lunes, 25 de octubre de 2010

Sobre la humildad

El peligro de mi artículo de ayer es que pareciese vanidoso, cuando de sobra es conocida mi extraordinaria humildad. Cualquiera podría replicarme: "Tú ameno... ¿de qué?"; y tendría que callarme. Pero el artículo, sea verdadero o falso, es humildísimo. Si no se nota, es porque (mea culpa) di por sobreentendido que uno naturalmente aspira a ser profundo, deslumbrante, estremecedor, convincente, artista... no entretenido.

Sobre la humildad, lo mejor es lo de Santa Teresa ("que es andar en verdad"), pero la glosa que hizo C.S. Lewis en Las cartas del diablo a su sobrino no le va a la zaga (aunque la siga). Dice allí el diablo que uno de sus grandes éxitos ha sido convencer a los hombres de que la humildad es, entre otros ejemplos similares, una chica muy guapa empeñada en creerse fea. El imposible crea amargura, decepción y, sobre todo, hipocresía. La verdadera humildad sería saberse guapa, pero no darle más importancia que la que tiene (que no es poca) y dar gracias por ello a Quien corresponda.

Hace unos días, a cuenta de otra batalla, se lo contaba a mis alumnos. Y me hizo mucha gracia detectar en cierta alumna, indiscutiblemente guapa, una dulcísima sonrisa de alivio.

16 comentarios:

Suso Ares Fondevila dijo...

¡Extraordinario, Enrique, muy a............!

Anónimo dijo...

La amenidad, necesaria para comunicar lo profundo.
Jilguero.

José Miguel Ridao dijo...

Yo sí veo vanidad en el artículo. Me explico: creo haber entendido que buscas que los demás perciban tu humildad por encima de tu amenidad; es decir, persigues el reconocimiento en los demás, no en tu interior. Eso es vanidad, muy legítima y compartida por casi todos los mortales, a los que no les basta con el reconocimiento interior.

Un abrazo, y espero que no tomes a mal el comentario, bastante vanidoso por otra parte.

E. G-Máiquez dijo...

¿Cómo me lo voy a tomar a mal, querido Ridao, si nada me, ejem, enorgullece más de que me leáis, y encima también entrelíneas y lo comentéis?

Si esa vanidad se ve en el artículo, respiro tranquilo. Más miedo me daba que pareciese satisfecho con la amenidad.

carmen dijo...

Tu artículo se entendía perfectamente.

Respecto de la humildad me gusta mucho la frase de la Madre Teresa de calcuta: "No seas tan humilde, no eres tan grande" refiriéndose imagino a la falsa humildad.

Verónica dijo...

Leyéndote, pienso en lo difícil que es ser humilde de verdad, de verdad, y que no sea una impostura. Lo del diablo de Lewis es muy sagaz. De todo ello, saco dos conclusiones: una, que nuestra soberbia, como dijo alguien brillante, morirá dos días después que nosotros mismos, o sea, que es algo que hay que asumir (quizá para no creernos nunca demasiado humildes); y dos, que es mejor no darle muchas vueltas al tema, porque entonces podríamos dar al traste con la poca humildad que tuviéramos. En suma, lo del grano de trigo: olvidarse de uno y desaparecer.

Siento el speech, pero es que me han encantado el artículo y la entrada de hoy. Espero que no se te suba mucho :).

Miriam dijo...

¡Pero que guapísimos somos todos¡

Néstor dijo...

No está mal conocer las propias virtudes. Supongo que conocerse implica también mejorar lo que de bueno haya en nosotros. Además he de reconocer que, en efecto, eres ameno, divertido y profundo.

Mora Fandos dijo...

Muy bien, profesor. Cuántas cosas hay que aclarar... y apaciguar.

Embajador en el Infierno dijo...

Un día pedí a un sacerdote amigo que definiera la humildad en una frase corta y me dijo: "El Señor te dice: cuida tú de los míos que Yo cuidaré de ti". Dios me libre de enmendar la plana a Santa Teresa, pero uno, como es burro, todavía no ha sido capaz de entender su definición. De momento me quedo con la de mi cura que me abrió el entendimiento.

Ignacio dijo...

Es cierto que las guapas tienen un problema a la hora de abordar el tema de su propia belleza. Siendo como es una cosa evidente por sí misma, nada más natural sería que tratarla como un hecho, como la altura o el color de piel. Pero la misma que te dice tranquilamente lo mal que lo pasa en los aviones con esas piernas tan largas o el miedo que le da el sol siendo tan blanca, se paraliza a la hora de admitir las ventajas o inconvenientes de estar como un tren. Y no es para menos, qué equilibrio tan difícil debe ser, entre la mentira palmaria y ridícula y la antipática presunción.

A mí me gusta que lo digan a las claras, pero hay que tener mucha clase para salir airosa. Mi ejemplo favorito es de Charlotte Rampling en una peli de Woody Allen. Él le está regalando la oreja con alabanzas desmesuradas, y ella sonríe, asiente y dice: sí, la verdad es que soy de las guapas. Pero qué sonrisa, qué gesto y qué tono más complicados.

E. G-Máiquez dijo...

Mi admiración por la prosa de Ignacio está publicada, incluso aunque la gaste en libros de viajes. Cuando la rinde a los pies de la belleza femenina, y recuerdo precisamente un capítulo sublime en su libro sobre la India, es insuperable.

Con parte de ese encanto, adobado de ironía, he leído yo el comentario de Miriam.

Yo veo claro lo de Santa Teresa, querido Embajador. Y lo de su cura lo veo, en cambio, más como una definición de abandono que de humildad (si caben las distinciones). A no ser que usase el verbo "curar" en su sentido antiguo, y entonces sí. Échale cuenta los demás, que Dios ya se preocupa bastante por ti. Perfecto.

Abrazos agradecidos a todos.

marinero dijo...

"...sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáredes y fuere posible vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos. Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade ["no se aburra", anota Francisco Rico], el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla".
Estas palabras de Cervantes, maestro de maestros, en el prólogo del primer Quijote, dan para toda una vida de meditación; ellas, y la excelencia con que él mismo cumplió en su libro lo que proponen. Y también lo que no dicen: en nada se preocupan de la (presunta) necesidad de ser un genio, o un gran escritor, o "moderno", o antiguo, o de ser cualquier otra cosa UNO MISMO. Es el texto el que tiene que intentar ser todo eso. Uno no es más que la firma al pie: algo tan pequeño, que ocupa tan poco espacio, que no hay sitio allí para la vanidad (¿dónde iba uno a ponerla?).

E. G-Máiquez dijo...

Amén, marinero.

(¿Y quién me iba a decir a mí que diría esto, eh?)

Anónimo dijo...

Simplemente, me encanta.
Además esa frase, se me quedó grabada.
Espero que hayas descansado lo suficiente :)

Embajador en el Infierno dijo...

Es que el abandono es la mayor muestra de humildad.