”. Veo la angustia de mi hijo por esa dictadura de las mayorías y me entra un sentimiento de piedad predemocrática. Prefiero, me digo, el autoritarismo: “No es, Quique, la democracia, es la autoridad de tu madre la que te obliga a dar el paseo”, y veo que, siendo el resultado igual, es menos aplastante, quizá porque se puede protestar mejor, quizá porque puede apelar a una piedad personal.

De hecho, protesta y apela.

Hace ambas cosas, y yo, tribuno de la plebe, autoritario ácrata, considero que la solución es que el niño de siete años se quede solo en casa a cargo de la chimenea, mientras su madre y yo damos un buen paseo hasta la playa. Allí tomé esta fotografía de un andaluz preocupado por el pacto:



Nosotros no estábamos tan tranquilos, sobre todo la madre, y volvimos rápido. Pero el paseo fue delicioso y Quique había recibido, además, una lección de teoría política.

miércoles, 9 de enero de 2019

Justicia poética


Me entero por Javier Aznar, que se ha enterado por Julian Barnes, que Lucian Freud admiraba este cuadro de Chardin porque decía que la joven maestra tenía «la oreja mejor pintada de la historia del arte»




Me parece de una gran justicia poética, pues lo principal en un buen maestro es saber oír a su discípulo.

Para enseñar. Pero también para aprender. Ayer mismo, no más, animaba a mis alumnos a pensar, verbalizar, escribir y cumplir (sobre todo) sus objetivos para el 2019. Hay que animarles a la magnanimidad. Y entonces uno, brasileño, y muy buen estudiante, me dijo que entre sus propósitos contaba «terminar sus dos libros». Entendí que era un joven escritor, y entended la ilusión que me hizo. Como no habla un español perfecto, durante un rato estuvimos conversando yo de los libros que él estaba escribiendo y él, en realidad, de los que estaba leyendo.

Cuando me aclaré, no perdí la ilusión, sino todo lo contrario, porque había aprendido con una actividad de clase, como quien dice, que apenas hay diferencia entre escribir un libro y leerlo. Ambos buenos propósitos que requieren inteligencia, atención y tiempo. La buena oreja del profesor me había dado una lección.


martes, 8 de enero de 2019

Micó y 50 c.


Es una anécdota menor y, porque lo es con el sistema monetario, una elegante cabezada del buen Homero. Además, desmiente muy oportunamente lo de la avara pobreza de Cataluña. Pero también es un símbolo de la propia traducción de José María Micó, al que se le escapan algunos aciertos por muy poco. ¡Con lo bien que hubiese quedado su metáfora monetaria comparando el diverso valor de las respectivas monedas conmemorativas...! El caso es que en la entrevista de Crónica Global le preguntan y responde esto: 






Y claro está que tenemos esta moneda, que yo colecciono, por cierto.



Pero también tenemos aquí a don Miguel. No hemos sido los españoles tan generosos, pero ahí está, y a él le habría hecho mucha gracia ese valor menor porque parece un último coletazo de su humildad triste y honda:


lunes, 7 de enero de 2019

Infierno XV, 18-21


Andábamos comentando la traducción de Micó de la Divina Comedia y comenté que lo mejor que tiene Micó es que te ayuda muy bien a leer en la versión original, reproducida en una letra tan pequeña, eso sí, que te fuerza a arrugar el entrecejo como el viejo sastre que trata de enhebrar.

Rápidamente alguien puso los versos de Dante, y la traducción de Ángel Crespo. Yo he pensado que si se trata de ponerse puntillosos y de arrugar el entrecejo y aguzar la vista, qué pasaje mejor que éste para comparar las traducciones. 

Éstas son las que he manejado yo, empezando por el Poeta, claro:


...ci riguardava come suol da sera  

.....guardare uno altro sotto nuova luna; 
e sí ver noi aguzzavan le ciglia 
 come ’l vecchio sartor fa nella cruna. 

Ángel Crespo:

y cada una de aquéllas nos miraba 
  
 como se miran dos —el entrecejo 
frunciendo— si la luz lunar no brilla, 
o como enhebra el hilo un sastre viejo 


Fernando Gutiérrez:

nos miraba, igual que suele uno suele a otro, 
por la noche, mirar en luna nueva; 
como enhebra la aguja un viejo sastre. 

Abilio Echeverría:
nos miraba cual suelen en la umbría  
mirarse dos bajo la nueva luna. 
 o cual sus ojos miopes acuchilla 
un viejo cuando enhebra sin fortuna. 

José María Micó:
y nos miraban como mirar suelen  
 dos hombres que se cruzan en la noche, 
escudriñándonos como escrudiña 
el viejo sastre el ojo de la aguja. 


Nicolao González Ruiz:

y cada una nos miraba como se suele mirar la gente por la noche cuando hay luna nueva, frunciendo las cejas para rirarnos, como uns astre viejo para enhebrar la aguja. 


Conde de Cheste:
y cada sombra en nos la vista para,  
 cual nos solemos ver a la tranquila 
luz de naciente luna, o cual ve atento, 
viejo alfayate que la aguja enhila. 

Vasco Graça Moura:

a olhar-nos como à noite tem maneira  

.....alguém de olhar alguém à lua nova; 
a nós a vista aguçam: se encarquilha 
o velho sastre assim e a agulha o prova. 


Dorothy L. Sayers:

... who eyed us much as passers-by 
Eye one another when the daylight fades  
 To dusk and a new moon is in the sky, 
And knitting up their brows they squinnied at us 
Like an old tailor at the needle’s eye.

Uno termina resignado a hacer como el viejo alfayate que la aguja enhila y a apoyarse donde pueda, sí, y a arrugar el entrecejo lo que haga falta, pero a no alejarse mucho nunca del toscano de Dante, ojo y aguja. 


domingo, 6 de enero de 2019

Para que conste


Por si cuando abran la causa de beatificación de mi sobrino Jaime yo no estoy aquí para dar mi testimonio, quiero contar que hoy, día de Reyes de 2019, cuando todos sus tíos y primos nos abalanzábamos sobre los regalos, él decía muy serio que no necesitaba tantos, que, honestamente, se habían pasado y que le costaba comprenderlo. Tiene siete años, la criatura, y yo creo que esto vale como aquel otro que, cuenta la leyenda, no mamaba en los viernes de Cuaresma.


Primer regalo de Reyes


Salgo silencioso, a oscuras, sin ser notado, por la puerta de atrás, a recoger unas cosas del maletero del coche y, oh, qué espectáculo de estrellas, todas de Navidad, en el cielo negrísimo y helado, como un carbón dulce.


martes, 1 de enero de 2019

Última pesadilla del 2018


La madrugada del día 31 tuve la última pesadilla del 2018. Fue angustiosa. Consistía en que le había dado demasiada importancia a la traducción de Micó de la Divina Comedia, siendo infiel a Abilio Echeverría, sobre todo, pero también a Fernando Gutiérrez, e incluso a Ángel Crespo.

El último día del año fue, por tanto, de un gran alivio desde primera hora: el que tuve al despertar. Porque las traducciones de Dante no son mi tema, sino Dante y, con la redentora luz del alba, caí en la cuenta de que ya lo estoy leyendo en la versión original, apoyándome en las traducciones de unos y de otros, sí, pero nada más; y que no tenía, por tanto, que temer.

Al alivio de que la luz disipe las angustias de las pesadillas, se sumió la alegría de que, después de cinco años de jefe de estudios con pesadillas pedagógicas, por fin volvía a tener pesadillas pedantescas.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Doce campanitas


[Esta vez las doce campanadas me han cogido desprevenido. ¿Ya se ha acabado el año? ¡Si acababa de empezar...! En vez de darla con las uvas de otro autor, como otros años, he revisado algunos aforismos que he escrito en los márgenes del año. Que el 2019 sea más lento, más feraz en aforismos y tan feliz y tan campante, campana sobre campana, como éste]






Días muy largos hacen semanas muy cortas y años instantáneos. 
*
No estar atento al presente es como el niño mimado que recibe regalos y ni les quita el papel.
*
Era tan partidario de la existencia, que hasta la cruda realidad le parecía un steak tartar.
*
Cara de asco
El asco será por algo, sí, pero mucho cuidado porque la cara es la tuya.
*
El Purgatorio es igual que el escritor que sigue corrigiéndose en galeradas y aún en ferros.
*
Leo que «Laetitia» que viene de «latus», ancho. Y debe de ser, porque los tristes resultan siempre tan estrechos…
*
El culmen de la libertad es entregarla.
*
Lo malo que tiene el ascetismo: visto desde fuera y juzgando por los resultados, siempre se queda corto.
*
La belleza, además, defrauda a Hacienda.
*
LEER
Con pasión sin compasión.
*
¿Se notará tanto mi vanidad como la de los demás?
*
El dolor explica el tiempo y la alegría, la eternidad. 




miércoles, 26 de diciembre de 2018

Justicia distributiva


En un momento dado le digo a mi hijo: «¿Te das cuenta de que eres un niño bastante mimado?» Impasible, si no es una tácita sonrisa que no sé si veo o imagino, contesta: «Sí, pero también soy un niño bastante bueno».


lunes, 24 de diciembre de 2018

Homilías


Qué peligro tienen las homilías. La semana pasada el sacerdote nos contó que para qué nos iba a tocar la lotería, si el premio gordo era el Nacimiento de Jesús. Más de acuerdo con la segunda parte que con la primera, pero todo perfecto, bien. Por lo visto, si te toca la lotería tienes muchísimas más probabilidades de ser un infeliz. Hay investigaciones. Eso se le ha quedado grabado a mi hijo Quique a fuego. De manera que anteayer celebró como nadie que no nos había tocado nada y hoy me ha pedido por favor que no juegue con fuego y que no eche la primitiva, por Dios, qué imprudencia. He querido razonar con él, pero no ha habido manera: lo dijo el sacerdote y en Misa. 




miércoles, 19 de diciembre de 2018

No hay libro que no tenga alguien bueno



Cojo una antología de poesía malísima para encender la chimenea. Algunos autores están bien, pero fue hecha al tuntún, sin criterio ninguno, mezclando churras con merinas y generaciones y todo mezclado, y sacando los poemas a puñados. Mientras empieza arder, me digo que no sólo hay libro que no tenga algo bueno, sino que también podríamos decir que no hay publicación que no tenga un libro que haga el bien. Imagino que a algún lector el libro que ahora chiporrotea tan alegremente quizá le haya descubierto un poeta interesante o incluso le haya despertado un cálido interés por la poesía. Ése no quemará su ejemplar.





martes, 18 de diciembre de 2018

La manguera misteriosa


Efecto a medias psicológico, a medias auditivo, oigo alguien regando con una alegre manguera en el jardín. Salgo a decir que no hace falta regar, que llovió un poco ayer, y que vaya factura de agua nos ha llegado, eh. Afuera, me encuentro desconcertantemente solo en el  jardín... hasta que una ráfaga juguetona de viento me tira de la manga y me hace volverme a ver cómo las hojas secas de la glicinia hacen el sonido de un arroyelo. Me río, y estoy a punto de darle las gracias al viento y a las hojas porque son dulces y refrescantemente gratis. Y me han tomado el pelo.

*** 

Por la noche, tan húmeda, al salir del supermercado, sentí en mis pies un salto, y miré, y parecía un sapo enorme. Con un tic de asco, miré mejor, y era una enorme hoja de plátano de Indias, seca, que el viento hacía dar pequeños saltos. Lo que el aire me dio, el aire me lo quitó.

***

A esas horas, sin embargo, uno tiende al examen de conciencia y la reflexión moral, así que pensé que, por mucho asco que me diese el sapo, la hoja seca qué rápido y sin pensarlo se habría cambiado por ser el señor sapo que había sobresaltado en mi imaginación.

Es aquello del «cuentan de un sabio que un día» en versión anfibia. Así que llegué a casa contentísimo de no ser una manguera, ni una hoja seca ni, siquiera, un sapo.




lunes, 17 de diciembre de 2018

Memento Mori


Un toque clásico en mi smarphone: su nivel de batería es un memento mori que ríete tú de una calavera barroca. Me contó una vez José Julio Cabanillas que los columnistas de raza de Estados Unidos se ponían unos zapatos muy apretados y duros e incómodos para correr muchísimo escribiendo sus artículos. Así no se dormían en los laureles. Supongo que sería un columnista [si alguien sabe su nombre, se agradecerá] y un tanto friki, pero yo estoy copiando su método con la batería de la tableta donde perpetro mis artículos. Es una cuenta atrás que espero que sirva para darle algo de nervio a mis textos.

Ahora me pregunto qué hago escribiendo en el blogg si apenas tengo batería. Y me voy, pero las ideas, si no se cogen al vuelo, también se quedan sin batería y a base de dejar las entradas de Rayos y truenos para después se extiende la sequía bloguera.

Todo pasa, qué barbaridad.


domingo, 16 de diciembre de 2018

«Todo lo demás» y otros piropos


Los meandros de nuestra conversación hacen que termine preguntándole a Quique cuál es la principal diferencia entre su madre y yo, y cuál nuestra mayor semejanza. Se toma la pregunta muy en serio y se pasa sus buenos minutos rascándose la barbilla mientras mira por la ventana del asiendo del copiloto. 

Al final dice: «La principal diferencia es que tú eres un hombre y mamá una mujer». Tiene mucha razón, es la principal, y vaya si se nota. Pero le digo: «Sí, pero eso es general, y yo te pregunto entre tu madre, ella, y yo mismo». Vuelta a la barbilla y a la ventanilla: «Pues que a ti te gusta ducharte con el agua muy caliente y a mamá con el agua casi fría». «¿Y el parecido?» Ahí pensó menos: «En que los dos sois muy cristianos».

Encantado con el resultado, he repetido el experimento con Carmen:
Diferencia: «Tú eres un payaso y mamá es más seria».
Coincidencia: «Los dos pensáis que somos los hijos más maravillosos del mundo».  

Y con la interesada. Según Leonor:
Nuestra diferencia: «Eres un desastre y yo soy más organizada».
Nuestra coincidencia: «Todo lo demás».

Diría que «todo lo demás» es el piropo más bonito que me han dicho nunca.


sábado, 15 de diciembre de 2018

Ratón Pérez


Iba a pasar dos días fuera y esta vez me acompañó Leonor. Todo muy bien, pues, hasta que nos enteramos de que a Quique, sin previo aviso, se le había caído un diente. Y nosotros de caravana...

Al día siguiente, nos contaron que el niño, como era de esperar, no había recibido ningún regalo. E iba diciendo entre dientes (entre los que le quedan): «A ver si va a ser verdad que el ratón Pérez son los padres, a ver si va a ser verdad...»

Leonor, angustiada, desde el AVE montó una compleja cadena de complicidades para que la noche siguiente apareciese un regalo. A partir de ahí pudimos disfrutar. Muchísimo, por cierto. Ya saldrán los próximos títulos del Premio Adonáis y lo veréis. 

Cuando hemos llegado, nos lo hemos encontrado en un estado de ánimo excelente, como el de su hermana. Y hemos hecho grandes aspavientos de sorpresa por su diente perdido y de naturalidad a la pura lógica de que el ratón Pérez viniese, aunque con retraso. Tiene todo una explicación, le hemos explicado, porque el diente, en realidad, no se le cayó, sino que se movía, y se lo arrancó. Le descuadró la agenda de trabajo al ratón Pérez, que había hecho sus cálculos.

A mí el ratón Pérez, en versión cartero, me había dejado hasta un elefante:



Venían dos christmas. El primero que recibo este año, de sir Roger Scruton, eh, para que no se diga, con un cuadro de sus manzanos:




Y el primero de su vida para Carmen, de su dentista, precisamente. Quique lo ha cogido y, acostumbrado al que hacemos nosotros con un villancico cada año, ha leído, muy escandalizado y casi gritando: «¿En serio, en serio que esto es todo lo que se les ocurre? ¿Esto: "La Clínica G. les desea una feliz Navidad y un próspero año nuevo"? ¿Y ya está?»






jueves, 13 de diciembre de 2018

Villajoyosa


Como tenía prisa para no perder el tren, pero tampoco podía perderme el té, me lo he tomado de pie, como castigado frente a la pared. Han sido cuarenta años los que he vuelto al pasado. Estaba junto a la acuarela que Muñoz Barberán pintó del campo de mis abuelos en Villajoyosa. Se la dedicó a mi madre, poniendo “Para Carmencita” con una letra excelente e historiada. Es una hermosura.

Le hubiese hecho una foto para ponerla aquí, pero la luz de Cádiz llenaba el cristal de reflejos y no ha habido manera, además del asuntillo del tren. Pero entonces me he asustado de pensar que la luz del Puerto esté comiéndose la casa y el campo de Villajoyosa. Por la pintura, por supuesto, pero también por mi alma. Que esté olvidando aquella casa y poco a poco a mis abuelos y los días azules y ocres del verano levantino se vayan desvayendo en mi alma. Tengo que hacerle una buena foto al cuadro [y ponerla aquí]; y ojalá esta nota, a pesar de los reflejos, retenga algo de entonces y de mi emoción de ahora, nostálgica, sí, claro, pero también, si no no sería fiel a Villajoyosa y a mis abuelos, muy feliz y agradecida.


lunes, 10 de diciembre de 2018

Releerse es llorar


Ríete de Larra y su escribir es llorar. Lo triste de escribir es tener que releersee. He pasado por el trago ahora mismo (por motivos estrictamente profesionales) y he tenido que irme corriendo (de verdad) a la frase más maravillosa de Luis Cernuda: «La poesía, el creerme poeta, ha sido mi fuerza y, aunque me haya equivocado en esa creencia, ya no importa, pues a mi error he debido tantos momentos gozosos».


jueves, 6 de diciembre de 2018

Desvelos



Cuando ya me estoy durmiendo, 
viene el Ángel de la Guarda 
y, entre el oído y la almohada, 
susurra: "La vida es sueño"...
Y entonces me dan las tantas.






miércoles, 5 de diciembre de 2018

Comentario de texto


Ayer tocó Sanlúcar de Barrameda. Bien, muy bien, naturalmente.

Como tenía clases que impartir, me perdí la visita a la bodega: 



Pero la oí contar con entusiasmo en el almuerzo, y eso también era muy bonito. Bebimos sus vinos lo justo para interiorizar la bodega, digamos. Vi las fotos. Y, siendo una bodega fundada, en 1792, tampoco hay prisa. Si ella ha esperado tantos años, yo puedo esperar unos meses. Encima, en el restaurante, como para entrenarme, tuve que esperar un rato a que llegasen los amigos de la bodega, y pedí la manzanilla de la casa y estuve en el paraíso, claro, y el tiempo se me pasó volando:




Ya en la mesa, me contaron un fandago que me encantó:


Sólo cuando estás bebío 
te acuerdas de mi querer. 
Permita Dios que te bebas 
Sanlúca, El Puerto y Jeré 

con toítas sus bodegas...


Oh, qué estremecimiento. Primero, ahí está toda una novela. Alguien se acuerda de su amada, mejor, de su amante, sólo cuando bebe. Es fácil suponer la historia. Pero eso es (como suele) lo de menos. Lo sugiere el poema, con una sabiduría instintiva muy honda, aprovechando que el primer verso es el único que no rima. Lo importante es el giro de generosidad de la amante en el tercer verso, verso que se abre, como toda generosidad, con Dios. No recrimina nada: al revés. Lo anima. Tanto lo anima (y hay que ver el tamaño de las bodegas de la tierra, catedrales del vino, las llaman, y la de viñas que hay entre Jerez, El Puerto y Sanlúcar) que nos da la medida de un amor desmesurado.

Ya con eso, qué bueno, pero el verso final es el remate. Parece que reincide en la exageración, nada más. y lo hace, aunque, ¡ojo, u oído!, lo hace con una rima más suave, con un ritmo lento, con una contabilidad puntillosa... Y ahí late una última delicadeza. El amor se quiere o se quisiera total, ay, qué dolor hay en esas "toítas". Hasta la última gota, se suplica. Porque el fandango, tan exagerado, por dentro aspira a la lentitud y a la totalidad... El amor es inmenso, pero imposible, aunque eso no, no se dice... ¿Para qué?











sábado, 1 de diciembre de 2018

Verano del 94


Me ha gustado mucho el poemario de Daniel Fernández (Barcelona, 1988), Las cosas en su sitio (Siltolá, 2018). Entre mis poemas favoritos, están «Rosa, Rosae» o «Seremos fuertes». Son textos estupendos que cumplen  con creces las exigencias de mi poética. Pero, además, el joven poeta me ha dado dos lecciones que me hacen mucha falta. La de que basta un apunte con autenticidad, sin más, para provocar una intensa descarga de emoción poética trascendida:

VERANO DEL 94 

Que otros ansíen libertad, 
tiempo infinito o ser felices. 
Vuelva a mí el gozo de creer 
que nadie en Tejerina 
conocía el moral de Los Hortales.

Y la de que basta crear, con el poder encantatorio de las palabras, un tono anímico, en este caso el de la tristeza, para que el poema funcione y lo agradezcamos y nos consuele. También, de nuevo, esa renuncia a la exposición de un planteamiento y una explicación  redunda en una ganancia poética: 


TRES TRISTES TIGRES  
 
Tres tristes tigres 
tiritan en la tarde. 
Retumba un trueno extraño. 
Mamá tigre ya tarda 
........................--se retuerce 
su muerte trémula en la tierra inerte. 
Tiritan tristes en la tarde 
tres tigres.