miércoles, 28 de febrero de 2007

La sangrienta luna

El Día de Andalucía ha caído tan cerca del fiasco del Estatuto que nos coge exhaustos. Y da pena porque convendría que lo celebrásemos todos tan contentos: hasta ahora el concepto de Andalucía no ha sido motivo de enfrentamiento entre andaluces, y, aunque sólo fuera por eso, hay que congratularse. Este año, sin embargo, el dichoso Estatuto —que no votó ni el tato— eclipsa la fiesta autonómica.

En vista de lo cual, conviene levantar los ojos de nuestro ombligo político y contemplar el oportuno eclipse total de luna del próximo sábado. Yo creía que en un eclipse la luna desaparece poco a poco, engullida por la oscuridad. Me explican que no: por culpa de la refracción de la luz en la atmósfera terrestre, el cono de sombra no es totalmente oscuro, y la luna adquirirá un tono rojizo.

A cambio de la decepción, esa luna roja vendrá a recordarnos aquel verso de don Francisco de Quevedo que tanto obsesionó a Borges: “Y su epitafio la sangrienta luna”, del soneto 'Memoria inmortal de don Pedro Girón, duque de Osuna, muerto en la prisión'. Para sortear la censura de lo políticamente correcto, mejor correr un tupido velo o burka sobre el hecho de que con su astronómico endecasílabo Quevedo estaba señalando como una gloria inmortal del Duque sus victorias sobre los turcos, cuyo pabellón era una media luna roja. Tampoco gustará al gran Estado Laico la clara —como el clarín de una trompeta— resonancia apocalíptica: san Juan nos habló de “la luna roja de la ira”.

Por otra parte, el soneto se construye sobre las virtudes épicas y sobre el servicio a la patria a pesar de la inveterada ingratitud del país: “Faltar pudo su patria al grande Osuna, / pero no a su defensa sus hazañas”. Otro momento clave es cuando se refiere con atrevida expresión al “llanto militar”. Mientras contemplemos la sangrienta luna, podremos tener un emocionado recuerdo para la soldado Idoia Rodríguez Buján, que, como el duque de Osuna, no faltó a la defensa de España, aunque ahora el Gobierno no quiera concederle la Cruz al Mérito Militar con el distintivo que corresponde por morir en acción de guerra, que es, precisamente, el rojo.

Ya ven que recitar unos versos de nuestro siglo de Oro no es una acción inocente o una impune pose culturalista. Un buen poema compromete a mucho. Si fuésemos un poco cobardes, resultaría más prudente seguir hablando del Estatuto o mirar hacia la luna sin mentar ni a Quevedo, ni a Borges ni, mucho menos, a don Pedro Girón. Como sea, con el grande Osuna o en solitario, no desaprovechen el próximo sábado la ocasión de alzar los ojos al cielo. Siempre viene bien.
[Grupo Joly]

3 comentarios:

Rocío Arana dijo...

Qué bueno lo de Quevedo! Es como para darle en la testa a los intelectuales pseudo progres.

Anónimo dijo...

Alzaremos nuestros ojos al cielo para deslumbrarnos por una luna que se sonroja ante tanta barbarie mundanal,
un abrazo y, cómo no,
feliz día de Andalucía!!

Jesús Beades dijo...

"Un buen poema compromete a mucho".

Empezaré uno con este endecasílabo.