miércoles, 21 de septiembre de 2011

Lo mejor y lo bueno


La distancia objetiva está (y cuánta) entre lo malo y lo bueno, pero lo que exige un esfuerzo ímprobo para el autor es el pequeño paso último entre lo bueno y lo mejor, al menos lo mejor que uno pueda. Esto, que para la lógica es raro, la experiencia lo ve. La peor tentación de cualquier profesional es contentarse con lo bueno, sin hacer ese último sprint tan costoso: la mayoría de la gente no sabrá apreciar esa sutil diferencia entre lo perfectamente acabado y lo más o menos. Pero hay que vencer la tentación del para qué: por el trabajo, por la gente –lo aprecie o no– y por uno mismo. Las sutilezas perfectas de la música de Mozart, por ejemplo, se me escapan volando, volando como pájaros inalcanzables, pero cómo le agradezco al maestro que me pusiese ante tanta belleza imposible. 

11 comentarios:

Marcela Duque dijo...

El refrán tendría que ser: "lo bueno [como tentación] es enemigo de lo mejor".

gatoflauta dijo...

Copio, de la VII Carta a Lucilio de Séneca: "Bellas también son las palabras de aquel, fuera quien fuese, ya que son de autor dudoso, el cual, preguntado por qué ponía tanta solicitud en unas obras que habían de llegar a poquísimos, dijo: «Me basta con esos pocos, me basta con uno, me basta con ninguno»".

Anónimo dijo...

No sería raro que esta entrada haya surgido como una reflexión tras el último artículo, verdaderamente antológico, publicado en Alba.
La cita de Gatoflauta me recuerda lo que decía nuestro gran poeta barroco: Quiero hacer algo, no para muchos.
Jilguero

Anónimo dijo...

Para mi dolor, confieso que algunas veces he cedido ante la "perfección razonable". Pero no, la perfección, como la belleza, no deben tener límites, sólo la incapacidad de ir más allá. ?Cuántos soles habrá en el universo brillando para nadie? BB

John Julius Reel dijo...

Me pregunto si este sprint es tan costoso para los genios como Mozart. Pero para la gran mayoría, sí es costosísimo. Los que son verdaderamente excepcionales en sus profesiones me inspiran por su valentía. No tienen miedo de enfrentarse a “la distancia objetiva. . . (y cuánta)” entre lo que quieren llegar a ser y lo que realmente son. Lo más probable es que no llegaran a ser lo quieren llegar a ser, y lo saben, pero lo intentan a tope de todas formas. Creo que es entonces cuando Dios les entra, permitiendo que sean agentes de su Gracia.

Nuzki dijo...

De acuerdo, siempre y cuando ese 'sprint final' no te quite de hacer otras cosas, aunque esas cosas sólo estén 'bien' hechas.

Anónimo dijo...

Yo a estas horas, todavía en el despacho, me conformo con lo meramente aceptable.

José Luis

gatoflauta dijo...

La literatura es un lujo, o debe serlo. Quiero decir que no se escribe un poema para comer de él, que nadie nos presiona ni nos apura a que lo terminemos. Siendo así, se trata no de llegar a la máxima perfección (ése es un camino que no tiene final), sino de llegar allí donde podamos decirnos honestamente: he hecho todo lo que podía. Lleve el tiempo que lleve. O, por lo menos, de intentarlo. Pero intentarlo de veras. En poesía cuenta la calidad, no la cantidad: un solo poema puede bastar. Pero tiene que ser inmejorable, o al menos parecerlo.

E. G-Máiquez dijo...

Amén, Gatoflauta.

Mora Fandos dijo...

No hay civilización sin una búsqueda de lo mejor (quizás por eso, la sociedad española está bastante descivilizada, deshumanizada y algo deshominizada).

Enrique García-Máiquez dijo...

Releo ahora todos los comentarios, y qué gran refrán de M. Duque y qué buenos comentarios, inmejorables. Muchas gracias a todos.