lunes, 28 de septiembre de 2009

He is not that into you

Fui a ver ¿Qué es lo que piensan los hombres?, además de porque uno siempre tiene dudas de su propio pensamiento, porque leí las dos primeras líneas de la crítica de Hortus Conclusus, y me paré en seco, y me dije iré y ya volveré.

Lo que más me interesó fue una broma que no termina de estar ajustada y que no sé bien la gracia que tiene. Un marido le es infiel a su mujer, pero a esta le preocupa mucho más si él fuma a escondidas o no. Dicho así, parece una parodia, pero el espectador no sabe a qué carta quedarse. Si yo tuviera que apostar, apostaría a que es un retrato fiel de una realidad cada vez más paródica (ésta). Sólo cuando la esposa certifica que el marido fuma monta en cólera y pide el divorcio. Cierto que el tabaco puede simbolizar la gota (o la ceniza) que desborda el vaso (o el cenicero) y que habla simbólicamente de la importancia de la sinceridad en los pequeños detalles, pero la impresión que yo me traje a casa es que el sexo está tan trivializado que importa mucho menos que un cigarro.

Cuando llegué, leí el resto de entrada de Hortus y está mucho mejor que la mía, más exacta y ajustada, sacando lo positivo de la peli, que lo tiene. Yo prefiero su entrada a la mía, pero a mí es que lo del cigarro no se me va de la cabeza.

9 comentarios:

Ana Agüero dijo...

Muchas gracias por los piropos. Ahora debería cerrar el blog, porque he tocado techo: el autor del primer blog que leí en mi vida ha elogiado un post publicado en el mío... seguro que no lo hago, porque la vanidad es más fuerte.

Más gente me ha comentado la escena del tabaco. Es verdad que muestra la trivialización del sexo a la que hemos llegado, pero yo también lo interpretaba como el "lugar primero" en el que se quebró la confianza (lo primero que ella sospechó, lo primero en lo que él mintió). Y muestra además, creo yo, esa incapacidad de querer al otro como es (y si fuma pues que fume...), sino que lo que una quiere del otro es que responda a su proyecto, que sea como a ella le encaja en su plan de vida... A mí me parecía que en esa pareja ninguno era capaz de conjugar la primera persona del plural, para nada. Por eso fracasa así.

Otra vez gracias.

Diana Márquez Luna dijo...

Asombroso lo de esa señora. me refiero a que se divorcie por el tabaco y que pase de los cuernos.

Manupé dijo...

Yo conocí a un americano que se había divorciado porque la mujer alegó como obstáculo para la convivencia que él se dejaba cada día el tubo de pasta dentrífica abierto.
El tío tenía la demanda de divorcio con el motivo esgrimido enmarcada en un lugar preferente de su casa.

La exmujer se volvió a casar a los seis meses con uno, supongo yo, que no dejaba abierta ni la boca.

Adaldrida dijo...

¡¡¡Quiero ir a ver esa peli!!!
Dios mío, adoro las comedias made in Usa, ¿es grave, doctor?

CB dijo...

O igual la señora de la pasta de dientes se volvió a casar con uno que, además, se dejaba abierta la mermelada, la coca-cola de litro y hasta la tapa del WC, pero que sin embargo la miraba con amor. Habría que ver por qué y para qué se casó ese americano tan divertido.
De eso creo que habla la película: de que es importante el amor, el amor recíproco, el único que existe, el único que resiste. De que hay que esperar ese milagro, sin forzar las situaciones y sin prestarse a simulacros o relaciones de conveniencia de todo tipo (que parecen cosas de tiempos pasados, pero están a la orden del día).
El retrato de ese matrimonio-simulacro es genial y está lleno de detalles: la obsesión de ella por la casa-escenario perfecta, por los espejos, por la madera auténtica aunque cueste un riñon y la otra dé el pego -al menos la madera que sea auténtica-, el discurso que le suelta al ebanista alucinado sobre contratos y compromisos, la escena del super -ella decide y lleva el carro-, la del despacho, en el fondo tan fría..., el penoso interrogatorio al marido por el tabaco como si fuera un adolescente mentiroso, y la reacción final, de madre desquiciada, de empresaria defraudada por incumplimiento de la claúsula del tabaco, de cualquier cosa menos de esposa enamorada... que no podía tenerla porque no lo era.
Sí que hay una trivialización del sexo, pero mucho antes la ha habido del amor, del imprescindible.

Al menos esa es la peli que yo vi, y que es casi igual de larga que este comentario. Me supero.

Manupé dijo...

Tal vez sea demasiado ramplón y si me apuras chabacano, pero creo que a la exmujer del americano lo que le faltaba era precisamente sexo o al menos sexo del bueno.
Creo que el tubo de pasta de dientes era la metáfora perfecta sobre el estado de sus relaciones íntimas.

El amor es otra cosa, ¿o no?.

Adaldrida dijo...

CB, tus comentarios largos a mí se me hacen muy cortos, ¿para cuándo lo de abrirte un blog...? Anda, anímate...
[con permiso, Enrique]

CB dijo...

Claro, Manupé, le faltaban las dos cosas; sin la segunda, la primera filfa y aburrimiento total.

No sabes lo que dices, Rocío, pero te lo agradezco en el alma. A mí me admiras tú, tan concisa siempre y tan encantadora.

Juan Ignacio dijo...

Parece un burdo recurso para restar importancia a la fidelidad (más que al sexo). Pero no vi esa película...