domingo, 6 de junio de 2010

Calamaro lo clava

Recuerdo bien cuando mi hermano Nicolás me encomió un disco de Andrés Calamaro con estas palabras: "Es un poeta". Hice el esfuerzo de no poner la cara de escepticismo de cuando escucho a los locutores de los 40 usar del epíteto homérico: "Sabina, nuestro poeta urbano". No pude. Hoy me arrepiento porque Calamaro lo ha clavado; y le ha dado medio hecha una campaña cultural al PP, que debería repetirlo, como hago yo. Pero no la aprovechará, porque los del PP también quieren ser progresistas. Yo, mientras tanto, a lo mío, que es el remordimiento: Calamaro es un poeta, efectivamente, Nicolás. Hay que estar tocado por la musa del epigrama para decirlo así de bien:
Progresía es prohibir.

20 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Qué curioso que me alegre tanto coincider en el tema con Luis Suárez y, en cambio, me inquiete un punto hacerlo con Juan Manuel de Prada, que argumenta, encima, más o menos lo que yo.

E. G-Máiquez dijo...

El título de lo mío era "Rendir el honor".

Nicolás dijo...

Lo único que hacemos es protestar contra los desmanes de este gobierno, pero con eso no se arregla nada.
La solución viene por convencer a todos aquellos que no quieren votar, que son muchos, y conseguir una mayoría suficiente que pueda quitar esas leyes nefastas, que solo satisfacen a unos pocos, y están laminando los pocos valores que todavía tenemos.
Recomiendo leer Mis Ideas, blogspot

LFU dijo...

Soberbio, Enrique. Prada en esta ocasion amaga pero no entra a matar. Tu has dado en el clavo. Hay muchos que no se dan cuenta...o no quieren darse cuenta. Un abrazo

marinero dijo...

Una vez más, disintamos, noble deporte. Señala EGM con visible entusiasmo que "progresía es prohibir", y LFU, "orgullosamente falangista" según nos dijo, le secunda.
No puede negarse pues la condición "progresista" del gobierno de Franco, que se hinchó a prohibiciones, como tantísima gente puede testificar. Para ceñirnos a temas que EGM conoce bien, el Blas de Otero al que se refería, con merecido elogio, hace bien pocos días, se vio en el caso, para poder publicar en España precisamente su "Que trata de España", de sacrificar "más de cien poemas" (testimonio de Sabina de la Cruz); pocos son los creadores, de cualquier especie, que no tengan historias semejantes en aquel tiempo (incluso, y ya lo conté aquí, el propio Franco vio censurado un artículo que había publicado con su seudónimo de "Jaime de Andrade": a tanto llegaba la intolerante estupidez de su propia censura).
Y eso para no acordarse de Jaime Gil de Biedma, y ya no sólo por su condición de poeta ("Moralidades" tuvo que aparecer en Méjico), sino también por la de homosexual, que le hacía reo posible de la tristemente célebre "Ley de Vagos y Maleantes".
Para qué hablar de las prohibiciones de cualquier tipo de "huelgas de obreros" o, en fin, de la gran mayoría de los derechos que hoy disfruta un trabajador... o un votante, o un simple ciudadano.
Más: que al propio Calamaro, argentino de nacimiento, haya que recordarle la condición (según eso) "progresista" de la dictadura argentina, parte importante en el hecho de que él mismo, como otros músicos de su generación, se viniese a España, y las persecuciones y prohibiciones que, por culpa sin duda de la desatada condición "progresista" de aquel lamentable régimen hubieron de soportar tantos creadores a los que es difícil (y triste) pensar que haya olvidado...
La realidad es que la ideología progresista, precisamente por serlo, ha tenido que pelear cada avance social con la interesada inercia del pensamiento conservador, que por algo se llama así.
En fin, lo "progre" puede ser criticado, como cualquier otro planteamiento humano; pero que lo sea precisamente por algo tan evidentemente imaginario, parecería demostrar falta de argumentos reales con que combatirlo. O, quizá, que EGM se deja llevar un poquitín en exceso por la proclividad a jalear a los "suyos" -con razón, sin razón o contra ella, en palabras de Unamuno.
No, amigo EGM: no es precisamente la progresía, salvo en tu propio deseo de desacreditarla, la que históricamente se ha distinguido por su proclividad a prohibir cosas: son los "tuyos", qué le vamos a hacer. Hay, ya digo, argumentos reales en contra del pensamiento "progresista"; querer apropiarse de los imaginarios parece, por lo menos, mala política.

marinero dijo...

Una vez más, disintamos, noble deporte. Señala EGM con visible entusiasmo que "progresía es prohibir", y LFU, "orgullosamente falangista" según nos dijo, le secunda.
No puede negarse pues la condición "progresista" del gobierno de Franco, que se hinchó a prohibiciones, como tantísima gente puede testificar. Para ceñirnos a temas que EGM conoce bien, el Blas de Otero al que se refería, con merecido elogio, hace bien pocos días, se vio en el caso, para poder publicar en España precisamente su "Que trata de España", de sacrificar "más de cien poemas" (testimonio de Sabina de la Cruz); pocos son los creadores, de cualquier especie, que no tengan historias semejantes en aquel tiempo (incluso, y ya lo conté aquí, el propio Franco vio censurado un artículo que había publicado con su seudónimo de "Jaime de Andrade": a tanto llegaba la intolerante estupidez de su propia censura).
Y eso para no acordarse de Jaime Gil de Biedma, y ya no sólo por su condición de poeta ("Moralidades" tuvo que aparecer en Méjico), sino también por la de homosexual, que le hacía reo posible de la tristemente célebre "Ley de Vagos y Maleantes".
Para qué hablar de las prohibiciones de cualquier tipo de "huelgas de obreros" o, en fin, de la gran mayoría de los derechos que hoy disfruta un trabajador... o un votante, o un simple ciudadano.
Más: que al propio Calamaro, argentino de nacimiento, haya que recordarle la condición (según eso) "progresista" de la dictadura argentina, parte importante en el hecho de que él mismo, como otros músicos de su generación, se viniese a España, y las persecuciones y prohibiciones que, por culpa sin duda de la desatada condición "progresista" de aquel lamentable régimen hubieron de soportar tantos creadores a los que es difícil (y triste) pensar que haya olvidado...
La realidad es que la ideología progresista, precisamente por serlo, ha tenido que pelear cada avance social con la interesada inercia del pensamiento conservador, que por algo se llama así.
En fin, lo "progre" puede ser criticado, como cualquier otro planteamiento humano; pero que lo sea precisamente por algo tan evidentemente imaginario, parecería demostrar falta de argumentos reales con que combatirlo. O, quizá, que EGM se deja llevar un poquitín en exceso por la proclividad a jalear a los "suyos" -con razón, sin razón o contra ella, en palabras de Unamuno.
No, amigo EGM: no es precisamente la progresía, salvo en tu propio deseo de desacreditarla, la que históricamente se ha distinguido por su proclividad a prohibir cosas: son los "tuyos", qué le vamos a hacer. Hay, ya dije, argumentos reales en contra del pensamiento "progresista"; querer apropiarse de los imaginarios parece, por lo menos, mala política.

Judit Esteban dijo...

Calamaro es de los grandes!! curiosamente, acaba de sacar disco ahora mismito. Es un genio!!

marinero dijo...

Una vez más, disintamos, noble deporte. Señala EGM con visible satisfacción que "progresía es prohibir", y LFU, "orgullosamente falangista" según nos dijo, le secunda.
No puede negarse pues la condición "progresista" del gobierno de Franco, que se hinchó a prohibiciones, como tantísima gente puede testificar. Para ceñirnos a temas que EGM conoce bien, el Blas de Otero al que se refería, con merecido elogio, hace bien pocos días, se vio en el caso, para poder publicar en España precisamente su "Que trata de España", de sacrificar "más de cien poemas" (testimonio de Sabina de la Cruz); pocos son los creadores, de cualquier especie, que no tengan historias semejantes en aquel tiempo (incluso, y ya lo conté aquí, el propio Franco vio censurado un artículo que había publicado con su seudónimo de "Jaime de Andrade": a tanto llegaba la intolerante estupidez de su propia censura).
Y eso para no acordarse de Jaime Gil de Biedma, y ya no sólo por su condición de poeta ("Moralidades" tuvo que aparecer en Méjico), sino también por la de homosexual, que le hacía reo posible de la tristemente célebre "Ley de Vagos y Maleantes".
Para qué hablar de las prohibiciones de cualquier tipo de "huelgas de obreros" o, en fin, de la gran mayoría de los derechos que hoy disfruta un trabajador... o un votante, o un simple ciudadano.
Más: que al propio Calamaro, argentino de nacimiento, haya que recordarle la condición (según eso) "progresista" de la dictadura argentina, parte importante en el hecho de que él mismo, como otros músicos de su generación, se viniese a España, y las persecuciones y prohibiciones que, por culpa sin duda de la desatada condición "progresista" de aquel lamentable régimen hubieron de soportar tantos creadores a los que es difícil (y triste) pensar que haya olvidado...
La realidad es que la ideología progresista, precisamente por serlo, ha tenido que pelear cada avance social con la interesada inercia del pensamiento conservador, que por algo se llama así.
En fin, lo "progre" puede ser criticado, como cualquier otro planteamiento humano; pero que lo sea precisamente por algo tan evidentemente imaginario, parecería demostrar falta de argumentos reales con que combatirlo. O, quizá, que EGM se deja llevar un poquitín en exceso por la proclividad a jalear a los "suyos" -con razón, sin razón o contra ella, en palabras de Unamuno.
No, amigo EGM: no es precisamente la progresía, salvo en tu propio deseo de desacreditarla, la que históricamente se ha distinguido por su inclinación a prohibir cosas: son los "tuyos", qué le vamos a hacer. Hay, ya dije, argumentos reales en contra del pensamiento "progresista"; querer apropiarse de los imaginarios parece, por lo menos, mala (o dudosa) política.

marinero dijo...

La tri-repetición debe tener que ver con intentos varios de enviar el mensaje, a los que mi cacharro contestaba que el asunto del "Blogger" (creo que se llama así) no estaba por la labor. Lo que incluso me dio pie para alguna leve modificación del texto. Pido perdón por ella (por la insistencia, digo), del todo involuntaria, y por alguna parte de mi escrito que, releída ahora, acaso parezca un poquitín arbitraria... Con todo, me reafirmo en el fondo de lo que decía -aunque sólo pretendiera decirlo una vez, eso sí.

LFU dijo...

Sólo una puntualización a Marinero. La ley denominada “Ley de prevención y de medidas de seguridad contra vagos y maleantes”, vulgarmente conocida como "ley de vagos y maleantes o “la gandula”, fue aprobada en el año 1933, en plena Segunda República, consensuada por todos los grupos políticos de la época —y entre ellos, el PSOE de la época, con Largo Caballero, Negrín y otros más. Franco, al llegar al poder, si bien derogó la constitución de la República, sí mantuvo en vigor el resto de las leyes singulares que durante la república fueron aprobadas, entre ellas ésta en concreto, y simplemente, se limitó a aplicar una ley aprobada por el Parlamento republicano.

Es conveniente saber esto, pues antes de Franco también hubo historia, con buenos y malos, como dice Peces Barba -para quien los buenos son siempre los suyos-.

Respecto de la censura, coincido contigo Marinero en que fue una de las rémoras del régimen franquista y que éste puso en manos de la jerarquía eclesiástica que no fue precisamente muy elástica en su aplicación.

Sin duda se cometieron muchas injusticias en nombre de la censura aunque haya que agradecerle que muchos agudizaran el ingenio para sortearla, de lo que existen ejemplos memorables y bien simpáticos.

Por ultimo, aunque no recuerdo haber empleado la expresión "orgullosamente falangista", quizás debo matizar que más que militante, mi falangismo es romántico y casi metafísico. Hace mucho que me desengañé de la política aunque no pueda sustraerme a la realidad. Por ese motivo mi compromiso es, ante todo,con España y con Dios.

Un saludo cordial

E. G-Máiquez dijo...

Lo más interesante de la entrada es esta última distinción que hace LFU entre sus adscripciones románticas y sus compromisos reales.

Sobre el progresismo de Franco, recuerdo una anécdota familar: el conde de Altea, ante tanta protección a los obreros y tanta seguridad social, gritaba indignado, tratando de convencer a mi abuelo: "¡Franco es un rojo, Franco es un rojo!" No creo que Marinero sea tan snob como un servidor, pero quizá le haga gracia coincidir con un título.

Sobre mi artículo, yo le agradezco a LFU su apoyo, pero creo que Prada, barroquismos verbales aparte, me "gana". Yo me distraigo mucho rajando de Rajoy, y él va más al grano.

marinero dijo...

Estoy seguro de no inventarme lo de "orgullosamente falangista", aunque ya dudo si LFU se calificaba así él mismo o lo decía de sus orígenes familiares. En cualquier caso, me alegra que su falangismo sea meramente "romántico y casi metafísico"; me alegra y me alivia.
No creo en absoluto que EGM sea "snob"; sí, en cambio, un conservador razonable y dialogante, condición que una vez más vuelvo a agradecerle.
Y digo una y otra cosa, lo del alivio y lo de la gratitud, porque creo en la democracia, entendida como un régimen político donde, precisamente, hay sitio y libertad para el que disienta, para el que, pacífica y razonablemente, no piense como yo.
Y no temo, hoy por hoy, amenaza alguna contra dicho espacio de libertad que pueda venir de la izquierda. Me gustaría estar igualmente convencido por lo que respecta a la derecha.
Pero no puedo estarlo cuando veo jaleado en ciertos -y no pequeños- sectores a alguien como Federico Jiménez Losantos, a quien yo mismo escuché decir, con ocasión de la muerte de Pinochet, que su atroz golpe de Estado le parecía cosa justificada y elogiable, aunque luego pudiera haber habido "algún exceso" (como la humorista Eva Hache le replicó esa misma noche, un exceso se llama, por ejemplo, cuando uno se pasa comiendo en Navidad; lo de Pinochet es otra cosa).
Es obvio que alguien con tales lamentables seudoideas, y esos mismos que le jalean tan catedralicias burradas, bien podrían sentirse alguna vez tentados, si el resultado de unas elecciones no les complaciera, a recurrir a iguales "soluciones" de fuerza.
Situación en que todos perderíamos, salvo las bestias de siempre, y en primer lugar las personas dialogantes, de uno y otro lado: no hay sitio para ellas cuando se impone la fuerza bruta, que, como Unamuno o Machado ya señalaron, no razona (cosa del todo ajena a su naturaleza).

LFU dijo...

Marinero,FJL -que no es precisamente santo de mi devoción- tiene el peligro de los conversos y éste se ha criado en lo más rancio de la izquierda estalinista.

LFU dijo...

Ah, se me olvidaba. Entiendo tu aversión a FJL y secuaces, pero no tu animadversión a los falangistas. José Antonio Primo de Rivera, a quien tus correligionarios asesinaron a la temprana edad de 33 años, fue un prodigio de la elegancia, de la caballerosidad y del coraje. Tal vez por ello fue atacado por la derecha igual que por la izquierda. Su ilusión postrera "ojalá fuera la mía la última sangre vertida en discordias civiles...." y sun pensamiento plasmado en uno de los testamentos más sublimes que nunca se han escrito ante la zozobra de una muerte inminente, es un prodigio de poesía y de honestidad.

marinero dijo...

No reprocho a FJL ni su izquierdismo juvenil ni su derechismo actual (ambos me parecen legítimos), sino su aberrante intolerancia, que encuentro tan mal en un lado como en el otro del espectro político. Por lo que yo sé, de joven se decía maoísta. En cualquier caso, como señalaba Cernuda citando a Heráclito, "carácter es destino"; quiero decir que, maoísta o estalinista, era intolerante entonces y lo sigue siendo ahora; es más fácil cambiar de convicciones políticas que de carácter.
Respecto a lo que dices del falangismo, habría que excluir en primer lugar a la inmensísima mayoría de los que, habiéndose dicho falangistas, nada tienen que ver con esas ideas ciertamente admirables que recuerdas. Y habría que excluir también, o matizar ad infinitum, ciertas actitudes peligrosas del propio fundador, como aquello de "la dialéctica de los puños y las pistolas", que en nada, me parece, ayudaban a su buen propósito.
En cualquier caso, haga cada uno objeto de su admiración a quien le parezca; mientras esa idea básica del respeto a quien no piensa como nosotros y la voluntad de convivir con él por encima -o por debajo- de esa intolerancia ideológica que nos lleva a verlo no como ser humano, sino como enemigo y obstáculo, esté presente, lo demás es lo de menos (permítaseme el juego de palabras, tomado de un amigo).
Y es que yo, al contrario de los versos de Miguel d'Ors que EGM nos citaba recientemente y en que se ve, supongo que en nuestra guerra incivil, disparando "con toda intención", prefiero imaginarme entre los que salvaron de una muerte más que probable al director de cine Sáenz de Heredia (el de "Raza" y otras propagandas, pero también el de algo tan simpático como "Historias de la radio"), siendo contrarios ideológicos suyos (Buñuel estaba entre ellos).
Españoles somos todos; y en la España que yo imagino y quiero, hay sitio para todos..., excepto, precisamente, para los que quieren imponer por la violencia sus muy parciales y sectarias ideas, sean de aquí o de allá.
D'Ors, en sus (para mí) poco afortunados versos, parecería sentirse orgulloso, precisamente, de imponer a tiros sus ideas. Yo sólo me habría sentido orgulloso, en la triste situación que él imagina, de haber contribuido a salvarle, desde mis muy contrarias convicciones, de quienes pretendieran asesinarle a él en nombre de ellas, o de lo que fuera.
La frase de Churchill (si es suya, la he visto atribuida a otros) de que "no comparto en absoluto sus ideas, pero daría la vida para que pudiera seguir defendiéndolas", me parece mucho más afortunada, e infinitamente más valiosa como ideal, que el que en esos versos parece proponernos Miguel d'Ors.

Anónimo dijo...

Calamaro estaba más lúcido cuando se drogaba (más). Este gesto que el bloguero lo eleva casi a símbolo histórico, es un brindis al sol. Pura estética. Antes el cantante elegía una estética, ahora otra. Como la marea, que te lleva... Qué pena...

E. G-Máiquez dijo...

Hay que prohibir la desintoxicación.

Kris Kelvin dijo...

No me gusta discutir en los blogs y menos si vengo de visita, pero quisiera hacer una apreciación a un comentario anterior.
Dice marinero que D'Ors, en sus(para él) poco afortunados versos, parecería sentirse orgulloso, precisamente, de imponer a tiros sus ideas. Imagino yo, sin embargo, que, en lugar de imponiendo, Don Miguel se imagine defendiendo sus ideas. Cabe esa posibilidad, creo.

Un afectuoso saludo a todos. En mi opinión, uno de los atractivos de este blog, aparte de los escritos del autor, son sin duda sus comentaristas.

E. G-Máiquez dijo...

Qué oportuno matiz, sagaz Kelvin.

marinero dijo...

Sagaz, en efecto, la justificación que "Kris Kelvin" se inventa para los versos de Miguel d'Ors. Lástima que ni en los versos mismos que EGM reproduce, ni en ningunos otros del poema, se hable, en efecto, de defender nada. Por lo demás, esa manera de considerar las cosas es ciertamente peligrosa; es un hecho que, por ejemplo, quienes en Chile justifican el golpe de Estado de Pinochet (o quienes en Alemania justifican a Hitler, o en Rusia a Stalin, que haberlos haylos), también lo hacen en base a la supuesta necesidad de "defender" principios, personas y cosas que ellos imaginan amenazados. Para quien está dispuesto a liarse a tiros, los malos siempre son los otros, ésos precisamente a los que está dispuesto a tirotear. Lo grave es que la convivencia con tan susceptibles personas parece cosa tristemente utópica.