viernes, 9 de febrero de 2007

Una intimidad con vistas

He perdido (o me han hecho perder) mi agenda electrónica. De la tristeza me ha consolado mi mujer con ese romanticismo de segunda generación tan propio del matrimonio: "Conociéndote, hay que alegrarse de que no la perdieras antes". Puede que haya alguien ahora trasteando por mis citas y mis contactos, consultando mis tareas pendientes, husmeando en mis apuntes. Menos mal que fui siempre mariasnista (de Julián Marías) y me apliqué su tesis de que, en un mundo en que la intimidad es cada vez más frágil, la solución es no tener nada que esconder. Incluso es posible que mi agenda dé el ejemplo que yo no: tantas buenas intenciones, el orden perfecto, las horas a su hora...

10 comentarios:

Claudio dijo...

creo que ese reproche... ya lo he oido antes...me suena ¿porqué será?

El gremio de los escribe-yentes, es asín>: saben donde está aquella cita que leyeron hace meses, se conocen en que remoto lugar de la casa o de internet está aquel libro que traía aquella idea tan sexy para ese artículo (bueno, a veces cuesta encontrar ese libro, o esa cita, pero, el olfato, la intuición, hacen que uno se olvide de todo y se te olvide recoger al niño del cole, escribir la nota al colegio). The result, a mess.

son unas héroes y mártires. La verdad, no necesitas agenda, sino renegar de la fe de escribe-yente, y dedicarte a hacer algo útil, práctico, eficaz, hombre, ¡pod Dioz!

Lo confieso, no tenemos remedio, pero el mundo nos necesita sic.

www.diccionarioparanaufragos.blogspot.com

Piru dijo...

No sabía de tu existencia, pero Rictus Morte me puso en la pista y me topé con esto: "(...)me ha consolado mi mujer con ese romanticismo sacramental de segunda generación(...)" ¡¡¡¡¡!!!!! :-O

Difícil no tener nada que esconder.
Un saludo.

Joaquín dijo...

Algún cínico solía decirme: "la mejor manera de que no se enteren de que haces algo es... no hacerlo".

Jesús Beades dijo...

Cada vez que se pierde una agenda, o cuando se cambia de tarjeta del móvil, se produce una catarsis: empezamos a buscar números y direcciones que necesitamos, y así dejamos de tener el sesenta por ciento o más de lo que teníamos. Es el momento en que uno se preguta si esa persona, si ese número, de verdad nos interesa como para molestarnos en buscarlo.
En Las lecciones del tiempo de Juan Lamillar, hay un poema, "las agendas antiguas", en que, después de divagar delante de antiguos números y direcciones (tempus fugit, ubi sunt, etc), termina con "y guardas con devoción estas agendas, / alguien estará borrando tu nombre de de las suyas".

AnaCó dijo...

Ya siento la pérdida. Estoy de acuerdo respecto a la imagen deformante de los horaios de cuadrícula, cada vez que veo el mío pienso:, ¡¡pero..., será pretencioso!!!

Verónica dijo...

Pero, ¿para qué te hacía falta en el Puerto de Santa María una agenda electrónica?

Juan Ignacio dijo...

¡Qué macana! Consuelos: quizás el ladrón pensó post mortem y le interese especialmente por ser "la agenda de García-Máiquez"...

E. G-Máiquez dijo...

Espero, Piru, que no tengas que matar a Rictus Mortis por la recomendación. Tienes razón: es difícil no tener nada que esconder. Yo casi lo consigo del todo, uniendo el cinismo del amigo de Joaquín a la práctica periódica de la confesión sacramental y de la literatura confesional.

Ciertamente, J. I., que no podré dejar mejor imagen post mortem que esa agenda llena de buenas intenciones. Ni mejor ni más falsa: agenda ficción.

Uy, Verónica, qué centralista te ha quedado eso de que en el PSMª no necesitamos agenda. Como si aquí fuese agosto todo el año. Pero te lo perdono por una ternura irreprimible que siento desde mi más tierna adolescencia por los madrileños y, ejém, las madrileñas.

En mi agenda, por ejemplo, habría escrito que me tengo que comprar el libro de Lamillar, que nos habían recomendado Duque y Baltanás. Si insiste Beades, no lo dudaré más.

Verónica dijo...

Gracias. Sabes que también lo dije con cariño, y también -por qué no decirlo- con algo de envidia.

Disfruta sin agenda, y que las cosas te las recuerde tu mujer (que por algo somos más listas...)

Dedalus dijo...

¡Pasa de agendas, Enrique... y dale cuerda al olvido!
Un saludote, que hace ya tiempo.