sábado, 12 de junio de 2010

Vanitas vanitatis

Una de las cosas más extrañas que más a menudo tengo que oír es que se escribe por vanidad. Más asombroso aún cuando me lo dice alguien que también escribe. Pero ¿qué idea tiene éste de la vanidad y cuál de la escritura? Escribir es exponerse, y, de hacerlo por vanidad, sólo podría explicarse como un caso patológico de masoquismo: por afición a la vanidad herida. La vanidad herida, esa escuela de humildad, precisamente. La humildad, como la letra, con sangre entra.
El lector es un gran depredador. Escoge sin piedad lo que le gusta y rechaza y desprecia lo que no. Tiene poco tiempo, mucho que leer y la buena literatura es escasísima, así que lo habitual es que lo tuyo no le guste o que —más expeditivamente— no lo lea. El escritor ha de agachar la cabeza, y aceptarlo. Y susurrarse las palabras de Cervantes y de Rosales, que sabían bien lo que se traían entre manos: “Paciencia y barajar, que éste es tu oficio”.

Curiosamente, la gente ve aún más vanidoso (vanidad 2.0, diríamos) escribir en un blog. En realidad, es todavía más humillante. Al módico precio de 0 euros, al leve esfuerzo de un click, ofrezco lo mío a la aldea global. Pero de los miles de millones de potenciales lectores, más de cuatrocientos millones si contamos nada más que a los hispanohablantes, las visitas casi nunca superan el puñado. De ésas, la mayoría pasa sin decir de mu. De los siete u ocho que comentan algo, uno no te ha entendido, dos discrepan, otro te corrige una errata, alguno habla de lo suyo, y a veces alguien te agradece el trabajo. Eso, por lo visto, es peligrosísimo para la salud del alma.
Si lo fuera, que no cunda el pánico. Lo contrarrestan los amigos de carne y hueso. Cómo velan ellos por tu sencillez de espíritu. Insisten, por ejemplo, en tomar café o en salir a cenar o en que les escribas, pero no tuvieron ni un segundo para ver qué decías en tu blog. Les interesa que les escuches, no oírte.

Por si fuera poco, vienen de coche escoba, ya digo, los que insisten, alzando el dedo índice como un profeta, en que escribes por vanidad, por vanidad de vanidad y todo vanidad. Cuando me entretengo en dar explicaciones, ponen cara de sagacidad: “Entonces, ¿por qué escribes, en, en?” Además del dinero, si lo hubiera, replico medio cínico, escribo, añado medio cándido, por placer, por gusto, por vicio, por el arte por el arte. El amor (por la literatura) es así. Me merece la pena.

16 comentarios:

marinero dijo...

Exagera un poco EGM, a mi parecer. Es cierto que también se escribe por vanidad; es algo parecido al "cuarto de hora" de Warhol, la tentación -sobre todo para quienes no tienen otra ocasión de "distinguirse"- de verte, y que te vean, en TV, o en letra impresa.
No escriben sólo quienes tienen vocación para ello, esto es, quienes están dispuestos a soportar cualquier revés y seguir sin embargo escribiendo, porque la necesidad o el deseo que sienten de hacerlo es mayor que ningún contratiempo, y en cierto modo los justifica y los salva. Hay muchos otros motivos, más simples -o más vanidosos, o más triviales.
Y por lo demás, y termino, es normal que los amigos prefieran muchas veces no leernos. En este oficio, uno acaba conociendo, y hasta haciendo -por qué no- amistad o algo parecido, con mucha gente que escribe. No habría tiempo de leerlos a todos, ni de que todos nos lean. Aceptémoslo: es normal.

Joaquín dijo...

Es falso que se escriba por vanidad. Escribimos (como es mi modesto caso) porque necesitamos expresarnos.

Otra cosa es que el escritor con lectores corra el riesgo de envanecerse, de creérselo. Está contrastado que la vanidad es un pecadillo (y la envidia) prevalente entre la gente de letras, e incluso es un topos literario desde las letras grecolatinas.

Pero eso no nos debe impedir dedicarnos con honestidad a escribir, cada uno según sus talentos.

Cordiales saludos, Enrique.

José María JURADO dijo...

Has dicho la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, veritas veritatis.

Yo te saludo, hermano letraherido, cuántas explicaciones me va a ahorrar este artículo que a partir de ahora imprimo por miles (decenas...) en pasquines.

Fetén.

Anónimo dijo...

Pues me alegro de que le merezca la pena. Así podremos seguir disfrutándole los que pasamos por aquí sin comentar, sin agradecer...Suerte que tenemos.

A Día De Hoy dijo...

Creo que uno escribe por muy diversas razones, si hubiera algún pecado común a todo escritor y a todo género literario, sin convicción alguna, diría que es la soberbia. El Doctor Angélico no escribió, ni leyó, una sola palabra durante sus últimos meses. Al parecer lo que entonces vió, según sus palabras, redujo su obra a polvo y paja. Toda obra es sólo eso. Saberlo es condición para la escritura y a esto, y digo que sin paradoja, lo llamo soberbia.

maile dijo...

Mi señor... ¿ y como llamar al que escribe porque si, porque le gusta, sin sopesar si agradara o no? ¿Al que no mira antes los comentarios, sino el contador de visitas? ¿Como llamar a quien se alegra de ver tanto opiniones agradables como criticas? ¿Como llamar a aquel que adora jugar con las palabras y no se conforma con hacerlo en una libreta para si mismo?
Yo leo. Leo cosas buenas y cosas no tan buenas... vamos, cosas que me gustan y cosas que no, que no soy quien para calificar. Y escribo... siempre lo he hecho porque me gusta, ahora porque ademas me gusta que me lean, y porque me gusta que me digan que les ha gustado, porque no escribo para leerme, sino para que me lean, porque el simple hecho de ser leido duplica la satisfaccion de escribir, que no es poco.
¿Eso no es vanidad? Siempre crei que si y hace mucho que lo acepte.
Tengo amigos, de carne y hueso, y creo que ninguno sabe que tengo un blog, algunos saben que escribo, pocos ha leido algo mio, o no sabian que era mio, pero sus comentarios me engrandecian.
¿Como se llama eso sino vanidad? Llameme usted señor Enrique.

Buena reflexion que me ayudo en las mias.

P.D. Perdone la ausencia de acentos. Tengo problemas con este trasto.

Olga B. dijo...

Qué hartica estoy de chorradas, nunca había participado aquí (igual también es vanidad) pero hoy no puedo resistirlo.

Cómo si para ser vanidoso hiciese falta escribir. Yo conozco unos cuantos que hablan con faltas de ortografía.

Y todas esas suspicacias, que si los blogs, que si los comentarios, que si los halagos, que si publicar...

El que ni sabe ni quiere escribir considera que el que lo hace es un vanidoso (pero si le gusta pintar o hacer el pino puente, no pierde ocasión de demostrarlo); el que tiene un blog y no recibe comentarios considera que el que los tiene y los acepta es también un vanidoso (pero si le llegan, resulta que él se los merece y, si no llegan nunca, con cerrar la opción porque no quiere que le "mientan" halagándole, sobra, así no es evidente que nadie ha caído en semejante tentación); el que no publica considera que se busca la publicación por vanidad (pero, si puede hacerlo, lo hace sin mayores problemas morales, que una cosa es predicar y otra dar trigo); el que no tiene un blog con nombre y apellidos donde poder sufrir las consecuencias de las sandeces que dice pero, eso sí, usa el de los demás sin reparos se atreve a ponerse estupendo juzgando (y pensando que conoce) los motivos que tienen los demás para abrir uno.

Pues yo escribo porque es mi pasión y tengo un blog porque me gusta, sin más explicaciones, y entiendo que los demás lo hacen por lo mismo (además es que me da igual por qué lo hagan, lo único que me importa es si me gusta lo que leo o no), me lo paso en grande con mis comentaristas, si alguna vez he tenido uno de esos "auténticos" profesionales que no saben ni de qué hablan pero se permiten el lujo de criticar una cosa de la que pueden pasar sin problemas, no les doy ni entrada, sobre todo si el texto no propiciaba la polémica ni se metía con nadie; estoy encantada de que eso me haya llevado a publicar y publicar a vender (un poquito, lo suficiente como para que yo me alegre, soy así de simplona y vanidosa) porque tal cosa significa tener lectores y reconocer que eso me hace feliz me parece hasta una cuestión de humildad. Pero de lo que me ocupo es de mis textos, desde que empecé a escribir a los ocho años, me ocupo hasta la obsesión y tal vez eso no me deja tiempo –ni ganas- para juzgar intenciones ajenas.

Yo leo de vez en cuando este blog y escribes muy bien. Casi nunca estoy de acuerdo con nada de lo que dices, pero escribes muy bien. Gracias por hacerlo.

Y perdón por el desahogo en casa ajena, últimamente se habla demasiado de estos temas y ya me empiezan a tocar un poco las narices. Me ha dado el arrebato.
Saludos.

Mora Fandos dijo...

Bastante de acuerdo, Enrique. Me acuerdo de esa frase que en Tierras de penumbra, aquel alumno le dice a C. S. Lewis: Leemos para saber que no estamos solos. Mutatis mutandis, escribimos para lo mismo. Al final, necesitamos expresarnos y comunicarnos, aspirar a un tú. Sin tú no hay yo.

Juan Ignacio dijo...

"...por placer, por gusto, por vicio, por el arte por el arte".

Tiene los síntomas de una vocación.

Juan Ignacio dijo...

La vanidad puede aparecer de alguna u otra forma, como dice el comentarista Marinero. Pero el que escribe por vocación la supera. Si no siempre supera la vanidad, supera la preocupación por si está siendo más o menos vanidoso. "Ya está de vuelta", como dicen por acá. Un poco como lo que dice la comentarista Maile.

E. G-Máiquez dijo...

Casi nunca estás de acuerdo con nada de lo que digo, Olga B. ¡No me digas esas cosas, que me envanezco!

Y muchas gracias a todos, especialmente a... bueno, a todos todos, para no herir la vanidad de nadie. Abrazos de su humilde servidor (de internet)

Olga B. dijo...

Pero esta vez lo estaba y lo he demostrado extensamente.
Será un golpe para tu vanidad;-)

Saludos.

JuanMa dijo...

Mora Fandos: ¡Amén!

Javier Vicens y Hualde dijo...

Exceptuando a Santo Tomás y a mí, lo cierto es que la gente escribe por vanidad. No hay más que leer los comentarios -excepto este-.
Y ¿qué decir de los lectores? ¿Por qué leen ustedes si no son Santo Tomás ni yo?

Gómez de Lesaca dijo...

Recuerde aquello de Unamuno cuando se refería a Azaña: ¡cuidado con él! ¡es un escritor sin lectores!. (Cito de memoria). A Azaña, que tantas cualidades tenía, le perdía la soberbia.

Por otra parte su opinión sobre los comentaristas de su blog me deja en cierta situación de incertifumbre, quizás por mi condición de bisoño en estas cosas.

Desde ahora teme uno ser incluido entre los comentaristas que no entienden nada, los impertinentes o los que van a lo suyo. O los inclasificables pelmazos.

A lo mejor lo mejor es callarse.

En fin.


Un saludo de su relativamente inseguro pero no desleal lector.

E. G-Máiquez dijo...

No, si yo le estoy muy agradecido a todos mis comentaristas. Ahora bien, no me parece que vuestras intervenciones sean como para que yo me envanezca. Eso era todo lo que quería decir, querido GdL.