miércoles, 23 de septiembre de 2009

Caro diario

Escribir un diario me cuesta muchísimo. Y lo tengo sobre mi conciencia como un peso muerto desde mi más tierna infancia. Entonces mi abuelo materno me aconsejaba que lo llevase: un diario sin adornos —fijaos cómo me conocía mi abuelo, eh, y yo era un niño—, una contabilidad simple de los hechos cotidianos, insistía, que luego la vida se te confunde y es bonito volver la vista atrás y ver exactamente qué se hizo cuándo y con quién.

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Yo lo he intentado muchas veces pero enseguida me atasco. En la adolescencia, esa etapa de la vida tan propicia al amor propio, pensé que no era capaz de llevar el diario por mis virtudes humanas: “No me doy tanta importancia...”, me decía satisfecho en el espejo. Ahora sé que lo que menos sale en un diario es su protagonista, apenas un codo que asoma por una esquina, como en el poema autobiográfico de d’Ors, y quizá por eso, ay, no me salga tan seguido como el blogg o los artículos. Un diario está lleno de amigos, de conocidos, de saludados, de lugares, de libros, de anécdotas…

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Empecé otra vez el año pasado cuando sostuve que un blog no es un diario y casi nadie me dio la razón. Mejor que discutir—sobre todo porque aún no había leído a Schopenhauer — sería dejar manuelmachadianamente que los hechos viniesen solos como olas a traerme la razón y dejármela a los pies. Si llevaba un diario y un blog y cada uno iba por su lado, para qué más metaliteraturas y mesas redondas y no-obstantes. Pero volví a cansarme, y sólo lo escribía a intervalos cada vez más largos. Y un diario que no es diario no es nada.

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Hoy retomo mis propósitos, que esa es la historia de mi vida. ¿Por qué hoy? Pues porque ayer leí el primer cuento de Raymond Carver, titulado “Leña”, y allí toda la emoción del cuento, toda, se concentra en una anotación diarística, simple, basada en los hechos, como le hubiera encantado a mi abuelo:

Estoy en un país de lo más exótico. Me recuerda a un sitio del que en alguna parte he leído algo pero al que nunca había ido hasta ahora. Por la ventana abierta oigo un río y en el valle que se extiende detrás de la casa hay un bosque, precipicios y cumbres nevadas. Hoy he visto un águila y un ciervo, y he serrado y partido un camión de leña.

Y también le habría gustado este aforismo de Nicolás Gómez Dávila, que me ha dado la puntilla:

Sólo vive su vida el que la observa, la piensa y la dice; a los demás su vida los vive.

7 comentarios:

Javier de Navascués dijo...

Genial la cita de Gómez Dávila, autor que nunca me había llamado la atención por falta de lo mismo, de atención.

José Miguel Ridao dijo...

Ese aforismo es de los mejores que he leído nunca. Yo estoy plenamente convencido de que el blog no es un diario, ni mucho menos. Publicarlo condiciona, quiérase o no. En un diario se hacen anotaciones mucho más íntimas.

Ángel Ruiz dijo...

Me alegra un montón que te guste Carver, al que los tontos esconden de la gente metiéndolo en esa etiqueta de 'realismo sucio' y en la que luego echan a una panda de sucios/frívolos que poco tienen que ver con él, como Roger Wolfe (sin ir más lejos).
De tener que ponerle una, yo le pondría la etiqueta de 'realismo pobre'. Esa colección última de cuentos me gustó mucho, como las demás: fue mejorando con los años a pasos agigantados.

Fernando dijo...

Querido Enrique:

No lleves un diario. Es algo que o se necesita o no se necesita hacer, y sería raro que a tu venerable edad descubrieras necesidades intelectuales nuevas. Tu abuelo tenía razón, pero no es una regla aplicable a todos, ni siquiera a todos los inteligentes.

Por supuesto que el diario y el blog no tienen nada que ver. El diario se escribe para uno, con libertad, el blog se escribe para los demás, montando un personaje. Hay, incluso, una categoría intermedia: el que escribe un diario pensando que los demás lo acabarán leyendo, y eso le lleva a tener cuidado con lo que escribe. Pero, claro está, eso deja de ser un diario y entra en la categoría de las memorias o, más probablemente, en la de la novela histórica.

En fin, una pregunta: ¿has leído los diarios seudo-diarios de Andrés Trapiello? En tal caso ¿te parecieron buenos?

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Me sumo al aplauso del aforismo, interesantísimo.
Y con lo del diario y el blog, ya sabes, coincidimos...
Un abrazo.

Luis Valdesueiro dijo...

Comparto la opinión de que el diario y el blog son cosas distintas. Supongo que el blog está más cerca del dietario (si se admite esta división, que para mí es evidente). Pese a todo, en el blog confluyen elementos nuevos: la inmediatez y la comunicación con el lector. El blog vendría a ser un "di(et)ario en marcha", no a toro pasado.

Andoni Rentería dijo...

El artículo me ha gustado mucho. Saludos cordiales, A.